Entre el sida y el cáncer

A casi el 96% de los resultados oficiales de las elecciones presidenciales, dadas a conocer por la ONPE, la diferencia entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski es de casi cuatro por ciento, lo suficiente como para reconocer que la candidata de Fuerza 2011 será la contendiente de Ollanta Humala en la segunda vuelta. Este resultado confirma el vaticinio de Mario Vargas Llosa en el sentido que los electores tendremos que optar “entre el sida y el cáncer”.

Vargas Llosa acertó en su pronóstico pero se equivocó pidiéndole, a través de emisarioS ultrasecretos la renuncia de PPK, el único candidato que subía, seguramente con la sana intención de favorecer a un Alejandro Toledo, ahora en picada y evitar que Keiko Fujimori pase a la segunda vuelta.

Ahora estamos frente a los dos candidatos más cuestionados, por un lado Humala, por sus posiciones radicales y sus vinculaciones, según las malas lenguas, con el chavismo y, Fujimori, por llevar sobre sus espaldas la carga de un gobierno antidemocrático y corrupto y, además, por estar rodeada de los mismos políticos que acompañaron a su padre que repiten en todo momento que seguirán con la política del “mejor presidente de la historia del Perú” y no son capaces de reconocer sus errores. Para ella, todo lo bueno lo hizo su padre y todo lo malo Montesinos.

El panorama político es pues muy complicado. Los votantes desilusionados por la derrota de los candidatos de su simpatía están muy afectados y desorientados. No saben qué hacer. Por eso será importante la orientación que ofrezcan los medios de comunicación, tirados a un solo lado, el de Keiko, aunque no creo que tengan el suficiente poder de convencimiento porque quedó demostrado que los peruanos ya aprendieron a votar por convicción y no por miedo. Ya no se dejan llevar de las narices por la propaganda, las encuestas o las primeras planas de los periódicos. Por eso, sinceramente pienso que PPK está perdiendo su tiempo actuando como tonto útil y como operador en la sombra de Keiko Fujimori, luego de su derrota en las urnas porque sus simpatías por el fujimorismo, destapadas por Toledo, lo colocan en una situación incómoda. Recordemos que Toledo, muy mortificado, dijo que PPK le insinuó su apoyo a Keiko con ocasión de su visita para proponerle su adhesión al llamado “Pactro por el Perú”. Así no es la cosa. Si PPK quiere que su proyecto llegue a buen puerto y superviva en el tiempo debe mantener su neutralidad y no parcializarse con la hija del sentenciado por delitos de lesa humanidad. Eso no es jugar limpio con sus simpatizantes.

Igualmente, sospecho que los partidarios de Toledo, en un gran porcentaje apoyarán a Humala por el altísimo rechazo al fujimorismo partido convertido en una dinastía, donde Keiko podría ser presidente, heredando el sillón presidencial que dejó su padre y su tío Santiago y su hermano Kenji, congresistas.

Del mismo modo, los seguidores de Castañeda se dividirán, los más afectados por la pobreza y la desigualdad, que no son pocos, se irán hacia la tienda de Humala de manera masiva y el resto a la de Fujimori. Los simpatizantes de PPK que en su mayoría son jóvenes (así se demostró en las redes sociales), afectados por el pésimo manejo económico de los últimos gobiernos y ansiosos de cambio, se irán unos tras Humala y otros seguramente tomarán posturas contrarias, como viciar su voto o votar en blanco. Los prtimeros harán lo mismo que Vargas Llosa, votar por Humala siempre y cuando este siga morijerando sus posiciones velasquistas y chavistas. No olvidemos que los estudiantes de las universidades, especialmente de La Católica y San Marcos, junto con los sindicatos de trabajadores, políticos demócratas, fueron los que más combatieron en las calles y plazas contra los abusos de poder de Fujimori y lograron evitar su reelección por un tercer período. Sin ellos seguramente que hasta ahora estaríamos gobernados por el chino y Montesinos.

El Perú no se merece esto. Sin embargo, hay que respetar el mandato de las urnas, eso es lo democrático. Los elegidos son, guste o no guste, la decisión de los electores y el reflejo de nuestra realidad nacional. Y mientras no haya un cambio en la educación y una responsable cultura política, la vida seguirá igual.

Lo que no está bien es que, gente interesada y un sector de la prensa, ya estén maquinando alianzas, sugiriendo primeros ministros, componendas y pactos, antes que se haya definido la elección. Si el pueblo elige a uno u otro candidato será por sus planes de gobierno y políticas económicas y no porque así lo quieren los propietarios de los medios, la CONFIEP y sus asociados como la Sociedad Nacional de Industrias, la Cámara de Comercio, la Sociedad de Minería o los políticos tradicionales que quieren más de lo mismo. Entonces ¿Cómo se hará el cambio que ha exigido el pueblo en las ánforas? No olvidemos que el descalabro del Apra y otros partidos tradicionales en las últimas elecciones fue, entre otras cosas, por la crisis moral que atraviesan, porque no les dió la gana de combatir la corrupción, realizar una distribución equitativa de los beneficios del crecimiento y hacer las reformas que el pueblo exigía. Hay pues tosudez para no querer entender el mensaje de las ánforas.

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