Derechos Humanos: Una situacion preocupante

Efectivamente, el informe de Amnesty International donde se revela que la situación de los derechos humanos en el mundo vive su peor crisis, al extremo que si no se toman las medidas adecuadas podría provocar un estallido social de consecuencias impredecibles, es sumamente preocupante.

Y es el colmo que a eso estemos llegando. Ultimamente la población parece más irritada. En el ambiente se nota un peligroso nerviosismo colectivo y la gente se exaspera fácilmente por cualquier motivo.

Se dice que entre las causas de esta crítica situación, a la que hemos llegado, están la impotencia para la solución de los problemas, la inseguridad, la indignidad y la injusticia. Y a esto se añade la crisis económica mundial que ha aumentado la pobreza en el mundo. Cada seis segundos muere un niño en el planeta, siendo el África y la América Latina las zonas más castigadas, donde más de setenta millones de habitantes viven con menos de un dólar al día.

No hace mucho, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) alertó sobre la posibilidad de un aumento de la pobreza en América Latina si no se soluciona el problema de la crisis internacional que nos agobia a todos. Esto significaría que todos los esfuerzos que se han hecho para bajar los índices de pobreza, como se hizo en Perú, se echarían por tierra porque más de nueve millones de personas volveríana a caer por debajo de los llamados niveles de pobreza.

La recesión mundial, asimismo, ha generado la peor crisis laboral de los últimos cincuenta años. Son miles los trabajadores que a diario son despedidos de las empresas, perdiendo su seguridad social.

Y mientras la población sigue creciendo exponencialmente, el empleo está decreciendo en forma acelerada.

Y frente a estos hechos, los gobiernos, que están más preocupados por mantener los equilibrios macroeconómicos, hacen oídos sordos a los reclamos de los marginados. Entretanto, la desnutrición y la falta de atención sanitaria y la discriminación agravan más la situación, especialmente en las zonas rurales, donde su ganado está desapareciendo por falta de pastos como sucede en Puno o las provincias altas del Cusco, Apurímac y Huancavelica.

Muchos creen que solo se atenta contra los Derechos Humanos cuando se hacen detenciones extrajudiciales o cuando se producen torturas y no cuando el estado incumple con su obligación de satisfacer las necesidades básicas de la población.

Las reuniones de los líderes de las naciones más desarrolladas conocidas como el G-8 y el G-20, no han podido aún solucionar el problema del hambre en el mundo, o simplemente no quieren hacerlo porque tienen otras prioridades como el peligro nuclear que representa Corea del Norte, Irán y ahora Afganistán. Igualmente la Organización de las Naciones Unidas tampoco encuentra la fórmula para acabar con el flagelo de la desnutrición porque su prioridad son las guerras, cuando debería ser todo lo contrario, porque con hambre, injusticia, inequidad y odio, jamás habrá paz en el mundo.

Nada podermos esperar de las Naciones Unidas porque ni siquiera puede hacer cumplir sus propias resoluciones como sucede con Corea del Norte, donde sus líderes se ríen de las sanciones. Tampoco se hace nada con los abusos que se cometen en la China, donde en pleno Siglo XXI todavía se reprime a los grupos religiosos y se persigue a periodistas y abogados, temas que, aunque de manera soslayada, trató el presidente Barack Obama en su última gira, pero a decir verdad, le faltó más contundencia y menos diplomacia, porque no es posible que siendo la China una de las naciones más ricas del planeta, pague los peores salarios.

En esta lucha por los derechos humanos no puede haber contemplaciones. Todos estamos en la obligación de velar por su cumplimiento, sobre todo cuando se trata de los derechos referidos al niño, donde hay mucho por hacer. Muchos de ellos todavía siguen trabajando en condiciones inhumanas, casi de esclavitud, sobre todo la minería informal, tal como sucede en los lavaderos de oro informales de Madre de Dios. Otros aún deambulan en las calles pidiendo limosnas. Hay niñas dedicadas a la prostitución infantil y chicos que van a sus colegios con el estómago vacío y los pies descalzos. Y lo más grave es el aumento del número de niños y niñas que son abusadas sexualmente, incluso por sus propios padres.

Pienso que, mientras subsistan estos problemas, se seguirá atentando contra los derechos humanos y en esas condiciones será muy difícil que haya paz en el mundo.

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