Diez años después de aquel fatídico11-S

El múltiple atentado ocurrido en los EEUU, un día como hoy, hace exactamente diez años, cambio la historia del mundo y a la vez puso al descubierto las fallas de seguridad de una de las naciones más poderosas del planeta. New York y la capital Washington fueron los blancos escogidos por los 19 comandos suicidas de Al Qaeda.

El ataque a las Torres Gemelas, del Wordl Trade Center,consideradas como el símbolo del poder económico norteamericano y el local del Pentágono, lugar donde se centraliza el máximo poder militar del mundo, significó la más grande derrota de la inteligencia norteamericana.

Hasta ahora el mundo se pregunta ¿qué es lo que falló?

Para mí, todo. El país entero se confió. Se creía que los Estados Unidos eran invulnerables, que nadie osaría atacar su territorio y menos aún un puñado de terroristas a quienes, se decía, los tenían cercados en el Medio Oriente, desde donde era casi imposible que podían atacar a un país resguardado con satélites, misiles y aviones invisibles y armado hasta los dientes y, lo peor, por fuerzas que no contaban con suficientes recursos económicos ni tecnológicos.

Como consecuencia de este ataque se perdieron 3,017 vidas y se hirió la moral del mundo. Cundió el pánico y se vino abajo la seguridad del planeta. Y también perdieron los inmigrantes porque se les comenzó a atacar inmisericordemente, se les empezó a hostigar y odiar más que antes. Luego del 11-S los pasajeros que llegan a los Estados Unidos son humillados por la extrema revisión a que son sometidos. Los vejámenes en los aeropuertos atentan contra la privacidad y el decoro de las personas. Las medidas se seguridad son tan severas y adsurdas que hasta un simpley común cortauñas es considerado como arma.

A partir del 2001 para los Estados Unidos todos los habitantes del planeta son sospechosos, ya no confían en nadie. Actúan sin el más mínimo respeto a la persona humana porque es más fácil sospechar que actuar con inteligencia. Esto ya ha ocasionado más de un malestar en muchas naciones porque, mientras a los estadounidenses se les recibe en nuestros países con decencia y respeto, en el suyo no actúan con la misma reciprocidad.

Hoy, después de diez años de horror, dolor y nerviosismo, pero también de grandes errores, como las represalias a ciegas contra Irak y Afganistán, que solo ha causado la crisis económica más grave de la historia de los EEUU, las cosas tienen que cambiar. Osama Bin Laden ya está muerto y Al Qaeda debilitado, los caudillos del Medio Oriente que antes alentaban y financiaban los actos terroristas y protegían a sus militantes ya están fuera del poder. Los dictadores que entregaban las armas a los enemigos de la paz ya están derrotados. Por eso no hay razón para que se siga actuando como en los primeros días, después de aquel ataque del 2001. Nada justifica que el odio nuble la paz mundial y el entendimiento que debe existir entre todos los hombres que habitamos la Tierra. Recordemos en silencio este día negro de la historia pero olvidemos los rencores, tal como, felizmente, está ociurriendo en Hiroshima y Nagasaki o en Vietnam, donde también murió mucha gente inocente.

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