Viraje de Humala les cayó como anillo al dedo a los Vargas Llosa

No hay nada que hacer, los Vargas Llosa que en la campaña electoral apostaron por un Humala más tirado al centro izquierda, hecho que les costó una andanada de insultos, improperios y vejámenes de la ultraderecha, al extremo que Mario se vio obligado a romper palitos con el diario El Comercio, donde publicaba sus comentarios dominicales ahora, al parecer, han vuelto al redil.

No dejó de sorprender en la opinión pública que ambos, de manera coincidente, por no decir concertada, hayan salido a defender a capa y espada al gobierno, justo cuando “las papas quemaban” (versión a lo Hildebrandt y no a lo Marco Aurelio Denegri, aunque este último tenga razón en su pleito conceptual) como consecuencia de la crisis ministerial.

Ambos, Mario y Alvaro, en resumen, justificaron la poda de los izquierdistas y aplaudieron los cambios ministeriales, en aras de la “coherencia”. Con semejante apoyo Humala recién pudo respirar tranquilo y la ultraderecha no perdió la oportunidad para batir palmas y destacar la noticia en las primeras planas de los diarios que manejan.Entretanto, el gobierno de concertación se hacía añicos.

El más afectado en este lío de comadres fue Alejandro Toledo. Esta vez sí que le dieron con palo. No le perdonaron el hecho de quitarle el apoyo al gobierno pero “no a la gobernabilidad” (¿). Alvaro Vargas Llosa que, según parece, tiene acceso a las noticias de primera mano que salen de palacio, declaró a la prensa que Toledo había pedido cupos tanto en el gabinete como en los puestos claves de la administración pública. Esto irritó más al cholo sagrado.

El asunto es que este viraje de Humala traerá mucha cola. No sería nada raro que Mario vuelva a escribir para El Comercio, tampoco que sus recomendados aumenten la lista de la burocracia estatal. Pienso que a partir de hoy se acentuará la dureza contra las protestas sociales y las decisiones gubernamentales serán consultadas con los altos mandos castrenses y, para no hacer la cosa muy notoria, también se hará con los representantes más visibles del poder económico, llámese Confiep, Sociedad Nacional de Minería, Asociación de Diarios y otras entidades que son, en definitiva, los que mandan en el país.

Está claro que, a partir de este cambio ministerial y de los altos mandos castrenses, las órdenes serán no dar mucha cabida al piteo de las organizaciones sociales, tampoco a las declaraciones de los dirigentes de izquierda. A ellos hay que ignorarlos. Igualmente, se acentuará la labor de inteligencia, se entrevistará con mayor frecuencia a todos aquellos que estén de acuerdo con los nuevos vientos gubernamentales. No se tocará, ni con el pétalo de una rosa, al Presidente del Consejo de Ministros por ser “hombre de confianza” del empresariado y el punta de lanza de un militarismo que posiblemente se nos venga.

Este reacomodo de fuerzas permitirá que el fujimorismo se haga de la vista gorda y “apoye todo lo bueno del gobierno” (y también lo malo, que es lo que no quieren decir) hasta lograr el indulto de Alberto Fujimori. Esa es la estrategia. Y la respuesta no se dejará esperar porque, si no se produce esta bien estudiada alianza, la oposición se comerá al oficialismo con zapatos y todo. Ahora que Gana Perú ha perdido el apoyo de Perú Posible, con Toledo a la cabeza, no tiene otro partido que lo libre de sus metidas de pata. Por eso su aliado natural, vía el militarismo, es Fuerza 2011. El entendimiento es tácito y la necesidad de unirse, imperativo.

Así están las cosas y, como decía Montolivo, que Dios nos agarre confesados.

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