Cuando fui integrante del proyecto Asesores de la Experiencia del Centro de Innovación de Desarrollo Emprendedor (CIDE) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) un proyecto realmente innovador porque nunca antes se había reunido a un grupo de profesionales de distintas especialidades, con una vasta experiencia en la actividad pública y privada, para brindar soluciones a bajo costo a aquellas empresas que se encuentran en dificultades, muchas de ellas a punto de cerrar, tuve la oportunidad de asistir a varios seminarios nacionales e internacionales que sobre innovación organizó esa importante casa de estudios.
Como resultado de esas enseñanzas puedo asegurarles que solo existe un camino para las empresas grandes medianas y pequeñas: Innovar o Morir.
Esto no es una exageración. El progreso del país depende de la innovación, por la gran competencia en la que nustras empresas se desenvuelven tanto en el mercado interno como internacionales y ahora más que nunca están obligadas a medir sus capacidades a nivel global para aprovechar las grandes oportunidades que le brindan los Tratados de Libre Comercio (TLC) que recientemente se firmaron y ya están entrando en vigencia. Esto exige que nuestros gerentes sean no solamente buenos sino, sobre todo, innovadores.
Y, lamentablemente, en nuestro país hay un déficit de este tipo de profesionales porque la innovación es una rama de la educación a la que no se le ha dado ninguna importancia, ni siquiera en las universidades, salvo en algunas como en la PUCP, donde existe un centro de innovación.
Los peruanos nos jactamos de ser creativos, pero empíricos. Y la innovación es una especialidad que requiere algo más que ideas porque los operadores deben saber aplicar una serie de pasos para poder ponerlas en práctica. Y esas técnicas deben enseñarse desde la primaria. Y para que esto funcione correctamente y sea viable habrá necesidad de capacitar en innovación a los docentes de todos los niveles de la educación.
Por eso resultó muy importante que la CADE 2011, realizada por segunda vez en Cusco, haya tenido como tema la innovación, porque es una tarea fundamental para el desarrollo de nuestro país.
En este campo hay pues mucho por hacer. Permanentemente debe innovarse el aparato estatal, la empresa, la educación, la agricultura, la minería. No hay otro camino, para poder competir con el exterior tenemos que ser competitivos y a la ves innovadores. Ya pasó la etapa de la copia, la imitación, el remedo. Ahora debe prevalecer la originalidad. Y esa originalidad debe ir de la mano con la innovación.
No todo está inventado, como creen los conformistas. Al contrario, hay mucho por inventar. Es verdad que gran parte de las cosas ya estén hechas, pero existe la opción de innovarlas. Qué variantes podemos hacer sobre las cosas hechas. Qué otro servicio se puede ofrecer además del que ya ofrecemos. Qué hacer para cambiar las aburridas colas en las oficinas públicas y cómo evitarnos de tantos engorros. Qué otras variedades de productos podemos crear en nuestras fábricas. Son pues algunas de las tareas para los innovadores.
Pienso que hay que sacar algún provecho de esta CADE, deslucida por los conflictos sociales en Cajamarca, Ica y Andahuaylas y la ausencia del presidente Ollanta Humala en la inauguración, así como de Lula y otras figuras internacionales. Lamentablemente, hay que reconocerlo, esta CADE dejó mucho que desear, terminó sin pena y sin gloria, sin embargo de lo atractivo del tema.
Ahora, lo que se espera es que lo poco que se dijo en la cita se ponga en práctica y sus conclusiones sirvan para tomar conciencia en torno a esta sentencia: Innovar o morir”.