Una poda necesaria

El gobierno decidió, por fin, reducir el número de oficiales de la policía y armar un nuevo organigrama, esperamos, eficiente y libre de toda vinculación con la corrupción. Son 30 los altos mandos que fueron sacados de la institución. La medida era necesaria porque ya eran muchos los casos en los que estaban involucrados algunos jefes. Basta con recordar que uno de ellos recibió ilegalmente del municipio del Callao nada menos que la friolera de 250 mil soles, según él, para realizar labores de inteligencia. Otro, no tuvo reparos en pedir un auspicio publicitario para la revista policial, nada menos que a un conocido personaje vinculado al narcotráfico, con la intención de embolsicarse varios miles de dólares. También fue defenestrado aquel jefe que declaró a la prensa que una banda de pistacos que comercializaba con grasa humana en el mercado negro, había asesinado a un grupo de campesinos, en su afán de justificar su ineficiente investigación.

Con esta poda no solo fue afectado el personal subalterno, sino los altos mandos, a quienes nadie se atrevía a tocarlos. Sin embargo, Humala lo hizo.

Se ha cambiado también a 17 directores. Y la causa de estos cambios es, a no dudarlo, el estado de inseguridad que impera en el país y no por razones políticas como algunos se empecinan en hacer aparecer. Claro, como era lógico, la piteadera no se dejó esperar, pero no de la población, sino de algunos ex policías, políticos y una prensa que extrañamente se pone del lado de los implicados con el solo propósito de fregar al gobierno.

Si realmente se quiere moralizar el país, se tiene que empezar por arriba y no por los peses más pequeños como siempre ocurría. Algunos jefes, por más que no sean los culpables directos, tienen responsabilidad por callar y hacerse de la vista gorda.

Hay casos realmente inadmisibles que van desde la cotidiana coima en el tránsito, hasta los jugosos sobornos en las compras y los dudosos manejos en el gasto diario. Otros van más allá, están involucrados en la libertad a avezados delincuentes, en el alquiler de armas para asaltos, en la planificación y participación de atracos, hasta en la utilización del uniforme en sus días libres para cometer delitos. En fin, nos pasaríamos escribiendo varias carillas para enumerar la lista de faltas cometidas por estos malos elementos.

La cosa ya se había puesto insoportable. Se llegó al colmo de crear puestos de trabajo para dar cabida a todos los generales que ascendían más por favores políticos que por mérito propio. Cuando lo correcto es tener al personal idóneo en cargos específicos y necesarios. Y la mayoría de estos altos mandos estaba en Lima porque nadie quería ir a provincias. Y, si los enviaban por necesidad del servicio, lo tomaban como un castigo.

La verdad es que había mucha indisciplina y eso había que cortar de plano. La gente llegó al extremo de temer más a un policía que a un delincuente porque cada día aparecían noticias de estos malos elementos involucrados en asaltos a mano armada o en muertes misteriosas en las propias dependencias policiales.

Esperamos que esta poda sirva para que el tronco institucional de la Policía Nacional reverdezca y surja una nueva etapa de confianza y respeto en los hombres encargados de vigilar el orden interno en el país.

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Una respuesta to “Una poda necesaria”

  1. jose Says:

    MEDIDAS NESESARIAS PARA LIMPIAR TANTA CORRUPCION EN TODOS LOS NIVELES. PARECE SERAN LIMPIADOS POR INCONDUCTA. BIEN. HERBERT

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