El tránsito en Lima es un caos

Rostros fieros, tensos, adustos, miradas que van de un lado a otro, conductores que fuman como chinos en quiebra, ojos que se clavan en el maldito semáforo que no cambia, celulares que se calientan en la oreja, ojos que se quieren comer el reloj, madres que gritan a sus hijos que dejen de jugar en el asiento de atrás, padres al borde de la locura que quieren bajarse de carro, calvos que se tiran de los pocos pelos que les quedan, chicas que no dejan de pasar mensajes diciendo que llegarán tarde a la cita, policías que brillan por su ausencia, motociclistas que se suben a la acera, gente que tiene el hígado revuelto, chicos que duermen la siesta por no ceder el asiento, choferes de micro que sudan la gota gorda, cobradores que gritan ¡al fondo hay sitio!… Ese es el panorama que se vive a diario en las calles de Lima.

¿Hasta cuándo Señor de los temblores? se regunta una viejita piadosa mientras se santigua al pasar por el templo de la avenida Tacna. ¡Esto es una mierda! Grita un empleado que ha demorado dos horas para llegar a su centro de trabajo. ¡Las autoridades son unos hijos…! Brama el hombre de atrás, que sale como un loco porque prefiere irse caminando antes de esperar que se soucione el atolladero de carros. ¡Son unos concha…” Se lamenta el taxista al ver que la aguja del marcador de gasolina lo tiene ya en la zona de reserva.

Y frente a este caos, todos tienen la razón de quejarse, porque el tránsito en Lima, sencillamente es un desastre, es la mayor tragedia que a diario tenemos que soportar. Y claro, como este pandemonio nos les afecta a las autoridades porque ellas tienen a su servicio a la policía motorizada que les abre el camino, no les interesa mover un dedo para solucionarlo.

Ni las ambulancias se salvan de este lío, por eso muchas personas se mueren antes de llegar a los hospitales. Para los bomberos tampoco la cosa es fácil, por eso casi siempre llegan al final de los incendios y, para colmo, encuentran los grifos oxidados y sin agua. Todo esto es una vergüenza. No es nada raro ver a funcionarios de organismos internacionales atrapados en u atolladero sin poder asistir a sus citas a tiempo porque no les dijeron que en Lima, hay que salir por lo menos con dos o tres horas de anticipación si se quiere llegar con puntualidad a una reunión. Y todo por culpa del tránsito.

Los municipios han gastado mucho dinero en la instalación de los llamados semáforos inteligentes (¿?), que para mí deben llamarse semáforos brutos porque en lugar de solucionar el problema lo han complicado, como sucede en la esquina de las avenidas El Polo y Raúl Ferrero, donde el tránsito es un desmadre.

Pero este caos es en todas partes. En la Javier Prado, ni qué decir. Aquí todas las horas son punta, como llaman los genios que ven el problema del tránsito, porque desde la avenida La Molina, hasta la altura de Arenales, es una procesión de carros de nunca acabar. Me acuerdo que en la inauguración se dijo que esta sería una vía rápida que aliviaría el tránsito. ¿Rápida? Ni en la madrugada.

En realidad no existe en Lima ninguna vía rápida. Por eso le sugiero al alcalde que le cambie de nombre a la vía de Evitamiento con el de la vía Crucis, por los padecimientos que a diario tienen que afrontar los miles de conductores que hacen uso de esta importante vía.

Es pues urgente que el alcalde de la Municipalidad Metropolitana, los burgomaestres de los municipios distritales y las autoridades de la dirección General de Tránsito se reúnan para buscar una rápida solución a este álgido problema y no sean objeto de las maldiciones de los miles de malhumorados pasajeros y conductores que se sienten impotentes y ya están al borde de de la locura.

Y que no se diga que los únicos que pitean son los que tienen auto propio. Al contrario, los que más sufren son los pasajeros de a pie, que tienen que viajar muchas horas para llegar a sus trabajos.

Es una lástima que todos los estudios y más estudios que se ha hecho, gastándose muchos miles de soles, se hayan ido al tacho, como tantos otros proyectos, entre ellos el del tren eléctrico. Por lo menos por vergüenza debería apurarse este proyecto que duerme el sueño de los justos, mejor dicho de los injustos, aunque ya se dió por fin la buena pro para la construcción de las obras civiles y electromecánicas del proyecto luego de 23 años ¡mama mía, que estupidez! Las emprsas que ganararon la licitación son la peruana Graña & Montero y la brasileña Odebrecht. Dicen que los trabajos se concluirán antes que Alan deje el mandato. Ojala sea así porque no olvidemos que esta obra se inicio en su primer gobierno, por eso la gente duda que ahora sí circulará este tren fantasma.

Otra cosa ¿Y el chatarreo? Este es otro royecto que camina a ritmo de tortuga coja. En este plan debería priorizarse el cambio de todas las unidades obsoletas de transporte público, empezando por las malditas combis, para ser reemplazados por buses grandes y a gas, para que no sigan contaminando el medio ambiente, que es otro de los graves problemas que aún no se acometen con seriedad.

Finalmente, invoco al presidente, al alcalde, a los congresistas y a todas las autoridades, para que se pongan de acuerdo y no se dejen mangonear por microbuseros, ni coimeros, y solucionen de una vez por todas el grave problema del tránsito, antes que sea tarde y la ciudad termine explotando.

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