Más me pegas más te quiero

Una vez más un candidato que gana las elecciones con el apoyo de la izquierda, tal como sucedió con Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y ahora Ollanta Humala, apenas se acomodó en el sillón presidencial, olvida ese decisivo voto y le da una patada en el trasero para gobernar con la derecha.

La izquierda no aprende de sus errores. Sigue creyendo ciegamente en los cantos de sirena de aquellos candidatos que dicen ser de izquierda o de “centro izquierda” (versión inventada para calificar a los seguidores de una corriente socialista moderada, no definida, es decir ni chicha ni limonada) y persiste en apoyarlos.

Por eso sorprende que algunos dirigentes de izquierda insistan tosudamente en ser parte de Gana Perú, partido de Ollanta Humala que ya no los quiere. El compromiso suscrito para mantener la alianza hasta el 2016 hace rato que se tiró al tacho. El quiebre ocurrió el mismo día en que fueron defenestrados el premier Salomón Lerner y el bloque de ministros de izquierda para “darle coherencia al gobierno”, según los ayayeros del mandatario.

¡No! Mil veces no, Fue para darle cancha libre a la derecha.

Que los líderes de la izquierda no sean tan boludos. La alianza no existe más señores del Partido Socialista, Fuerza Social, Patria Roja, Ciudadanos por el Cambio, Tierra y Libertad. Reconozcan que una vez más los utilizaron y punto.

Tienen que darse cuenta que están pintados en la pared. Y si vuelven a llamarlos será solo para utilizarlos cada vez que el gobierno lo crea conveniente. En el congreso los utilizarán con vuestros votos y en la calle con vuestras marchas de apoyo. Humala sabe que es mejor tenerlos cerca para que no hagan olas. El no tiene un pelo de tonto. Los tontos son ustedes. ¿Acaso no se han dado cuenta que en todas las elecciones sirvieron de tontos útiles?

Es inocultable que esto también se debe a la atomización de la izquierda. Hoy más que nunca se deja sentir la mano y sapiencia de Alfonso Barrantes Lingán, el popular “Frejolito”, el único dirigente que fue capaz de aglutinar a toda la variopinta izquierda. Claro, hay que reconocer que fue con el apoyo de Gustavo Mohme, fundador de La República, de Jorge Del Prado, Daniel Estrada, de los poderosos sindicatos de Construcción Civil, el SUTEP y una legión de destacados intelectuales y estudiantes de las universidades San Marcos, la PUCP y la UNI.

Ahora, la izquierda está pulverizada, no tiene mayor presencia política en el congreso, en los sindicatos, ni en las calles. Y muchos de los partidos que participaron en los últimos comicios están por desaparecer. Han sido reemplazados por grupos extremistas, dirigentes intratables y oscuros personajes. Esa es la verdad.

Y eso no está nada bien porque el país necesita de partidos políticos sólidos para que funcione la democracia. La izquierda no debe desaparecer porque es la única fuerza que le sirve de contrapeso a la derecha que por cierto no necesita de partidos políticos porque siempre se sintió más cómoda con las dictaduras y, si necesita de partidos, los formará, inventará candidatos y los hará crecer a través de los medios de comunicación que maneja.

El nacionalismo de Gana Perú, tan comentado en la última contienda electoral, también se acabó. Ya fue. El encargado de matarlo fue el gabinete Valdés.

Esa relación de la izquierda peruana con el gobierno me hace recordar aquel dicho popular que grafica al amor serrano “más me pegas más te quiero”.

La jugada fue perfecta: Humala luego de haber ganado las alecciones sacó a la izquierda del gobierno para abrirles las puertas a la derecha más dura y coquetear con el fujimorismo y el militarismo. Como el Apra, con apenas cinco congresistas, prácticamente no significa nada, ahora el matrimonio que quieren formalizar es con el fujimorismo. Pero este compromiso tendrá un costo muy alto: indultar a Alberto Fujimori. Y seguramente que los seguidores del chino lo conseguirán a como de lugar. Ese día la democracia se irá al carajo.

Lo que tienen que hacer los pocos dirigentes de izquierda que aún quedan, como Javier Diez Canseco, es sentarse para formar un gran frente y postular un candidato de consenso para los próximos comicios. Pero eso requiere de un supremo esfuerzo político, despojarse de intereses personales y partidarios. En medio de estas discusiones debe surgir un lider, no un caudillo, es decir un hombre que sea capaz de reunificar a la izquierda y sepa conducir a las masas a destinos superiores, que tenga ideas claras, que sea sereno, inteligente y esté bien preparado para conducir los destinos del país. Hay que buscarlo. No puede ser que la izquierda solo sirva para ayudar a otros a subirse al sillón presidencial y luego reciba una patada en el culo.

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