Murió Luis Jaime Cisneros

La intelectualidad peruana está de luto. Al medio día de hoy murió en la clínica Ricardo Palma Luis Jaime Cisneros, escritor, letrado, pensador, linguista, ex integrante de la Academia de la Lengua, fundador y presidente de la Asociación Civil Transparencia y, por encima de todas las cosas, docente universitario de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), donde es considerado un mito. Murió a los 89 años en su ley, rodeado hasta sus últimos días de sus libros, preparando dos obras que debían ser publicadas próximamente y rodeado de Sara, su esposa, de sus hijos Luis Jaime, Cecilia, Sarita y Nacho y de sus nietos, a quienes amaba entrañablemente.

Se fue el gran Luis Jaime, el recitador de la voz susurrante por un problema en sus cuerdas vocales, el visionario quien, a pesar que desde 1986 solo veía con su ojo derecho, por habérsele enceguecido el izquierdo, era un escritor iluminado, un consejero sabio. Fue profesor del Departamento de Humanidades de la PUCP y apreciado decano de la Facultad de Letras. Recibió las Palmas Magisteriales y tres veces el Premio Nacional de Cultura. Encandilaba a sus alumnos con sus clases magistrales, preparadas con esmero y siempre con anticipación porque quería que lo entiendan. “Si no comprendes no puedes explicar lo que comprendes, para qué diablos hablar con el otro”, decía.

En una entrevista que le hizo El Comercio confiesa que quiso ser neurocirujano porque “el cerebro siempre me ha atraído, por eso nunca me interesó la política porque para ser político no hay que tener cerebro”. Sin embargo, ayudó a fundar el partido Demócrata Cristiano.

Su padre Luis Fernán, cuando se desempeñaba como director del diario La Prensa fue deportado a Argentina por lo que, él y sus hermanos, tuvieron que estudiar en esa nación. Luis Jaime también llegó a ser director de La Prensa y luego del diario El Obsevador. Decía que las cosas que más detestaba eran la impuntualidad, la improvisación y la educación.

Con su muerte se va un gran intelectual, sin embargo, se quedan sus enseñanzas, así como sus libros “Estudio de la obra del Lazarillo de Tormes”, “”El Estilo y sus límites”, Lengua y Enseñanza”, “Lengua española” y otros más y, lo más valioso, su ejemplo. Las aulas de la PUCP se quedarán definitivamente vacías por su ausencia y en silencio porque nunca más se oirá el susurro de su voz pero sí, estamos seguros, llenas de sus recuerdos.

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