Hugo Chávez se aferra más al cargo que a la vida

Es verdad que nadie está libre de un cáncer, la enfermedad que no respeta a nadie y, en la mayoría de los casos, no se la puede combatir ni siquiera con el adelanto de la ciencia, mucho menos con el poder del dinero o el poder político, salvo que sea en sus inicios. Y quien es atacado por este terrible mal, tiene que saber afrontar con valentía y resignación su cada vez más cercano camino a la muerte.

Por eso resulta sorprendente que Hugo Chávez se aferre más al cargo que a la vida. Su empecinamiento por seguir en el poder no hace más que agravar su situación y la estabilidad política de su país, al que no dudamos lo ama entrañablemente, por más equivocado que esté en su manera de conducirlo.

Lo remendable sería que deje el cargo y se dedique de lleno a restablecer su quebrantada salud para luego, si la suerte lo acompaña, dedicarse a tareas menos estresantes y disfrutar de la compañía de su familia y amigos, más aún sabiendo que le quedan pocos meses o años de vida. Y si quiere seguir en el candelero político, que es lo que más le gusta, bien podría dedicarse a aportar con su experiencia y conocimientos en los foros y debates políticos. Los debates siempre son buenos para que exista un equilibrio de poderes.

Chávez debe asumir la responsabilidad política de dimitir por razones de salud y que sea su vice presidente quien continúe su mandato para que este, al final del mandato, convoque a elecciones. Esa debe ser su actitud patriótica y no hacer lo contrario, es decir atornillarse al cargo. En su amigo Fidel Castro tiene un buen ejemplo quien, igualmente, por razones de salud tuvo que entregar el cargo a su hermano Raúl. Salvo que quiera morir en la casa de gobierno por los homenajes, no se justifica su actitud. Pero, igual, muera o no en la silla presidencial, se le enterrará con todos los honores de su alta investidura, si eso es lo que teme perder.

Forzar su permanencia en la presidencia no es lo más recomendable porque, no solo se agravará su mal sino que, agravará también la crisis política y económica de su país. No olvidemos que la incertidumbre mata más que el mismo problema. Y la situación en Venezuela no es color de rosas, sino todo lo contrario, ya se está poniendo del color de los polos que usan sus partidarios para endiosarlo.

Por otro lado es absurdo el secretismo con que se viene manejando la salud de Chávez. No se sabe si su cáncer es a la próstata, al colon o a la vejiga. Si su mal está haciendo metástasis o ha sido controlado, si necesita quimioterapia o no. Y claro, ante este absurdo secreto de estado, las especulaciones, los dimes y diretes y las bolas corren como reguero de pólvora por las calles. En esta situación nadie quiere hacer nada hasta que las cosas se aclaren y se diga cuál será el rumbo que seguirá el gobierno.

Por eso, se hace cada vez más urgente una actitud valiente y honesta del mandatario Hugo Chávez, por el bien de su país.

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