Osama Bin Laden fue muerto

Osama Bin Laden, el terrorista más buscado de todos los tiempos fue muerto al norte de Pakistán luego de un rastreo que duró varios meses utilizando los medios más sofisticados de inteligencia, desde el satelital hasta el más sencillo como darse cuenta que en la casa donde cayó no se sacaba la basura sino que se incineraba para evitar su revisión y estaba extremadamente resguardada y amurallada. Pero el dato de inteligencia más importante lo proporcionó el médico paquistaní Shakil Afridi, reclutado por la CIA para participar en una campaña de vacunaciión falsa y extraer muestras de ADN entre los familiares más cercanos de Bin Laden y luego seguirles los pasos.

A las pocas horas, el Doctor Afridi fue capturado por la policía paquistaní para ser juzgado.

El operativo de la incursión a la vivienda del terrorista fue transmitido en directo y en estricto secreto a la casa blanca, lugar donde el presidente Barack Obama, acompañado de su vice presidente Joe Biden, la secretaria de Estado Hilary Clinton y altos jefes militares estuvieron reunidos para recibir minuto a minuto el desarrollo de los acontecimientos.

Esta muerte tiene muchas lecturas. Por un lado es un alivio para el planeta, un paso decisivo en la lucha contra el terrorismo y un gran triunfo para la democracia porque, haciendo un paralelo con nuestra realidad peruana, Bin Laden fue para el mundo lo que Abimael Guzmán fue para el Perú. Ambos se parecían, no respetaban los derechos humanos y causaron mucho dolor y destrucción. Sin embargo, esto no debe enceguecernos y olvidar que estos enemigos públicos, por más que sean detestables, tienen derechos fundamentales y no podemos tratarlos como ellos trataban a quienes consideran sus enemigos. Eso sería colocarnos a su altura, convertirnos en bestias salvajes y destruir nuestra formación humana y cristiana.

La impecable operación de las fuerzas estadounidenses, que empezó con un dato logrado en Guantánamo donde alguien, no sabemos si por efecto de la tortura o por colaboración, dió el nombre de un mensajero de Bin Laden, el mismo que fue seguido durante varios meses, cuya decisión final fue comunicada a último minuto al gobierno pakistaní para evitar filtraciones de inteligencia. Me temo que los servicios de inteligencia y las Fuerzas Armadas pakistaníes deben sentirse humillados porque los han puesto en ridículo. Los comandos SEAL de los EEU se pasearon en sus narices sin darles tiempo a reaccionar.

La organización terrorista más temible liderada por Bin Laden y causante de los atentados contra las Torres Gemelas en los EEUU (11 de setiembre del 2001) y otras instalaciones norteamericanas y extranjeras en todo el mundo, sin duda, sufre uno de sus peores reveses. Pero esto no justifica que los norteamericanos celebren la noticia en calles y plazas. Ninguna muerte debe ser motivo de alegría por más que se trate de uno de los más encarnizados enemigos públicos. Eso solo atizará el odio y aumentará la tensión en el mundo. Seguramente que, pensando en esto, el gobierno de EEUU tuvo que declararse en estado de alerta en previsión de posibles represalias. En Lima se ha reforzado la vigilancia policial en las principales embajadas, particularmente en la norteamericana.

Bin Laden vivía en un barrio residencial de Abbottabad, en las montañas de Islamabad, al norte de Pakistán, junto con tres hombres y una mujer, quienes también fueron abatidos con él. Su casa era una gran mansión, la más grande del barrio y curiosamente estaba ubicada a cien metros de la Academia Militar del ejército pakistaní, por eso nadie sospechaba que podía estar oculto allí. Esto nos hace pensar que gozaba de alguna forma de la protección de algunos militares pakistaníes.

Esta muerte, a manos de un comando de élite de la Marina de los EEUU (SEAL) es un gran logro para el presidente Barack Obama, tanto político como militar, por su acierto en la estretegia y su valiente decisión, seguramente la más difícil en toda su carrera como mandatario lo que confirma que estaba convencido que solo un trabajo de inteligencia podía tener buenos resultados, a diferencia de su antecesor George W. Bush que prefirió la fuerza, plagada de errores, hecho que ocasionó muchas muertes innecesarias, como ocurrió en Irak.

En momentos en que la popularidad de Obama se iba en picada, la muerte de Osama Bin Laden, sin duda, lo ayudará a mejorar su imagen y lo catapultará a la reelección. Ahora tendrá que lidiar con la economía de su país porque no anda muy bien que digamos y se ha convertido es su flanco más débil por donde lo atacan los republicanos.

Lo increíble de todo esto es que Bin Laden fue entrenado y protegido por la CIA para luchar contra las fuerzas soviéticas que ocupaban Afganistán y, asimismo, mantenía vínculos comerciales con las empresas petroleras del ex presidente norteamericano George W. Bush. Eso nos recuerda el refrán “cría cuervos y te sacarán los ojos”

Dicen que la justicia llega tarde pero llega y quien “a hierro mata a hierro muere”. Eso es lo que ocurrió con Bin Laden, luego de 10 años de persecución, un periodo muy largo donde se gastó miles de millones de dólares lo que hizo sospechar que no se le quiso capturar para seguir disfrutando de ese jugoso presupuesto. Nadie entendía cómo es que teniendo toda la tecnología más sofisticada del mundo no se podía dar con su paradero.

Esperamos que esta operación donde, al parecer la orden fue de disparar a matar y arrojar su cuerpo al mar, sea el inicio de una etapa de paz y no el inicio de mayores actos de violencia en el mundo. No hay que olvidar que Al Qaeda amenazó no hace mucho con desatar un ataque nuclear si mataban a su lider. Esto es preocupante porque quien posiblemente suceda a Osama Bin Laden es Asymar Al Zawahiri, el más radical y sanguinario de los lideres de Al Qaeda, un médico de sesenta años considerado como el verdadero cerebro del movimiento. Ojala se haya eliminado a un terrorista y no se esté creando a un mártir del fanatismo islámico o un dios del terror, inmortalizado por sus seguidores. Por eso resulta oportuno el llamado de Hillary Clinton para que los adeptos de Al Qaeda abandonen las armas y lleguen a un entendimiento para lograr la paz, llamado que esperamos sirva para atenuar la avalancha de amenazas musulmanas a través de la web en venganza por la muerte de su lider ideológico y espiritual.

Muchos no creen que la fotografía del cuerpo inerme metido en un ataud, sea de Bin Laden porque los musulmanes no se entierran así. Lo hacen desnudos, envueltos en una sábana blanca, bajo tierra y mirando a La Meca. Aunque también es cierto que los cuerpos de los pescadores y marinos musulmanes que fallecen en altamar son arrojados a las aguas. Se especula que Bin Laden fue capturado vivo y luego fue acribillado a balazos delante de su familia, en momentos que se aprestaba a coger una AKM.

Decíamos que a nadie debe alegrar una muerte. Por eso no fueron bien vistas las manifestaciones de júbilo en algunas ciudades norteamericanas y europeas. Esto nos hace recordar que tampoco fue bien visto, en su oportunidad, el paseo de Fujimori sobre los cadáveres de los miembros del MRTA abatidos en la embajada del Japón, en Lima y peor aún su recorrido por las calles en un bus batiendo las manos en señal de triunfo. Tampoco estuvo bien que el presidente Alan García diga que la muerte de Bin Laden es el primer milagro del beato Juan Pablo II porque no creo que el Papa, que va camino a la santidad, haga milagros de este tipo.

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