La muerte se llevó a la tia Julia

Julia Urquidi Illanes, la mujer a la que amó apasionadamente el escritor Mario Vargas Llosa y la convirtió en su principal fuente de inspiración para escribir una de sus novelas de más éxito, falleció a la edad de 83 años en su tierra natal Cochabamba-Bolivia.

En la década de los cincuenta, este fue uno de los amores más célebres y a la vez uno de los más criticados por el hecho que Julia era tía de Mario. Y como ambos pertenecían a conocidas familias de la clase media alta miraflorina, la chismografía no tardó en convertir esta unión en un escándalo, más por hipocresía que por razones morales.

Ella, con sus 29 años ya era una mujer hecha y derecha que sabía lo que hacía y él, con sus 19 estaba dispuesto a todo, incluso de soportar las críticas callejeras con tal de unirse en el altar con la mujer que amaba entrañablemente. Y así fue. En 1955 logró cumplir sus deseos casándose con ella.

Al principio no todo fue felicidad. Tuvieron que pasar serias dificultades, especialmente cuando se hallaban en París, donde tenían que compartir un solo abrigo y turnarse para salir a la calle. Fue cuando Julia sacó a relucir toda su fuerza moral para animar a Mario a que siga escribiendo. Con mucha razón, en una oportunidad declaró: “sin mi ayuda no hubiera sido escritor”. Esto lo corrobora el mismo Mario en la dedicatoria que escribió en su libro: “A Julia Urquidi Illanes, a quien tanto debemos yo y esta novela”.

Nunca dejó de reconocer este apoyo. En otra oportunidad el escritor declaró que Julia lo había ayudado mucho y lo había estimulado en su trabajo de escritor.

Lamentablemente las desavenencias pudieron más que el amor y el matrimonio fracasó. Coincidentemente, después de su divorcio, Mario Vargas Llosa contrae nupcias con su prima Patricia Llosa. Hecho que es aprovechado maliciosamente por sus enemigos políticos en las elecciones presidenciales, para recordarle su preferencia por los parientes.

Lo que está claro es que Julia Urquide tuvo mucho que ver en la vida del escritor. Fue su gran apoyo y quien lo alentaba a seguir escribiendo. Según sus propias declaraciones, lo ayudaba a copiar sus borradores y algunas veces hasta lo obligaba a sentarse a escribir. “Los dos nos necesitábamos”, declaró mucho antes de dejar este mundo.

En 1983, tanto era su dolor por la separación que se atrevió a sacar a luz un libro titulado “Lo que Varguitas no dijo” donde, según declaraciones del escritor, esto terminó de arruinar la relación.

Lo que sí es cierto es que, para bien o para mal, muy difícil será que los amantes de la literatura olvidemos a la “la tía Julia”. Vivirá siempre en nuestra memoria.

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2 comentarios to “La muerte se llevó a la tia Julia”

  1. Mauro Says:

    Hola herberth:
    Es la primera novela que leì de un tiròn el año 77, y lo volvi a reeler hace unos meses atràs.
    Allì empezo mi romance con la lectura, gracias a la tia Julia y lògicamente a Vargas Llosa.
    Que descanse en paz
    Mauro

  2. Muerte a Vargas llosa Says:

    (El blog se reservó el derecho de recortar el comentario sobre Vargas Llosa por extensión)

    …Quienes disfrutamos del impacto de una Ciudad y los Perros, Conversaciones en la Catedral y la Misma Casa Verde, austeras, envolviéndolo todo en esa atmósfera gris como el cielo de su Lima protagónica, para rematar en una frondosa y adictiva Guerra del fin del Mundo, comenzamos a sentir que afloraba un algo indefinible que lo hacía más “fácil de leer”.

    Esta “crónica” no pretende convertirse en un espacio de crítica literaria, sino en un intento de descifrar la moral de un hombre reflejada en sus libros. ¿La razón? La admiración generada por este escritor en quien escribe, lo llevó a recorrer toda su literatura accesible hasta ese momento, rematando en su célebre “La tía Julia y el escribidor” relato en el que entrega al escrutinio público el cortejo, noviazgo, matrimonio y separación de un novel escritor con Julia Urquidi (así, con nombre y apellido). Paralelo, ese personaje misterioso y entrañable de Pedro Camacho, el escribidor. Como dijo alguien, el gran mérito del autor fue dotar de diferentes voces narrativas (ágil y genial de “la tía” y el ampuloso, redicho y truculento del escribidor), a las dos tramas que se desarrollan paralelamente con él como nexo entre ambas.

    El deslumbramiento duró hasta que descubriera que la tía Julia era, de verdad su tía Julia, boliviana y doce años mayor, que debió afrontar los prejuicios de familiares y conocidos y el abandono, tan irresponsable como su relación, del tan prisco ex-poso y escritor. La respuesta de la Tía Julia, “Lo que Varguitas no dijo”, desnuda al hombre, desmitifica al coloso, humaniza al semidiós. Regina Irae, la autora de este artículo, redondea la imagen que iba apoderándose de la mente de quien escribe: Pero es una simple mujer, su tía Julia, su ex mujer (se casaron el 15 de julio de 1955 y se separaron en 1964) quien lo arranca de su Olimpo, le arranca rudamente su corona de aurífero laurel, le esputa en la cara y con una contundente bofetada, lo hace sangrar por la nariz, ergo, ya no es un Dios. Ecce Homo. Descubrimos a un ser humano lleno de indecisiones, de dudas, de culpas, de medias verdades, de bajezas, insoportablemente leve. Actuando como nunca lo hubiéramos siquiera imaginado, revolviéndose en el fango como el animal mamífero que es.

    Como dato adicional agregamos que es imposible conseguir dicho escrito, recogido de todas las librerías, comprado al precio que fuera, garantizando, a la fuerza, el silencio de la tía Julia. Otro signo de su bellaquería.

    ¡Qué lejos de ese cronista deslumbrado relatando brillantemente lo que significó para él ver comer a Neruda!, de sus crónicas dominicales que te ofrecen la delicia de un castellano notable, llevadero e inteligente… o el prejuicio odioso sepultando la calidad literaria tras la crónica que pareciera escrita por encargo.

    En estos días, las páginas sociales de los “grandes” periódicos de distribución nacional desplegaron, a página completa, la ilustre visita del no menos ilustre personaje de la literatura y la política (¿O es al revés?) internacionales, Mario Vargas Llosa (¡tan buenmozo él!), con quien deben haber pugnado por retratarse los y, sobre todo, las notables de la comarca. En lo que respecta al periódico El Nacional, ganó la casa y solo tuvo el privilegio de salir con él, en desanudada pose, su director, el hijo de papá, Bobolongo para quienes lo conocen desde niño. El titular en grandes letras: “Cálido Encuentro entre amigos”. De corifeos, el burgomaestre Ledesma, el ex prófugo Enrique Mendoza, el futuro prófugo Alberto Federico Ravell y, arrinconado allá abajo, Álvaro Vargas Llosa quien, a pesar de los apellidos, no es su hermano sino su hijo.

    De Vargas Llosa 2 debemos mencionar un libro que, a pesar de la avalancha publicitaria que acompañó su salida al mercado, ya nadie recuerda: “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” en coautoría con el inefable Plinio Apuleyo Mendoza (nombre de emperador romano y aspecto de duende malévolo) y Carlos Alberto Montaner, adalid de la gusanera cubana. Tres genios para un panfleto…

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