La minería otra vez en el ojo de la tormenta

Mientras el candelero político se aviva con la negativa de Omar Chehade de renunciar a la vice presidencia, los casos de los congresistas “robacable” y “comeoro” y las encuestadoras se aprovechan de esta coyuntura para salir a las calles a preguntar sobre la popularidad del presidente Ollanta Humala, justo en el momento preciso con el propósito seguramente de infligirle un castigo por haberles hecho quedar como una zapatilla en las pasadas elecciones, donde casi todas estas empresas apostaron por Keiko Fujimori y perdieron, surge un nuevo conflicto minero.

Estos cohetes, coincidentemente, reventaron al mismo tiempo en Cajamarca, Ancash y Andahuaylas, bastiones de las ONGs que están en contra de la minería. Como consecuencia de estos paros hay heridos de gravedad entre los policías y manifestantes, tal como ocurrió en Andahuaylas, donde los revoltosos incendiaron y apedrearon locales públicos y privados. No se salvó ni el hospital. La Comisión de Alto Nivel encabezada por los Ministros Miguel Caillaux de Agricultura y Carlos Herrera de Energía y Minas que habían ido a pacificar las aguas, tuvieron que huir asustados en el único y último vuelo de la única compañía de aviación que presta servicios a la zona, por temor a ser secuestrados luego de haberse negado a firmar el acta presentada por los comuneros porque, a través de este documento, exigían que el gobierno cancele “al más breve plazo” todas las concesiones mineras.

La cosa está pues que arde. Todos creíamos que con Ollanta Humala la solución a estos conflictos iban a ser una realidad porque fue uno de sus caballitos de batalla de su campaña electoral, sin embargo, las cosas están igual o peor, por la falta estrategias gubernamentales para afrontarlos. No quisiéramos que, como sucedió en los anteriores gobiernos, en lugar de solucionarlos a través del diálogo anticipado, los resuelva al caballazo, cuando las masas ya están en las calles y la pradera está que se incendia.

Lo más vergonzoso es que nos estamos peleando por el agua cuando más de dos tercios de este vital elemento se pierden en el mar, sin que nadie haga nada para embalsarlo y utilizarlo racionalmente.

Ya dijimos en un anterior comentario que la guerra por el agua será el dolor de cabeza de todos los gobiernos porque, con el calentamiento global, será cada vez más escasa. Felizmente que nuestro país tiene el privilegio de contar con varias fuentes. No necesitamos todavía desalinizar el mar para alimentarnos o regar nuestras tierras. Basta con que retengamos parte del caudal que se pierde en los océanos Pacífico y Atlantico para satisfacer plenamente nuestras necesiades. Y hasta la podríamos vender a los países vecinos tal como se podría hacer con el gas y la electricidad. Pero como aquí siempre se piensa solo en el presente y no en el futuro, seguramente ya será tarde y más costoso hacerlo cuando nos decidamos.

No hay nada qué hacer, aquella tristemente célebre frase popular, es decir creada por el pueblo “El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro” atribuida equivocadamente al gran profesor de Historia Natural Antonio Raymondi, nacido en Milán en 1824 y fallecido en San Pedro de Lloc-Perú en 1890,país al que consideraba como su segunda patria, cobra hoy vigencia.

Somos ricos, aunque parezca risible, pero en lugar de explotar nuestras riquezas naturales en armonía, nos peleamos como fieras salvajes por un puñado de oro y plata y somos capaces de sacarnos los ojos de la cara por un poco de agua, elemento que felizmente lo tenemos aún en abundancia.

Con la minería, sucede algo peor. Basta una coima a determinados funcionarios corruptos para que las empresas, sobre todo las extranjeras, logren permisos de exploración y explotación en menos que canta un gallo. Por eso los conflictos con las comunidades, porque no se las consulta. A nadie le gusta la depredación de sus áreas de cultivo, la deforestación de sus bosques, de la noche a la mañana, sin que se les tome en cuenta. Es verdad que los habitantes de las regiones tienen la mejor oportunidad de desarrollarse con la minería, pero como se andan peleando entre ellos y no se ponen nunca de acuerdo y por otro lado las autoridades no los toman en cuenta, las cosas salen mal. Para sacarle provecho a la explotación minera solo tienen que trabajar en armonía, vigilando que las autoridades cumplan con su responsabilidad de hacer respetar las leyes, sobre todo aquellas vinculadas a la conservación del medio ambiente, al pago de impuestos y a la utilización racional del agua. Todos, sin excepción, tenemos la obligación de conservar la naturaleza pero a la vez de disfrutar de sus beneficios.

Por eso resulta por demás irracional la intransigencia de algunos dirigentes que se niegan, de manera radical, a la explotación minera. No sería nada raro que detrás de todo este pleito esté también la mano negra de algunos intereses foráneos que ven afectados sus intereses regionales y de los los mineros informales que quieren seguir haciendo de las suyas, contaminando los campos y los ríos, sin que nadie les ponga coto. Ellos saben que con la minería formal y respetuosa del medio ambiente, sus días estarían contados. La minería puede ir en armonía con la agricultura. Para eso están los estudios de impacto ambiental.

Destruir la propiedad privada, incendiar locales públicos y cerrar carreteras son extremos que no tienen justificación. Las protestas se desnaturalizan y no tienen razón cuando se las politizan y mucho más cuando un grupo de dirigentes que tienen vinculaciones con las ONGs ecologistas son intransigentes, testarudos y solo aparecen para sacar provecho personal.

Cajamarca, Ancash y Apurímac son regiones eminentemente mineras y, a la vez, agrícolas. Tienen un gran futuro. Sus habitantes, de ninguna manera deben desaprovechar este gran beneficio de la naturaleza. Tanto la agricultura como la minería pueden convivir, respetando los límites de su ámbito natural. Esperamos que en estos conflictos prime la armonía y sea la razón la que prevalezca.

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