Ingrid Betancourt quiso aprovecharse

La angurria siempre fue mala consejera. Ingrid Betancourt, la ex candidata presidencial colombiana que estuvo secuestrada durante seis años en un campamento de las FARC y fue liberada en un impecable operativo de inteligencia por las FFAA colombianas con el apoyo de los EEUU y Francia y solo hace algunos días sorprendió al mundo al demandar al gobierno una compensación económica de seis millones de dólares por “los perjuicios ocasionados durante su cautiverio”, se vio obligada a retirar la demanda avergonzada por las críticas que le llovieron de todas partes.

Este pedido de dinero fue una actitud realmente vergonzosa, de total desagradecimiento a los esfuerzos hecho no solo por su gobierno sino por otras naciones del mundo que trabajaron por su liberación. Su angurria le hizo olvidar de todas las manifestaciones de solidaridad de millones de personas que a diario llenaba calles y plazas en su país y las principales capitales del mundo.

Su absurdo, como era de esperarse, provocó una ola de protestas y la indignación incluso de sus compañeros de cautiverio. En un libro que publicaron los rehenes norteamericanos que estuvieron con ella, revelan de la doble moral que tuvo en los días de su cautiverio y la falta de solidaridad con sus propios compañeros. Del mismo modo, sus amoríos con un miembro de las FARC y su frialdad con su ex esposo el día de su liberación siendo él quien más luchó por ella, la muestran con una imagen distinta a lo que se creía.

Para hacerla desistir de esta cuantiosa demana legal tuvieron que recordarle que, a pesar de las advertencias oficiosas y oficiales que le hicieron, no acató las recomendaciones de las fuerzas de seguridad el día de su secuestro. Y hasta le mosraron las pruebas.

El aprovechamiento nunca es bien visto, por eso la protesta no se dejó esperar, incluso de la gente que la apoyó en los días de su cautiverio.

Con esto, lo único que Ingrid Betancourt ha logrado es echar por tierra su prestigio y acrecentar las dudas sobre su conducta. Pienso que hasta en Francia, país donde ha declarado sentirse más a gusto, la gente ya no piensa igual luego de esta metida de pata. Eso le pasa pues por querer pasarse de viva.

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