El poder de los Medios de Comunicación.

En la víspera de la Navidad de 1906, un viento helado proveniente del ártico azotaba el rostro de los tripulantes de los barcos que navegaban frente a las costas de los Estados Unidos. Los marineros que se alejaban del puerto tenían la mirada perdida en la inmensidad del océano y se les hacía un nudo en la garganta por la nostalgia de alejarse de los suyos en una fecha tan significativa. Y aquellos que se hallaban a bordo de los gigantescos pesqueros que se acercaban al puerto, se frotaban las manos, no tanto por el frío que llegaba a los 10 y 15 grados bajo cero, sino por la alegría de llegar a casa justo para la nochebuena.

Los únicos que parecían no darse cuenta de lo que ocurría en cubierta eran los operadores de radio porque estaban distraídos rastreando los mensajes que también navegaban, no precisamente por el agua sino por el éter, enviados por los operadores de otras naves que viajaban por algún lugar del océano.

De pronto, empezó a escucharse una señal continua de voces, muy diferente a los conocidos traqueteos cortos y largos del alfabeto Morse. ¡No lo podían creer! Eran las ondas del primer programa de radio de la historia.

Es fácil imaginar la gran sorpresa de estos operadores porque, desde aquel 24 de agosto de 1844 en que por primera vez la humanidad había escuchado aquel histórico mensaje de puntos y rayas que decía “Qué nos ha traído Dios”, transmitido a través del invento de Morse desde el capitolio de Washington a Baltimore, el mundo no había escuchado nada nuevo en el campo de las comunicaciones.

Algunos de los primeros cien receptores de amplitud modulada que se habían fabricado, se hallaban en tierra y, los otros, en los barcos de propiedad de la United Fruit Company que navegaban en ese momento por el Atlántico.

Se preguntarán ¿Y quien tuvo el privilegio de emitir este primer programa radial? Fue nada menos que Reginald Fessenden, desde el Brant Rock Station de Pittsburg, al sur de Boston.

La audición fue breve pero de gran trascendencia. Comprendía un pequeño discurso, la declamación de un poema, la lectura de un pasaje de la Biblia y una canción navideña ejecutada en violín.

Tratándose de una fecha de tanta significación espiritual, ¿Qué habrán pensado estos primeros radioescuchas?. Imagino que al oír el villancico “Noche de Paz” muchos habrán hecho retroceder su imaginación en el tiempo para ubicarse en el Día 1 del Año 1 de nuestra Era y empezaron a dibujar en sus mentes el pesebre de Belén donde un ángel ejecutaba en violín las notas de aquella música celestial.

Porque ese es el don de la radio, incentivar nuestra mente para transportarnos a un maravilloso mundo de fantasías. De hacernos disfrutar de dulces sueños y, claro, algunas veces de pesadillas. Felizmente que son más los momentos gratos que nos hace pasar que los tragos amargos que nos brinda. Por algo será que la UNESCO ha señalado el 13 de febrero como el Día Mundial de la Radio.

Su contribución a la humanidad siempre es invalorable, sobre todo cuando es conducida por profesionales responsables y capacitados. Porque, si por desgracia cae en manos de conductores que no reúnen estos atributos, se puede convertir en una onda letal, más destructiva que la bomba atómica o el calentamiento global, porque los comunicadores tienen la capacidad de transformar la palabra en una peligrosa arma sicológica, al punto de influir en el cerebro del hombre, haciéndole ver las cosas buenas como malas, o viceversa.

La influencia de la radio y, en general de todos los medios de comunicación, es tan grande que tiene el poder de manipular la conducta humana hasta esclavizarla. Por eso, cuanto más alejada esté de los intereses económicos, políticos y religiosos, servirá mejor a las nobles causas de la humanidad.

Como seres civilizados, tenemos la obligación de cuidar su manejo. Pero, no solo de la radio sino de todos los medios de comunicación porque el derecho a la información es un derecho de toda la sociedad, tan importante como el derecho a la salud, la educación y al trabajo.

La radio, no es solo una caja parlante, tiene vida y, es a la vez, parte de nuestra vida, por más que, a veces, ni siquiera le prestemos mucha atención pero, ahí está ella, acariciando nuestros oídos como el rumor de un río que se desplaza tranquilo, poniendo paz en la ribera, contándonos las noticias, brindándonos un consejo. Y, cuando no está, nos sentimos como aquellos ermitaños que dan vueltas en un mismo círculo de confusiones, aburrimiento y malhumor.

Esto debe obligarnos a los comunicadores a difundir contenidos con un gran valor cultural y no de regresión moral. Y como líderes de opinión debemos saber que el manejo de los medios exige de una gran preparación, igual que el piloto de un avión de pasajeros requiere de un cuidadoso entrenamiento para llevar a su destino la nave que está a su mando.

En el caso de la radio, los locutores tenemos la obligación de cuidar nuestro lenguaje, tono de voz, intencionalidad, los puntos y las comas en las lecturas, para no distorsionar los mensajes. Es importante también el grado de alfabetización oral, es decir la capacidad para comunicar. Las nuevas técnicas recomiendan incluso tomar en cuenta el contexto y el momento en que se deben lanzar los mensajes.

Algunos de mis colegas dirán, en su defensa, que no hay palabra mal dicha sino mal interpretada. Como respuesta, les recuerdo que esa interpretación dependerá mucho de la forma cómo nos expresemos.

Para usar el micrófono se requiere de habilidad, pero también de capacidad. La voz debe tener matices, altura, agilidad y gravedad y, sobre todo autoridad, teniendo en cuenta que cada sonido que se emite activa una reacción del oyente, unas veces puede ser una sonrisa, una mueca y otras hasta una dura interjección, porque el hombre no es un ente estático, está descifrando permanentemente todo lo que dice el locutor. Por eso, quien decida trabajar en este importante medio, además de poseer una cavidad bucal adecuadamente sonora, cuerdas vocales fuertes, pulmones y diafragma sanos y debidamente entrenados para jugar con el ritmo respiratorio, nunca debe dejar de capacitarse.

El locutor debe conocer, asimismo, todos los procesos que se siguen para poner en marcha una empresa radial. Debe saber cómo se preparan los libretos, cómo se edita un comercial o un programa, debe aprender a manejar hasta la consola, dirigir programas, hacer entrevistas tanto en la cabina como en el campo, grabar cuñas, narrar noticias, trasnmitir eventos deportivos, actuar como moderador etc, para comprender mejor el trabajo de todos sus compañeros y realizar mejor su labor.

La personalidad del comunicador debe ser abierta y ecuánime. Y quien use este medio electrónico, debe tener el valor de dejar sus problemas personales fuera de la cabina y demostrar que tiene interés por hablar pero también disposición para dejar que hablen los demás. Tampoco está bien que se parcialice con una causa política o religiosa, eso es tan negativo como burlarse del sujeto a quien se entrevista. Debe tener un estilo propio y no ser esclavo de la imitación. Su trabajo debe mantenerse dentro del respeto y la ética. Por más que su estilo sea chacotero, es recomendable que lo conserve para que el oyente lo identifique fácilmente. Existen algunas calificaciones que los mismos trabajores de radio han hecho para diferenciarse, entre las que podemos anotar a los sobrios, los románticos, los habladores, los consejeros, los relajados, los especialistas en comerciales, los cultos, los chacoteros, los comentaristas deportivos, los narradores de noticias, los ceremoniosos y los gritones. Yo incluiría, con mucho pesar, a los embaucadores, a los adivinos, videntes, sanadores, chamanes, consejeros y vendedores de sebo de culebra quienes lamentablemente existen por la cabida que les dan algunos malos broacasters, pensando más en la plata que en la ética.

Los propietarios, igualmente, tienen una gran responsabilidad porque, al fin de cuentas, son ellos los que toman las decisiones en la empresa, en la contratación del personal y sobre todo en la selección de los contenidos. En la práctica, son ellos los que hacen y deshacen en sus empresas.- Sin embargo, sería bueno recordarles que, si bien es cierto, ellos son los responsables de la conducción de sus empresas pero no son dueños de las frecuencias, sino solo concesionarios, con derechos y obligaciones ofrecer un servicio a la sociedad, contratando al personal idóneo que respete la honra personal y al tejido social en su conjunto y evitando cualquier tipo de discriminación y exclusión social.

Por eso, de manera inteligente se ha establecido que las licencias deben ser renovadas cada 10 años. Ni siquiera el gobierno es dueño de estas frecuencias, la única propietaria es la nación en su conjunto, es decir todos nosotros.

Desde que apareció el hombre moderno, hace unos 40 mil años, (El de Neandertal lo hizo hace 500 mil años), tuvo que agudizar su ingenio para sobrevivir. Por instinto o por razonamiento se vio en la necesidad de desarrollar códigos para comunicarse. Lo necesitaba de vida o muerte, para alimentarse, prevenir el peligro y hasta para procrearse. En general, toda la especie animal necesitó de una forma de comunicación para sobrevivir de acuerdo a las leyes de la selva, pero leyes al fin. Basta con observar la naturaleza para que nos demos cuenta que existe una maravillosa armonía relacionada con las comunicaciones. Cuando un león ruge es para expresar que acecha el peligro, que es la hora de salir de cacería o simplemente es para recordarles a las demás fieras que es el rey de la selva. Entre las aves, si alguna de ellas nota que un cazador furtivo está merodeando por los alrededores, levanta vuelo para que todas las demás la sigan. Estudios recientes han demostrado que los elefantes se comunican a larga distancia emitiendo infrasonidos a través de sus trompas. Igualmente los delfines emiten señales que se propagan a través del agua, a grandes distancias.

En los albores de la humanidad, el hombre se comunicaba a través de gritos, gestos y mímicas, pero siempre a distancias muy cortas, es decir cara a cara. Quizás por eso se entendió mejor con sus congéneres y no como sucede ahora que el hombre moderno, con toda la sofisticada tecnología que tiene, se entiende menos.

No olvidemos que el hombre fue el único ser viviente que desarrolló la palabra y tantas lenguas como lugares habitó. Según las Naciones Unidas existen en el mundo alrededor de 6,700 lenguas. Esto no ocurre con otras especies. Los elefantes, delfines, aves, hormigas, ratas y hasta las cucarachas, se comunican entre sí utilizando los mismos códigos, estén donde estén y en cualquier época. Estoy seguro que si todos los humanos hubiéramos desarrollado un solo idioma universal nos entenderíamos mejor y seguramente hubieran disminuido nuestros conflictos a lo largo de la historia.

Sin embargo, es en las comunicaciones donde el hombre experimentó más, desarrollando asombrosos aparatos. Y no se cansa de seguir descubriendo nuevas formas. Sigue sembrando antenas en toda la faz de la tierra y no termina de lanzar satélites al espacio, con el único propósito de mejorar su comunicación.

Hoy en día, el jefe de una empresa ya no tiene necesidad de moverse de su oficina para manejar toda la organización, ni siquiera de levantarse de su asiento, le basta con coger el teléfono o encender su computadora para dar directivas a todas las oficinas de su empresa. Y, si está en la calle le basta utilizar su celular o su tablet para dar instrucciones y, por razones de seguridad, hasta puede escaneasr su propia huella digital.

Antes, los jóvenes arreglaban sus conflictos de amor por carta, ahora lo hacen por teléfono o intercambiando textos electrónicos. Ni qué decir de las parejas de esposos, sus problemas ya no los solucionan en la alcoba, ahora lo hacen enviándose textos a través del celular. Contigo, a la distancia, como dice el viejo bolero que se oía en la radio:

Más allá de tus labios
el sol y las estrellas
contigo a la distancia
amada mía estoy…

El afán por hacer desarrollar las comunicaciones es innato en el hombre. Desde el momento en que se dio cuenta que sus gritos y silbidos no le servían de mucho para satisfacer sus necesidades de comunicación a distancia, no paró un solo segundo para crear nuevas formas.

La Biblia consigna que Moisés condujo a los judíos en su huida a Egipto a través de mensajes hechos con fuego y humo. Otras comunidades utilizaron espejos, tambores, banderas y hasta cornetas, para extender sus comunicaciones a lugares cada vez más alejados.

El Rey persa Darius (522 AC) derrotado por los griegos en Maratón, enviaba noticias a las provincias de su imperio colocando en las alturas de las montañas a hombres poseedores de las voces más potentes para, a través de sus gritos, formar una inmensa cadena de comunicación.

En el medioevo, los reyes se comunicaban a larga distancia enviando mensajeros. Estos fieles servidores, montados en veloces corceles, devoraban las distancias llevando las cartas secretas que el monarca las escribía de puño y letra y luego de firmarlas las lacraba y sellaba con su anillo. Lamentablemente, a veces, estos mensajeros no volvían porque el texto de la misiva no era del agrado del destinatario y los mandaba ejecutar. Claro que era una manera poco cortes de responderle al remitente, pero esa era lamentablemente la costumbre. Los romanos fueron más allá, devolvían la cabeza del mensajero en una fuente.

Los incas, pienso, eran más civilizados porque, para enviar sus quipus a los cuatro suyos, contaban con un eficiente grupo de chasquis integrado por jóvenes que eran seleccionados en reñidas competencias de velocidad y resistencia. Los atletas estaban debidamente capacitados para unir distancias muy largas en una carrera de postas. Se cuenta que, mediante esta modalidad, el inca, que vivía en Cusco, se daba el lujo de saborear en el almuerzo productos de mar frescos, capturados en la madrugada del mismo día. Los quipus se fabricaban con fibras de lana y algodón. Eran hilos con tres tipos de nudos, cuyo uso se extendió hasta 150 años después de la llegada de los españoles que siguieron utilizándolos para entenderse con los aborígenes en los tribunales de justicia, en la mita, encomiendas y en las cuentas nacionales. Los españoles los utilizaron también en la evangelización, para enseñar oraciones y recordar los pecados a los aborígenes. Hasta que se cambió por la escritura actual.

En Europa hubo un tiempo que se puso de moda el uso de palomas mensajeras. Lamentablemente estas fieles aves a veces no regresaban porque se encontraban con algún arcabucero de buena puntería o porque, simplemente, se iban detrás de su pareja para arrullarse como dos tórtolos, es decir como lo que eran.

En Perú, en la época de los virreyes, las campanas de los templos de Lima, Cajamarca, Cusco, Huamanga y otras ciudades, repicaban no solamente para invitar a misa, sino para anunciar que algún vecino notable había fallecido, en el caso de la capital, anunciaba que estaba llegando un barco al puerto del callao o el ejército enemigo se aproximaba. Y, para cada caso, el campanero tenía un toque especial. El tañido más sentido era el repique, anunciando el deceso de un vecino.

En la Lima antigua había otras formas de comunicación muy populares. En “Las tradiciones Peruanas” el renombrado escritor Ricardo Palma cuenta que el pregón de la lechera anunciaba que ya era las seis de la mañana. La tisanera y la chichera pregonaban a las siete en punto, el bizcochero y la vendedora de leche cuajada a las 8 y la tamalera a las diez. A las once de la mañana pasaban la melonera y la mulata que vendía ranfañote, cocada, bocado del rey, chancaquitas de cancha y de maní y frejoles colados. Y a las cuatro se aparecía la vendedora de sanguito de ñajú y choncholíes.

En los albores de la República, el pescador José Olaya Balandra se convirtió en mártir de las comunicaciones llevando mensajes a nado entre Chorrillos y el Callao, hasta que fue descubierto, apresado y sentenciado a muerte por fusilamiento por negarse a revelar los nombres de los patriotas que se organizaban para consolidar la independencia del Perú. Antes de ser ejecutado les respondió a sus inquisidores con estas palabras:

“Si tuviera mil vidas, gustoso las perdería antes de denunciar a los patriotas o traicionar a mi Patria”

Y así, como hay actos heroicos, hay otras formas simples de comunicación, como el que se practica entre las adolescentes de algunas aldeas centroamericanas quienes, para indicar que aún se mantienen solteras, se colocan una flor en el ombligo. En Perú, las jóvenes de algunas comunidades campesinas, en las heladas alturas de los Andes, también se colocan flores pero no en el ombligo sino en el sombrero, seguramente por evitar un resfrío. En la india se pintan un lunar en la frente. Y entre las chicas de muchos países, el uso de zapatos con taco alto significa que la niña ya se ha convertido en una señorita.

En toda época, las comunicaciones fueron parte de la vida del hombre, con mayor razón hoy, sobre todo en una de sus formas más clásicas: la publicidad, cuya tarea esencial es transmitir un beneficio al consumidor pero que, lamentablemente, en la mayoría de los casos sirve para crear necesidad y generar hábitos de consumo.

Y como todos somos consumidores, no podemos prescindir de ella. Mucho más si somos proveedores y comerciantes, porque si queremos abrir una tienda, un cafetín, una lavandería o cualquier boliche, como dicen los argentinos, en lo primero que tenemos que pensar es cómo hacer conocer nuestro local. Puede ser a través de un mensaje en la radio, un aviso en el diario, un spot en la televisión o simplemente colocando un cartelito en la vitrina del negocio. Siempre será necesario hacer publicidad si queremos que la gente se entere que nuestra empresa empezó a funcionar. Y si por desgracia entramos en bancarrota y queremos cerrarlo, igualmente, tendremos que colocar otro aviso en el diario o en la radio. Asi nos quedemos en la última lona tendremos que vernos en la necesidad de colocar por lo menos un cartelito que diga “Aproveche, estamos en liquidación”.

La publicidad está pues metida en todo, en la sopa, en la cama y hasta en la tumba. Esto no es una exageración, en este mundo globalizado y de gran competencia en que vivimos, si un fabricante quiere hacer conocer su producto y ganar dinero tiene que hacer publicidad. Y si tiene una empresa de servicios, del mismo modo, tiene que hacer publicidad. Si una persona quiere contraer matrimonio la obligarán a publicar un edicto matrimonial, si se divorcia, igual. Y si por desgracia usted se muere, seguramente que su nombre aparecerá en la página de defunciones del diario. En este caso, lo bueno es que ya no se preocupará por el pago del aviso.

Decir que la publicidad está metida hasta en la sopa no es una exageración. Seguramente que muchos de los que están leyendo estas líneas, en su niñez, consumieron los famosos alimentos Gerber y, a medida que fueron creciendo, sus mamás les empezaron a dar una suculenta sopa de letras marca Nicolini, “de alto contenido proteico y vitamínico” en la creencia que así mejorarían su coeficiente intelectual. Bueno, por lo menos as+i aprendieron el abecedario.

Por la importancia que tienen, cada 17 de mayo se celebra el Día Mundial de las Comunicaciones como un homenaje a la creación en París (1865) de la Unión Telegráfica Internacional, donde también se aprobó el primer tratado telegráfico de alcance mundial, doce años después que se tendiera el primer cable submarino entre Escocia e Irlanda.

A fines del Siglo XIX se creo la Unión Radiotelegráfica Internacional y en 1932, en Madrid, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), para fusionar la Unión Telegráfica Internacional y la Unión Radiotelegráfica Internacional.

En 1947 la UIT pasó a constituirse en la primera agencia especializada del sistema de la ONU, contando en la actualidad con 187 miembros. Y desde aquella época, los fabricantes siguen desarrollando nuevas tecnologías para facilitarle al hombre moderno una comunicación más eficiente y, sobre todo rápida, porque no hay que olvidar que también vivimos en la era de la velocidad.

¡Increíble! la velocidad también está metida en nuestras vidas. En el pasado no importaba que las pirámides de Egipto, la muralla China o la iglesia de la Sagrada Familia, en Barcelona, se construyeran en cientos de años, con tal que se hagan bien, ahora, los edificios se construyen en meses y ciudades enteras se levantan a una velocidad increíble porque, como nunca hoy el tiempo es oro.

Cuando se proyecta una obra, no solo se discute el costo sino, sobre todo, cuánto tiempo demorará en construirse. Las grandes cadenas de tiendas se lamentan más por el retraso en la inauguración de un local, que por las deudas. No dejan de tener razón porque la demora en la construcción de un nuevo local, aunque fuera solo por unos días, hace que la empresa deje de ganar más dólares de los que pierde por la crisis económica.

Como vemos, la velocidad está presente en todo, hasta en los usos y costumbres de la gente. Si no ¿por qué se acude cada vez más a los llamados fast food a pesar que sabe que esta comida chatarra, abundante en grasas saturadas, solo acelerará su camino a la tumba. La consume solo por la velocidad del servicio.

En las actividades bursátiles la cosa es peor. En algunas bolsas del mundo están obviando de los corredores, como ya sucede en el Asia donde, solo por razones de velocidad, miles de inversionistas han despedido a sus corredores. En la china ya se puede colocar órdenes en forma directa en unidades de transacción computarizadas para facilitar la compra y venta de acciones. Y los usuarios de este nuevo sistema aumentan de manera exponencial. En los últimos años la inesperada demanda de los llamados fondos mutuos, en la china, estuvo a punto de hacer colapsar los sistemas de atención de los bancos. Para evitar este descalabro, la bolsa de Shangai tuvo que invertir millones para hacer que sus sistemas sean los más veloces del planeta ya que, según la Federación Mundial de Bolsas, es la que más transacciones realiza, y con proyecciones a crecer.

Claro que todo esto no hace más que estresar a los inversionistas. Sin embargo, ahí están ellos, sacándose conejos de los dedos y comiéndose las uñas, pero sin quitar los ojos de la pantalla porque saben que en solo segundos pueden ganar mucho dinero, como también, si la suerte y su intuición les fallan, pueden irse a la bancarrota más rápido de lo que canta un gallo, tal como ocurrió en el llamado septiembre negro del 2008.

Los negocios dependen mucho de la velocidad de rotación del dinero y, quien no se anima a entrar en esa alocada carrera, tendrá que resignarse a observar a sus competidores corriendo solos. Es difícil competir pero hay que hacerlo. Al principio se debe soportar los amargos tragos de la inexperiencia pero, después, vendrán los sabrosos potajes del triunfo. Todo es cuestión de estrategia. Hasta los niños saben que luego de la sopa el premio es un delicioso postre.

Ya pasó a la historia aquel viejo dicho: “Quien apurado vive, apurado muere”, porque hoy quien no corre, pierde. Por eso los autos, los aviones y hasta los barcos van a más velocidad y también los fabrican a más velocidad. El 2007, luego de muchos años, la General Motors perdió el liderazgo de ventas en el mundo porque la Toyota le ganó la carrera fabricando autos más económicos, más veloces y colocando en el mercado mundial 2’620,825 unidades en tiempo record. A su vez la Ford reportó una caída del 12% en ese mismo periodo, recibiendo una goleada de la Toyota, en su propio cancha.

En el siglo pasado se decía: El que no corre, vuela. Ahora debería añadirse: “del mercado”.

Del mismo modo, hasta hace poco las comunicaciones fueron consideradas como un arte, donde reinaba “su majestad: la palabra”. Hoy es una ciencia sociológica que va a gran velocidad y su principal función es hacer más ágil y fácil la vida del hombre. Lo que no fue fácil fue llegar a este desarrollo. Cientos de estudiosos tuvieron que quemarse las pestañas para inventar un sistema que permita las comunicaciones a distancia.

Y así aparece la radio, el maravilloso aparato que entretiene, informa y une a la gente. Fueron varios los científicos que se adjudicaron su paternidad, entre ellos Guglielmo Marconi, nacido en Bolonia-Italia, de padre banquero y madre dedicada a la destilación de whisky. Como fue en Inglaterra donde Marconi vivió el mayor tiempo de su vida, es allí donde logra patentarlo como “Sistema de telegrafía inalámbrica”. Eso mismo hacen Nikola Tesla en San Luis, Missouri EEUU y en San Petersburgo (Rusia), Alexander Spánovich Popov.

A este sistema se le denominó TELECOMUNICACION, que viene del griego Tele que significa distancia, como telegrafía, televisión y telefonía, que involucra a toda la comunicación a distancia. En los últimos años se incluyó la Internet y toda la transmisión de datos mediante ordenadores que, claro, escapan del término griego.

A partir de entonces fueron muchos los genios que comenzaron a explorar en el fascinante mundo de las oscilaciones eléctricas. En 1861 el físico escocés James Clerk Maxwell dio a conocer su primera teoría sobre la dinámica del campo electromagnético que increíblemente pasó desapercibida. En 1865, nuevamente reveló que las oscilaciones eléctricas de frecuencias muy altas se podían propagar por el espacio a una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo y que la luz no era otra cosa que la manifestación visible de una onda electromagnética, convirtiéndose así en el primero en predecir que se podía propagar ondas por el espacio, utilizando descargas eléctricas. Pero, tampoco le hicieron caso.

Tuvo que pasar más de 20 años para que Heinrich Rudolf Hertz validara la teoría de Maxwell, afirmando que esas ondas podían difundirse a una velocidad similar a la de la luz y por ellas se podían enviar señales. Como premio a ese descubrimiento las ondas electromagnéticas fueron bautizadas con el nombre de hertzianas.

Luego de este descubrimiento se hicieron decenas de experimentos más basados en esta teoría. En 1895 el ruso Popov presentó un receptor para captar ondas electromagnéticas. Un año después hizo la primera transmisión del primer mensaje telegráfico a una distancia de 250 metros entre dos edificios de San Petersburgo.

Cabe aclarar que fue Guglielmo Marconi quien, luego de estudiar las experiencias de sus antecesores, siguió su experimento sin descansar ni un solo día. Juntó el invento de Hertz, la antena del ruso Popov y el cohesor de Branly y logró hacer “hablar al éter” emitiendo la señal a un kilómetro de distancia, que su hermano Alfonso recogió en una montaña de Bolonia (1895) y le respondió haciendo señales con un pañuelo, haciéndose realidad aquel milagro científico. Su adinerado padre, presente en la demostración, salió convencido y le facilitó los fondos necesarios para desarrollar su invento. Como el gobierno italiano no se interesó por la patente, en 1897 decidió irse con su madre a Londres. Y por fin el 14 de mayo de ese mismo año realiza por primera vez una comunicación inalámbrica entre las poblaciones de Lavernock Point y la isla Flatholm, en el canal de Bristol. Dos años después une Inglaterra y Francia y su invento es patentado, apareciendo su nombre en las primeras planas de diarios.

Apenas se percataron de la inscripción de la patente de Marconi, científicos rusos y franceses la rechazaron, basados en publicaciones hechas con anterioridad. Uno de ellos fue Alexander Popov quien aseguraba haber presentado en Rusia, un año anterior, un receptor de ondas electromagnéticas. Dijo, asimismo, haber descubierto un dispositivo capaz de registrar las perturbaciones eléctricas de la atmósfera, llamadas comúnmente “tormentas”, con una vara que alzó hacia el cielo para capturar la energía de estos fenómenos. Y mientras hacía este experimento, descubre que la vara también podía captar ondas electromagnéticas provocadas de manera artificial. Así descubre la antena.

Del mismo modo, Nicola Tesla refutó la patente de Marconi alegando haber hecho su primera demostración en 1893 en Missouri-EEUU de un sistema de radiocomunicación, el mismo que lo presentó a la oficina de Patentes de los EEUU, siendo aceptado. Sin embargo, cuatro años más tarde la patente fue revocada, para otorgársela a Marconi.

Se dijo que esta decision a favor de Marconi se había adoptado bajo la presión de uno de sus patrocinadores financieros, el poderoso e influyente Thomas Alva Edison, considerado como otro de los inventores más geniales de la era moderna.

En 1900 se empezó a utilizar los detectores de Cristal de Galena, en sustitución de los cohersores Branly porque eran mucho más sensibles, pero inestables. Cuatro años después el inglés J.A. Fleming inventó el diodo (la primera válvula de vacío) que reemplaza al detector de galena y luego, en 1905, el americano Lee De Forest inventa la lámpara triodo (Audión) capaz de amplificar las señales eléctricas que fueron fácilmente moduladas por micrófonos de carbón, lo que permitió la transmisión de la voz.

El 12 de diciembre de 1901, a las 12.30 horas luego de elevar una antena de 120 metros de altura con ayuda de globos aerostáticos y cometas, en San Juan de Terranova (Canadá), Marconi logra captar una señal del alfabeto Morse proveniente de Cornwall (Gran Bretaña).

En 1902 desde la estación Glace Bay en Nueva Escocia, el mismo Marconi envía el primer mensaje al Canadá y al año siguiente a los Estados Unidos.

Luego de estas demostraciones, Marconi alcanzó tanta fama que todo el mundo hablaba de su invento. En 1909 la real Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Física. Inmediatamente después puso la primera fábrica de equipos para la transmisión sin hilos, empleando a más de cincuenta técnicos y convirtiéndose en un importante proveedor.

En 1920 la Westinhouse estableció en Pittsburg la primera estación radiodifusora comercial, la KDKA. Con ello la radiotelegrafía pasó a ser radiotelefonía. Entretanto, Thomas Alva Edison, que se había empleado como telegrafista en una de las compañías que ofrecía este servicio, siguió experimentando en el fascinante mundo de las ondas radioeléctricas, donde parecía no cansarse nunca.

–El genio es diez por ciento de inspiración y 90 por ciento de transpiración – decía.

A diferencia de Marconi, Edison se hallaba más preocupado en crear un aparato capaz de grabar las vibraciones sonoras ya que, antes de él, otros habían logrado registrar sonidos en cilindros de cera, pero lo que aún no se había logrado hacer era reproducirlos. Edison lo logró colocando un papel de estaño sobre un diafragma de teléfono. Grabó las vibraciones con un rubí finamente cortado a bisel. Para reproducir los sonidos utilizó otro rubí, esta vez de punta roma. Y luego, con la finalidad de darle el movimiento de rotación adecuado, utilizó un rodillo y una manivela. Finalmente demostró su invento haciendo cantar a uno de sus empleados. Y antes de reproducir lo que había grabado, les dijo a sus invitados

–Esta máquina tiene que hablar.

Al escuchar la reproducción, a pesar que no tenía buen sonido y el empleado tampoco era un buen cantante, los asistentes quedaron maravillados. Así nació el fonógrafo.

Sin embargo, de acuerdo a un descubrimiento hecho últimamente por un grupo de investigadores estadounidenses en París, se dice que la grabación más antigua del mundo fue hecha por el francés Eduard Leon Scout, 17 años antes de la efectuada por Alva Edison (1860). Se trata de una canción en francés “A la luz de la luna” del Siglo XVIII, de autor anónimo, que comienza así:

“A la luz de la luna
mi amigo Pierrot
préstame tu pluma
para escribir una palabra…(Sigue)

En 1943, ocurrió un hecho curioso, cuando Tesla ya había fallecido, la Corte Suprema de Estados Unidos le restableció la patente que le había arrebatado Marconi. Sin embargo la noticia no tuvo mayor trascendencia.

Al margen de estas disputas, el mundo vivía maravillado por la invención de este sistema que permitía enviar sonidos mediante la modulación de ondas electromagnéticas capaces de propalarse por el aire y hasta por un espacio vacío. La gente estaba embelezada con las primeras transmisiones que se hacían en vivo de los conciertos que se presentaban en los grandes teatros. Familias enteras se reunían alrededor de los primeros aparatos que se pusieron a la venta, para escuchar estas transmisiones.

Por un buen tiempo, todo parecía maravilloso hasta que la radio cayó en manos de gobiernos totalitarios que la empezaron a utilizar como un medio de manipulación, difundiendo propaganda política. Un ejemplo nefasto de este aprovechamiento se dio en Alemania, cuando Hitler nombró como Ministro de Propaganda a Joseph Paul Goebbels, un despiadado acusador de los opositores del Führer, a quienes los desacreditaba con su oratoria mordaz, utilizando este medio.

Goebbels fue el creador de la propaganda radial en Alemania, conocida como “la propaganda negra”, basada en el axioma “una gran mentira repetida acaba por convertirse en una gran verdad”, que luego se derivó en la frase “Miente, miente que algo queda”. Fue cuando Goebbels se convirtió en el personaje de más poder del llamado anillo de hierro de Hitler. A través de la radio despotricaba contra las familias judías, las insultaba y degradaba y prohibió a la población alemana escuchar emisoras extranjeras. El gobierno, a través de la radio, solicitaba la cooperación de todos, especialmente de los militantes del partido nazi, para lograr la “solución final” que no era otra cosa que el exterminio de los judíos, a quienes en un principio se les castigaba prohibiéndoles el uso del transporte público y la bicicleta. Tampoco podían comprar fruta fresca.

Ocultos en los sótanos de viejos edificios y algunos en alcantarillas malolientes, los judíos vivían en permanente miedo a la traición de los pocos alemanes que los estaban ayudando quienes, finalmente, por aburrimiento o por temor, terminaban llamando a las SS para que se los lleven. Por esta razón, los padres y niños judíos, escondidos, no hacían otra cosa que llorar en silencio, más por el susto que por el hambre, escuchando por radio los mensajes de la dictadura fascista.

Pero no todos los vinculados a Hitler eran malos. Había un buen número de alemanes que no comulgaba con sus ideas genocidas, entre ellos se hallaba Oscar Schindler, un próspero hombre de negocios bohemio y mujeriego, reclutado por las SS como informante por sus relaciones con los judíos adinerados. Cuando Hitler invade Polonia en 1939, hecho que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial, Schindler adquiere una fábrica dedicada a la confección de ollas y otros utensilios de cocina. Para adecuarse a las necesidades de la guerra transforma su fábrica y empieza a hacer artículos de cocina de campaña y material bélico. Como requería de mano de obra barata, negoció con el Coronel Amon Goeth, Comandante del campo de Plaszow, el “arrendamiento” de trabajadores judíos quienes, de día iban a su fábrica y de noche volvían al campo de reclusión.

Enterado de las atrocidades de los nazis, por boca de estos judíos, se conmueve y negocia con Goeth, entregándole fuertes sumas de dinero, para evitar que sus obreros sean trasladados a los campos de exterminio de Auschwitz,

Por este gesto humanitario, Schindler fue calificado como “el nazi bueno” en una magnífica obra escrita por Thomas Keanally, en la que se basó Steven Spielberg para filmar la película “La lista de Schindler”, ganadora de siete premios Oscar.

Al igual que Schindler, el industrial y diplomático alemán Raoul Wallenberg usó su poder para salvar a miles de personas sin importarle recurrir al soborno y hasta el chantaje. Diseñó un pasaporte sueco para proteger a cerca de 13.000 judíos. A muchos los contrató como trabajadores de su industria para que puedan salvar sus vidas. También aumentó el número de hogares suecos para el refugio de más de 15 mil personas. Su trabajo fue inagotable, humanitario y oneroso, estando siempre al lado de los judíos, sobre todo de aquellos que eran obligados a abandonar Hungría a pie en las brutales marchas de la muerte que se cumplían por órdenes de Eichmann.

Cuando en enero de 1945 se fue en misión de servicio para visitar el cuartel militar soviético en Debrecen, desapareció, sin saberse nunca más de él.

Otro caso único en la historia negra de la dictadura nazi es la labor humanitaria de Irena Sendler, llamada la madre de los niños del holocausto. Durante los años de la ocupación en Varsovia se hizo miembro de la resistencia y logró rescatar a 2500 niños, horrorizada por sus condiciones de vida en un gueto, donde muchos de ellos estaban infectados de tifus. Para ocultar a los niños, Irena utilizaba tachos de basura, cajas de herramientas y sacos de papas, hasta ataúdes. Y para impedir que se los lleven a los campos de concentración les cambió de nombres y los dejó en las casas de familias católicas y en conventos, anotando sus verdaderos nombres en trozos de papel que los guardaba en latas de conserva y los enterraba en el jardín de una vecina hasta que los nazis se fueran. Al ser descubierta fue detenida por la GESTAPO el 20 de septiembre de 1944 y encarcelada hasta su liberación después de la guerra. En el 2009 Irena Sendler tenía 98 años y vivía en un asilo de Varsovia. El 2010 falleció.

Mientras las SS perseguían a los judíos, Hitler, no desaprovechaba la oportunidad para difundir su ideología por radio:

–La propaganda nos ha llevado hasta el poder, nos ha permitido conservar ese poder, también nos concederá la posibilidad de conquistar el mundo – decía.

El uso del color rojo era su favorito para atemorizar a las masas, color al que se le atribuía una acción fisiológica excitante. Este color también los utilizan los partidos de izquierda y las dictaduras que tienen la mascarilla de izquierdismo como la de Hugo Chávez en Venezuela.

La historia no registra peor utilización de los medios de comunicación que en la época del hitlerismo, basada en el miedo y la mentira, con el único propósito de crear una leyenda alrededor de su líder y degradar la condición humana de los judíos y los gitanos. Tampoco se conoce de mensajes tan fanáticos difundidos a través de la radio, para vergüenza y espanto del mundo.

Después que Motorola creara un equipo llamado handie talkie-16, para que tropas americanas lograran comunicarse entre ellas vía las ondas de radio, en una banda que no superaba los 60 MHz, los alemanes lograron desarrollar un sistema de transmisores-receptores portátiles de radio, considerado como el antecesor del teléfono celular, muy semejante al teléfono inalámbrico que los americanos ya lo habían inventado, a través del cual se comunicaban en el mismo campo de batalla. Por eso, era común ver a los soldados del arma de comunicaciones, marchar delante de la tropa con el rifle en una mano, el fono en la otra y cargando en la espalda un pesado transmisor.

Ni el cine, que es otra de las formas de comunicación, se salvo del régimen totalitario alemán. Goebbels lo utilizó sin escrúpulos para difundir sus ideas. Para esto, nombró a Helena “Leni” Riefentahl, amiga personal del Fürer, como directora y realizadora de documentales, con el encargo de transformar el cine en una ventana de propaganda gubernamental, tal como sucedió con los cortos “El triunfo de la voluntad” y “Las olimpiadas de Berlín”.

Joseph Goebbels y Hermann Göring ejercieron un control absoluto del teatro y la ópera, ordenando la expulsión de extranjeros y judíos, entre ellos Klemperer, List y Kleiber. Frente a este abuso, algunos alemanes natos decidieron renunciar a sus cargos en protesta por este acto de limpieza nazi. Sin embargo, fueron muchos los artistas de teatro que fueron llevados a los campos de concentración por órdenes del Tercer Reich, donde murieron.

No solo los músicos fueron perseguidos sino también actores, miembros del coro y directores de conocidas orquestas. Sin embargo, de manera increíble Hitler, el asesino de millones de judíos, el fanático que quiso imponer una política de “pureza racial” nazi, el sanguinario dictador que estuvo decidido a expandir su dominio a todo el mundo, amaba la música clásica de autores judíos y rusos, es decir de la gente a la que más aborrecía. Sus favoritos eran Alexandre Borodino y Sergui Rachmaninoff. Esto fue descubierto 50 años después cuando la hija del Capitán ruso Lew Besymenski reveló en sus memorias que su padre guardaba la valiosa colección del dictador.

En Italia, la radio también estuvo al servicio de la dictadura fascista. Tras abolir la libertad de prensa, los partidos políticos y los sindicatos, Benito Mussolini nombró como Ministro de Prensa y Propaganda a su yerno Galeazzo Ciano para desacreditar y demoler a sus opositores y, al mismo tiempo, atemorizar a la población fomentando la violencia y creando un enemigo imaginario, nacional o internacional, y así lograr la unidad de la población. El fascismo también utilizaba la radio para convocar movilizaciones partidarias en apoyo del régimen.

Mussolini no respetaba nada, ni a nadie. En el Campeonato Mundial de Fútbol de 1934, tuvo el desparpajo de entrar a los camerinos de los árbitros antes del encuentro contra Checoslovaquia, solo para decirles…

–Italia debe ganar el Mundial ¡Tómenlo como una orden! Buenas noches.

Y así fue, Italia ganó por dos goles a uno, alzándose con el Campeonato Mundial. Por supuesto que en el desarrollo del encuentro no se habló en la radio de los errores garrafales del árbitro a favor del representativo italiano, como si el narrador y los comentaristas estuvieran viendo otro partido.

En 1932, Mussolini también se valió del Festival de Cine de Venecia inaugurándolo personalmente para promocionar una imagen favorable de su gobierno.

La desinformación era su mejor arma contra sus opositores. La usaba para ocultar sus errores. A espaldas del pueblo, intercambiaba cartas secretas con Churchill, de quien decía ser su enemigo irreconciliable, sin embargo, ambos firmaban pactos y se ayudaban entre ellos. Hasta que en 1943 el Gran Consejo Fascista votó su dimisión, siendo arrestado y conducido al Gran Sasso. Pero, en una operación temeraria, fue liberado por un escuadrón de paracaidistas de Hitler, en el norte de Italia. Al recuperar su liderazgo, Mussolini formó el Gobierno Republicano Fascista, para convertirse en un simple Gobernador de Hitler en Italia. En 1945 un grupo de guerrilleros lo capturó y lo fusiló.

En España, el dictador Francisco Franco, quien se había hecho del poder con el apoyo de Mussolini, también se valió de las ondas de radio para desprestigiar a sus enemigos. Decía que la radio era “el periódico sin fronteras”. Por esa razón, lo primero que hizo fue someter a las empresas privadas de radiodifusión a una censura previa, ejercida a través de las llamadas jefaturas de propaganda. Los españoles estaban obligados a escuchar en sus receptores sólo la versión unilateral del gobierno a través de Radio Nacional de España (RNE) en poder del estado, a la que tenían que entrar en cadena las emisoras de provincias. Para evitar que se escuche emisoras del extranjero, se creó el Servicio de Interferencia Radiada y se restringió la libertad de expresión.

Igualmente, la prensa escrita estaba sujeta a la censura. Y cada vez que alguna entraba en sospecha de estar a punto de publicar algo que no sea del agrado del gobierno era objeto de un allanamiento que terminaba generalmente con la clausura del medio y el despido de los trabajadores. No se libraban de estos abusos ni siquiera las revistas de humor como “La Codorniz”, varias veces cerrada.

Para crearle una imagen positiva a su gobierno, porque estaba cada vez más aislado de Europa, en 1968 Franco personalmente se interesó en que España gane el Festival de Eurovisión, siendo elegido el cantante Joan Manoel Serrat para representar a España con la canción Lalalá de Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, el famoso Dúo Dinámico. En vista que el tema se había inspirado en las canciones populares catalanas, Serrat decidió cantarla en Catalán, pero no le fue permitido y renunció. En su reemplazo fue enviada Massiel.

Los directivos de TVE fueron instruidos para ofrecer el oro y el moro con el propósito de comprar votos para que gane el tema interpretado por Massiel. Y así fue. Esto provocó una sonora protesta de los seguidores del cantante Cliff Richard, quien quedó segundo. Resentido por la maniobra, Richard denunció el hecho en cuanto lugar se presentó, haciendo que la intención de darle a España una buena imagen a Franco le saliera el tiro por la culata.

El dictador, quien se hacía llamar “el caudillo”, no admitía que ningún artista cante la música que él no quería escuchar. Cuando Serrat empieza a cantar en español los poemas de Machado, para apoyarlo por los ataques del franquismo, las radios españolas censuraban sus canciones. Y cuando el cantante se hallaba de gira por México fue comunicado que estaba impedido de volver a España por criticar al régimen franquista que días antes había condenado a muerte a un grupo de militares por no estar de acuerdo con la dictadura.

Mientras Serrat era perseguido, Raphael se convirtió en el niño mimado de Franco. Carmen Polo, esposa del dictador, lo aplaudía desde el palco del teatro Calderón cada vez que se presentaba sin cobrar un solo centavo para apoyarla en sus actividades de beneficio. El divo no tuvo reparos en declarar que era “fanático de Franco”.

Sin embargo, Raphael no fue el único cantante que simpatizaba con el dictador, también lo fueron Lola Flores y Julio Iglesias. En una ocasión Iglesias declaró: “Nunca tuve una actitud en contra del General Franco, ahora, con la distancia y sin ira estoy absolutamente convencido de que Franco ha sido la persona que ha conocido al pueblo español”.

Los funcionarios del gobierno utilizaban la radio y la televisión, todavía en blanco y negro, hasta para hacer creer que “el caudillo” estaba bien de salud cuando en realidad se hallaba al borde de la muerte. Las noticias de que “el caudillo estaba cada vez más fuerte y con ganas de trabajar” eran los estribillos con los que los noticieros abrían sus transmisiones. La policía metía preso a quien ponía en duda la salud “inquebrantable” de Franco. Igualmente, las fuerzas del orden (?)se metían en las universidades y en los colegios para apresar a los profesores y alumnos que hacían comentarios en contra del dictador o reclamaban por sus compañeros presos en Carabanchel.

En Cuba, lo primero que hizo Fidel Castro, apenas asumió el poder luego de su triunfo en Sierra Maestra, fue poner en el aire una de las frecuencias de radio más potentes de América, Radio La Habana, que tenía el slogan “la voz del territorio libre de América” a través de la cual se difundía su ideología a nivel continental. Esto ocurrió a principios de 1961, en que la emisora comienza a funcionar en forma experimental, para luego salir al aire definitivamente en el mes de abril con la transmisión de la invasión de Playa Girón. Su inauguración oficial fue el 1 de mayo del mismo año en la Plaza de la Revolución.

En el Perú, la historia de la radio se remonta a 1924, cuando gobernaba el presidente Augusto B. Leguía. Ese año se crea la empresa Peruvian Broadcasting Company (PBC), encargada de la explotación de la radiodifusión telefónica en calidad de exclusividad y con derechos para importar, vender y alquilar todo tipo de artefactos para la recepción de las ondas sonoras de radiotelefonía. Un regalito nada despreciable del presidente, a sus amigos.

El 20 de junio de 1925, la PBC funda la primera estación de radio del Perú a la que se denominó OAX, la misma que estaba ubicada en la calle Washington. Fue inaugurada, como no podía ser de otra manera, por el mismo presidente Leguía. Pero como sucede con todo monopolio, sus tarifas eran muy elevadas y los receptores que vendía tenían precios exorbitantes. La gente protestó, resistiéndose a pagar una libra peruana mensual por cada antena y la empresa fracasó y cerró.

Sin embargo, para no afectar los bolsillos de los amigos del presidente, el gobierno compró la PBC y la transfirió a la Marconi Wíreles, decretando simultáneamente la libre importación de los aparatos y bajando la tarifa del servicio a una libra peruana semestral.

Hasta allí, parecía que todo iba a caminar a paso de polka, sin embargo, las ondas expansivas de la recesión mundial de 1930 que recién llegaban a las costas peruanas, arrasaron con la economía nacional. La crisis económica fue tan grave que se llevó de encuentro hasta al presidente Leguía. Una Junta Militar de Gobierno presidida por Luis Sánchez Cerro lo depuso y creó en 1930 el Tribunal de Sanción Nacional para investigar y castigar a todas las autoridades que se hubieran beneficiado indebidamente de los fondos públicos. Leguía, a pesar de hallarse muy enfermo es juzgado y encarcelado junto con sus hijos.

La radio OAX pasó al Ministerio de Gobierno y luego transferida a la Empresa Peruana de Radiodifusión. Como era de esperarse, la Marconi puso el grito en el cielo alegando que tenía un contrato con el gobierno de Leguía. Pero ya todo estaba consumado, en 1932 el Congreso Constituyente recusó y rescindió el contrato.

En enero de 1935 el Estado y la Marconi logran fumar la pipa de la paz y nuevamente se le otorga la administración de las comunicaciones del país. En reciprocidad la Marconi dona al Gobierno peruano modernos equipos para la OAX. De esa manera en enero de 1937 se convierte en OAX4A, Radio Nacional del Perú, fecha en que fue re-inaugurada por el Presidente Oscar R. Benavides.

A partir de ese momento recién se otorgan licencias a varias empresas privadas, entre ellas a OAX4B Radio Grellaud, que luego se convirtió en radio Lima de Roberto Grellaud. OAX4E, Radio Weston, que luego pasó a ser radio Goycochea y posteriormente radio Central, OAX4I radio Internacional de Antonio Vásquez, OAX4L radio Miraflores de los hermanos Clemente y Ricardo Palma. OAX4E radio Castellano, OAX4H radio Dávila, OAX4T radio Gilco.

A finales de la década de los sesenta asumió el poder el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada y entre las medidas totalitarias que implantó, confiscó las principales cadenas de radio, los diarios y la televisión. Se creó una oficina central de informaciones para la propaganda en favor de la dictadura. Y cuando Fidel Castro retornaba de Chile luego de visitar al presidente Salvador Allende y hace una escala técnica en Lima, Velasco se fue al aeropuerto y aprovechó la oportunidad para mostrarle la nueva ley de telecomunicaciones, como diciéndole que su revolución no andaba con rodeos.

En cambio, Alberto Kenya Fujimori, no tuvo necesidad de confiscar los medios para ponerlos a su servicio, porque a través de su asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos, que manejaba cientos de millones de dólares del estado, compró las líneas editoriales de muchos medios y conocidos comunicadores.

Fujimori y Montesinos, este último apodado “El Rasputín peruano”, acusado y castigado por traición a la patria, se apoderaron de la llamada prensa chicha, la televisión y gran parte de la radio, para destruir a sus opositores, crear cortinas de humo, atemorizar a la ciudadanía, chantajear a los políticos y perseguir a los periodistas independientes. No satisfechos con eso, utilizaron a la Sunat (Recaudadora de impuestos) para tener del cuello a los empresarios y profesionales considerados como enemigos, y favorecer a los que estaban en una lista de intocables.

El 5 de abril de 1992, en una presentación televisiva Fujimori da a conocer su decisión de “Disolver…Disolver, el parlamento”, conculcando a su vez las libertades. A partir de ese momento utilizó fondos públicos para sobornar a todos los que pudo. Lo hacía a través de su asesor, porque este sabía de que pie cojeaban los adversarios del régimen, interceptando las llamadas telefónicas y colocando micrófonos en todas partes. En una sala especialmente acondicionada en el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) grababa todas sus entrevistas personales, especialmente aquellas donde hacía las entregas de sobornos a políticos, ejecutivos de la televisión y todas aquellas personas influyentes que estuvieran dispuestos a ponerse al servicio del Gobierno.

En una demostración de poder, Montesinos tuvo el desparpajo de hacerles firmar una carta de sujeción a los altos oficiales del ejército, escenas que fueron filmadas también por órdenes suyas y filtradas luego a la televisión para vergüenza de los militares honestos.

Pero, como no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, descubierta la mafia que existía en el gobierno, que empezó con la revelación en 1999 de una millonaria cuenta de Montesinos en el Banco Wiese, que la funcionaria Roxana Hass tuvo la valentía de fotocopiar para entregarselo a su cuñado Jorge del Castillo, uno de los políticos de oposición de más influencia que luchaba contra la dictadura, el andamiaje de la dictadura se vino abajo porque Del Castillo, puso esta valiosa informacion en manos del periodista César Hildebrandt para que lo publicara en el diario “Liberación”.

Pero esto no fue lo único que salió a luz, también se reveló el hallazgo de un cargamento de cocaína en el avión presidencial. Y, lo que colmó el vaso de agua, fue la difusión de un video donde se veía al congresista tránsfuga Alberto Kouri recibiendo una montaña de billetes a cambio de su lealtad a la dictadura.

Fujimori, al verse acorralado aprovecha una reunión de mandatarios en Brunei, en noviembre del 2000, para renunciar a la presidencia por fax y fugar al Japón, porque allí tenía protección por su doble nacionalidad. En Tokio alquiló un departamento de 10 mil dólares mensuales en uno de los barrios más caros, donde vivía con más comodidades que el propio emperador, hasta que por un error de cálculo, a pesar de vanagloriarse de ser un experto matemático, decide viajar a Chile, aprovechando que en ese momento las relaciones con Perú no pasaban por su mejor momento, con la seguridad que las autoridades chilenas lo iban a recibir con flores y los brazos abiertos en agradecimiento a algunos favores recibidos, como el haberle permitido a Lucchetti la instalación de una fábrica en una zona intangible de los Pantanos de Villa. Craso error, porque Michelle Bachelet, más cercana a Alan García, en ese entonces, que a Fujimori, lo puso en manos del Poder Judicial, cuyos magistrados, actuando de acuerdo a ley, ordenaron su inmediata reclusión en una gendarmería. Y luego de someterlo a juicio, lo extraditaron a Perú. Fue sentenciado por crímenes de estado y lesa humanidad a 25 años de cárcel.

Y no solo eso, en Chile, Fujimori cometió otro error matemático garrafal: postular a una curul en el parlamento japonés, prometiendo como todo un caradura que es “dar su vida por esa nación”. Como los electores japoneses no estaban dispuestos a soportar una burla de tal magnitud, no lo eligieron.

Con semejantes errores de cálculo, seguramente que hasta Baldor se habrá tapado la cara de vergüenza, en su tumba.

En Venezuela, el mandatario Hugo Chávez, luego de mofarse de todo el mundo, desde organizaciones periodísticas de EEUU y Europa, la OEA, la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), hasta mandatarios de muchas naciones democráticas, no le renovó la licencia de funcionamiento a Radio Caracas Televisión, como castigo por haber criticado su política de estatizaciones, como primer paso para convertir los medios en instrumentos de control social y avanzar en su proyecto socialista del Siglo XXI, rechazado tajantemente en un referéndum. Chávez, no solamente le quitó la licencia a RCTV, uno de los pocos medios de oposición, sino que también le confiscó sus bienes, mandó a la calle a sus trabajadores y puso en esa frecuencia la señal de otra televisora, controlada por él.

Finalmente, les quitó la licencia a todas las radios que no eran de su simpatía.

Pero, no solo el poder político siente un voraz apetito por engullirse a los medios de comunicación, sucede lo mismo con los grupos de poder económico, porque saben que quien tiene las comunicaciones en sus manos, tiene al mundo a sus pies. Con esta poderosa arma a su disposición están en capacidad de hacer lo que les viene en gana, desde derrocar a aquellos jefes de estado que no actúen de acuerdo a sus intereses, hasta magnificar incidentes fronterizos para convertirlos en conflictos regionales y, por qué no, en guerras. Pueden tergiversar los hechos para manipular a la opinión pública, unas veces minimizando lo que no es de su interés para evitar la reacción de la sociedad y otras veces convirtiendo un hecho intrascendente en un escándalo. Pueden hacer de un cualquiera un héroe o convertir a un brillante político en un payaso, un charlatán y hasta en un chiflado.

Esos mismos grupos que controlan la información y la economía, también lo hacen con la educación y la vida misma de las personas. Les importa un bledo que el mundo se vaya al carajo. Les da igual que mueran miles de jóvenes en los campos de batalla o por causa del hambre. Tampoco les preocupa el calentamiento global, el efecto invernadero, la destrucción de la ecología, ni perico de los palotes, con tal que sus intereses no sean afectados. Al contrario, siempre sacarán ventaja de estos problemas y hasta nos harán creer que son los defensores de la democracia, la naturaleza y la paz.

Mediante encuestas o “putiencuestas” como las califica César Hildebrandt, en su columna periodística, saben cómo convencer a las masas y a los políticos figuretis que esperan la mínima oportunidad para aparecer en cámaras. Y, claro, logrado el propósito, solo tienen que repetir esas encuestas una y mil veces hasta que calen en lo más hondo de la conciencia pública.

Por eso, los ciudadanos debemos abrir bien los ojos para saber qué hay detrás de esas campañas porque, muchas veces, cuando se enarbolan las banderas de la libertad de prensa, es solo para salvaguardar los intereses empresariales.

En los EEUU, ya existe preocupación por el manejo de los medios porque determinados grupos económicos tienen el control de las tres más grandes cadenas de televisión, que a su vez están unidas por un mismo cordón umbilical. Esto no tendría nada de malo si estas empresas no serían las principales donantes de los partidos políticos. Y cada cadena, a su vez, maneja una red de otros medios.

Esa es la cruda verdad. Por eso, hablar de las comunicaciones es fascinante. En el caso de la radio y la televisión, los medios que más rápidamente pasaron por cambios y mutaciones tecnológicas sorprendentes, vale la pena recordar su evolucion.

La radio, desde que fue inventada, rápidamente paso de la onda corta a la media y luego a la frecuencia modulada. Y ahora ya esta en la internet. Con los receptores sucedió lo mismo, del viejo radio a tubos, grande y pesado, que funcionaba a corriente alterna y a batería, se achica y se convierte en un aparato transistorizado, liviano y portátil que funciona con diminutas baterias. Y ahora, ya se puede captar hasta en los teléfonos celulares

Igualmente, la evolución de la televisión también fue notable. En Perú se empieza vender los primeros receptores en blanco y negro, con mueble y enormes tubos de rayos catódicos y sonido monoural, a principios de 1958. Luego de un tiempo fueron reemplazados por los nuevos modelos sin tubos y sin mueble.

En Lima, las primeras imágenes de Tv se emitieron de manera experimental con la instalación de un transmisor donado por la UNESCO al Ministerio de Educación (Enero del 58) el mismo que fue colocado en el último piso de su antíguo edificio de la avenida Abancay. Con el tiempo, esta primera frecuencia, se convirtió en Canal 7.

En 1970 llega la Tv a color y sonido estéreo. Los primeros aparatos fueron Sony Trinitron, que abrieron el camino a otras marcas japonesas y coreanas, entre ellas Hitachi, Toshiba y Sanyo. En 1990 se introduce la pantalla plana (Flat) y el televisor de proyección, el 2005 el slim (Pantalla delgada), luego llegan los televisores plasma, que utiliza una tecnología de gas y cristales para lograr imágenes con una mejor calidad de resolución y un nivel de contraste mayor. Casi al mismo tiempo se lanzan los aparatos LCD que utilizan un sistema de visión de cristal líquido con una mayor resolución, contraste y nitidez.

Ahora, ya estamos en la era de la televisión digital, es decir de las imágenes de alta definición que no pierden intensidad ni siquiera en las pantallas grandes, por lo que pueden utilizarse en los vehículos, una televisión con la misma calidad del cine. En estados Unidos, en su primera etapa, se vendió más de ochenta millones de aparatos. En el Perú, desde abril del 2010 se puso esta señal digital en el aire. Pero, solo algunos programas se pueden ver por cuanto las dos primeras estaciones (ATV y RTP) deben ir cambiando poco a poco sus equipos y su material filmico y eso demorará un buen tiempo.

Los primeros receptores de televisión, no vinieron solos, lo hicieron en compañía de otros aparatos de video, igualmente deslumbrantes, como el Betamax, que fue el primero, luego llego el VHS y finalmente el DVD y el USB. Tampoco podemos olvidar los juegos de video que revolucionaron el entretenimiento de los niños desde 1977 año en que aparece el Atari 2600, luego el Nintendo NES (1985), el Sega Mega Drive (1990), Nintendo Virtual Boy (1995), Sega Dreamcast (1998), Play Station 2 (2000), Mikcrosof XBox 360 (2005), Play Station 3 (2006) y Nintendo Wii (2007)

En la telefonía celular sucedió algo parecido. Desde 1973 en que la Motorola lanza al mercado el teléfono portátil de uso militar y en 1984 la Bell Labs de EEUU logra pasar señales de una antena a otra, como ocurre con el enlace del tejido celular de los seres vivientes (De ahí el nombre), el mundo es otro.

Después del debut del celular con JPS (satelital), el avance tecnológico de las comunicaciones es sorprendente.

Debemos felicitarnos que seamos nosotros los privilegiados de ver y disfrutar de tantos inventos a la vez. Es indiscutible que el futuro de las telecomunicaciones ya está entre nosotros, porque los saltos de los últimos años son espectaculares. Hace cuarenta años era imposible imaginar que desde un aparato tan pequeño, que apenas cabe en la palma de nuestra mano, se pueda hacer llamadas, enviar mensajes de texto, escuchar radio, grabar todo lo que se escucha a nuestro alrededor, revisar nuestro correo electrónico, sacar fotografías y enviar estos contenidos a miles de kilómetros en un abrir y cerrar de ojos.

Hoy, es común ver a una chica caminando por la calle mientras escucha musica en su MP3 o a un estudiante, sentado en el último asiento de una combi, con sus libros que rebalsan de su mochila, siguiendo la canción que oye en su iPOD (Reproductor de música digital con pantalla a color y disco duro) o en su MP4( Sonido e imágenes) y otros en su blackberry. Y, lo mas sorprendente es ver toda una biblioteca reducira en una tablet. Tampoco es extraño ver a un nativo de la selva acompañado de un radio a pilas que cuelga de una rama, mientras cosecha fruta, o a un pescador que echa sus redes en alta mar oyendo en su mini componente con USB a Oscar de León en una salsa muy movida. Y, lo más gracioso, es observar encima de los 4 mil metros de altura a una llama que lleva en el cuello un radio a transistores en lugar de cencerro. Claro, lo difícil es saber si el huayno que suena a todo volumen para deleite del pastor es también del agrado del auquénido.

Lo admirable es que, a pesar de estos avances tecnológicos, la radio comun y corriente, chica o grande, todavía sigue en los oídos del mundo, Y a la misma velocidad con que se multiplican los oyentes, aumenta el número de estaciones. Recordemos que a finales del siglo pasado, el dial de la FM en nuestro país estaba casi vacío, con unas cuantas emisoras que se comían solitas la torta publicitaria. Ahora, están que se abren espacio en el dial a codazos. Y la pelea ya no es por una tajada del pastel, sino por una migaja y eso, sin tomar en cuenta a las radios “piratas” que vuelan como mariposas nocturnas de un lado a otro, para evitar que el Ministerio de Transportes y Comunicaciones las aplaste con el matamoscas de la ley.

Y este crecimiento seguirá, porque la radio es un medio imprescindible, sobre todo en los momentos de emergencia. Así lo consideraron las autoridades después de aquel fatídico 12 de abril de 1912, en que se hundió el Titanic, conmovidos por los desesperados llamados de auxilio de la tripulación, que nadie escuchó. Se dieron reglas de emisión radiofónica en cada país, para lograr que este medio esté al servicio de todos, en casos de emergencia. En 1920, apenas se instaló la primera estación de radio en Pittsburg, el gobierno estadounidense, por ley lo convirtió en un servicio de interés público, asignándose frecuencias exclusivas para su explotación.

En otros países, los gobiernos se reservaron el derecho a explotarlas. En 1922, luego de intensos debates en los EEUU, por la importancia que tenía como un servicio a la sociedad, la radio se hace comercial, autorizándose la emisión de mensajes publicitarios y programas. En un principio, solo para narrar determinadas historias y leer algunos textos de interés cultural, pero con ciertas limitaciones.

Diez años más tarde aparecen los primeros disc-jockeys, que hacían las delicias del público comentando las canciones populares, grabadas todavía en sonido mono y en acetatos. Luego llegaron los discos de vinil con sonido Hi Fi estéreo. Y los llamados comentaristas de discos se convirtieron en verdaderos ases de la sintonía porque no solamente hablaban de la canción, del compositor, el intérprete y el acompañamiento musical, sino también invitaban a los cantantes a sus cabinas para que el oyente los conozca mejor. Los conductores de estos programas hablaban fluidamentne, haciendo derroche de buen gusto y una cultura musical extraordinaria. Se convirtieron en promotores de los ritmos y estilos de esa época, caracterizándose además por su afán de descubrir nuevos valores y su empeño de encumbrarlos en el estrellato. En resumen los disc-jockeys cambiaron el estilo de la radio y el ritmo de vida de la juventud.

Otra de las novedades que trajo la radio, fue la transmisión de los eventos deportivos, especialmente el fútbol, así como de las radionovelas y los noticieros, con reporteros que transmitían “desde el mismo lugar de los hechos”. Luego vino, la gran etapa de los programas cómicos que hacían desternillar de risa a los oyentes. Fue cuando la radio se puso de moda en todo el orbe y, Latinoamérica, no escapó a esa fiebre. Es aquí donde quizás se vivió con mayor intensidad los días de radio, por el carácter alegre de su gente, particularmente en Brasil, Colombia, Chile, Perú y Argentina.

En Argentina, la radio tuvo el privilegio de dar sus primeros pasos, de la mano de uno de sus inventores, Guglielmo Marconi, quien llegó en 1910 a la ciudad de Bernal para hacer los primeros ensayos de las transmisiones a larga distancia, logrando comunicarse con éxito, con Irlanda y Canadá. Posteriormente, en 1930, el mismo Marconi hizo el primer enlace entre Italia y América del Sur, desde su yate Electra, acoderado en Génova.

La transmisión, en directo, de la ópera Parsifal, desde el teatro Coliseo del Gran Buenos Aires por un grupo de aficionados, entre los que se hallaban Enrique Susini, Miguel Mujica, César Guerrido y Luis Romero, constituye el primer hito en las transmisiones radiales en Argentina. Radio L.O.R. es la primera radioemisora encargada de difundir desde el Teatro Colón los eventos culturales de la época. El 14 de setiembre de 1923 LOX Radio Cultura, sorprende a los argentinos con la transmisión de la pelea de box entre Firpo y Dempsey, dando inicio a los programas deportivos. A partir de ese momento, las radioemisoras se multiplican en la república Argentina, siendo las más destacadas Radio Sud América, Brusa, Gran Splendid, Quilmes, Nacional, Callao, Prieto y Olivas.

En Colombia, en 1929 el presidente Miguel Abadía Méndez inaugura la primera radioemisora, identificada con las siglas HJN. Meses más tarde sale al aire La Voz de Barranquilla. En 1931, nace la primera radio comercial con el nombre de HKF y en 1945 aparecen las grandes cadenas de radio como RCN, Caracol y Toledar.

En Chile, la primera emisión radial fue el 19 de agosto de 1922, con la transmisión de la marcha de la primera Guerra Mundial “I’ts a long way to tiperary”, así como un comentario del periodista Rafael Maluenda del diario El Mercurio y un tema interpretado en violín. El transmisor fue construido por Enrique Sazié. Como este experimento no duró mucho tiempo, nuevamente se intentó ponerla en el aire cuando Federico Helfmann tiene que verse obligado a vender un lote de receptores que ya los había importado. Para esto busca a Sazié y construyen un equipo de 5 vatios de potencia para emitir programas y así poder demostrar la bondad de los receptores. Esto tampoco dio buenos resultados. Hasta que la firma Errázuris le compra los derechos a Helfmann y forma la compañía Radio Chilena, con el apoyo de las empresas importadoras de varias marcas de receptores, entre ellas Telefunken, Westinghouse, General Eléctric, Telegrafie Son Fils y la Marconi Gíreles.

El 26 de marzo de 1923 se inauguró radio Chilena, en el décimo piso del edificio Aristía. Las firmas que apoyaron el proyecto comenzaron a vender cientos de receptores. A partir de ese momento se dio inicio a una interminable cadena de inauguraciones.

Por la importancia que alcanzó en la opinión pública, los militares se interesaron por la radio y en 1932 el General Carlos Ibáñez Del Campo emite un dispositivo, mediante el cual todas las informaciones debían ser revisadas antes de su transmisión por un comité de censura. Tras el golpe militar del 4 de junio, Marmaduke Grove instala un gobierno socialista y lo primero que hace es ordenar el funcionamiento de una radioemisora en Palacio de La Moneda, desde donde se lanzaba diatribas contra la oligarquía y loas al socialismo.

Otra etapa negra se vivió en el régimen totalitario de la Junta Militar encabezada por el General Augusto Pinochet. Quien no recuerda esa dolorosa transmisión de la toma de Palacio, donde el presidente Salvador Allende prefirió quitarse la vida antes de caer en manos de la dictadura. Luego vino la persecución de miembros de la oposición y el silenciamiento de todas las voces que se alzaban en contra del régimen de facto, donde no solo se apresó sino asesinó a hombres vinculados a la prensa y al arte, como ocurrió con el cantautor Víctor Jara, fusilado en el Estadio Nacional a los 41 años, luego de ser apresado el 11 de septiembre en la universidad Técnica donde enseñaba. Antes de ser acribillarlo con 44 disparos le destrozaron la mano con la culata de un fusil.

Ni los discjockeys se salvaron en Chile. Estos fueron empujados a dedicarse a otras actividades por no adecuarse a las nuevas reglas totalitarias. Es el caso de Ricardo García, conductor del programa “Discomanía” en radio Minería, que entra en reemplazo de otro extraordinario disjockey, Raúl Matas y luego conduce su propio programa “El show de Ricardo García” en radio Corporación, quien después del golpe de estado del 11 de setiembre de 1973, fue obligado a salir de la radio. Pero García, no fue el único amenazado por la dictadura, cientos de comunicadores chilenos tuvieron que salvar sus vidas huyendo a otros países.

Esta es solo una parte de la historia. En todos los tiempos, los dictadores, de derecha e izquierda, lo primero que hicieron al asumir el poder, fue controlar los medios, especialmente la radio por su gran cobertura. Por las buenas o por las malas, terminan por arrinconarlas, empezando por las más importantes, porque las más pequeñas se regulaban solas, por temor.

Pero, así como soportó días difíciles, la radio también disfrutó de grandes momentos, llevando a los hogares excelentes transmisiones como cuando el hombre pisó por primera vez la superficie de la luna aquel domingo 20 de julio de 1969, o de inolvidables tardes deportivas, difundiendo durante dos décadas la música de la nueva ola, programas de concursos, humorísticos y culturales, que hicieron más grata nuestra existencia. Todos tuvimos algo que ver con la radio. Quien no la ha oído alguna vez en su vida es sordo o ya está muerto.
Yo, particularmente me siento doblemente feliz, por haberla escuchado desde niño y haber trabajado en importantes emisoras haciendo pasear mi voz por el mundo en la época más brillante de este maravilloso medio de comunicación.

Una respuesta to “El poder de los Medios de Comunicación.”

  1. Pedro J. Sánchez Gamboa Says:

    Admirado, como profesional del medio, por todo el valiosísimo contenido. Agradecido me será muy util.

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