La venganza de los gay

Los homosexuales de Lima no pudieron ser más imaginativos para vengarse del obispo Luis Bambarén por el trato de “maricones” que les dio hace unos días, y darse de besos en pleno atrio de la Cateral de Lima. Según varios observadores, esta fue una mariconada porque el templo nada tiene que ver con este pleito y además no se tomó en cuenta que está terminantemente prohibido hacer manifestaciones en el centro de la capital, por más que sea un besuqueo entre homosexuales.

“Dios perdona el pecado pero no el escándalo”. Y esto ya se pasó de vueltas. Fue una agresión contra la majestad de la iglesia, una provocación a las buenas costumbres, una mariconada más que, por supuesto, mereció el rechazo mayoritario.

Y, para colmo, los señoritos se sintieron víctimas cuando la policía los desalojó. Se quejaron que los habían agredido con sus palos. ¿Y qué querían? ¿Qué los saquen a pañuelazos?

Respetos guardan respetos. Los homosexuales pueden hacer todo lo que quieran con sus vidas y sus cuerpos, pero sin atentar contra las buenas costumbres y sin agredir moralmente a los menores de edad y damas que tienen todo el derecho de circular por nuestras calles y plazas. Peso eso de vestirse escandalosamente, besuquearse con lengua en plena vía pública es un atetentado contra la moral pública.

Estamos avisados, con tal de llamar la atención los homosexuales son capaces de hacer cualquier cosa.

La policía no hizo más que cumplir con sus obligaciones y me parece otra mariconada que el jefe de la policía los haya citado a su oficina para pedirles disculpas. ¿Hará eso mismo con los obreros apaleados de construcción civil o las dirigentes del vaso de leche? ¿Les pedirá disculpas a los mineros que son golpeados salvajemente cada vez que se manifiestan en las calles? ¿Se disculpará con maestros del Sutep que son agredidos cada vez que quieren ingresar a la plaza?

Lo justo sería que la policía los mida a todos con la misma vara.

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Una respuesta to “La venganza de los gay”

  1. herberthcastroinfantas Says:

    Dino:
    Los pecados de algunos curas no pueden afectar a toda una institución. En todas las organizaciones hay buenos y malos elementos. No por eso podemos dejar de reconocer la misión que cumplen estas entidades en la sociedad.

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