Quienes son los radicales?

Mientras el partido de gobierno Gana Perú se resquebraja por la deserción de varios de sus militantes, la alianza parlamentaria hace agua por todos lados y la familia Humala se deshace, los voceros de los partidos de derecha y los medios de comunicación que los secundan se aprovechan para hacer leña de este árbol caído.

Unos celebran diciendo que Gana Perú se depura y que eso está bien. Otros, aseguran que Humala se ha limpiado de los ultraizquierdistas y que ahora podrá trabajar mejor porque más vale solo que mal acompañado. El Comercio, uno de los diarios más felices con este sisma, abrió su primera página con un titular a seis columnas asegurando que “los radicales empiezan a abandonar Gana Perú” y en un sub título dice que “el oficialismo se decanta” y que esto servirá para ratificar los postulados de la llamada “Hoja de ruta”.

Aplaudir este resquebrajamiento y hacer reventar cohetes por la renuncia de varios congresistas de las filas de Gana Perú, es un error porque, así como son odiosos los monopolios porque benefician solo a algunos malos empresarios, el unipartidismo, como lo viene alentando la derecha, es repudiable porque puede terminar en una dictadura llevándonos a situaciones inmanejables, tal como ocurrió con el gobierno de Fujimori, que no solo destruyó la democracia sino que quiso perpetuarse en el poder aliándose con las FFAA para hacer unas elecciones amañadas. Y ya vimos cómo terminó.

Alberto Fujimori también llegó a la presidencia engañando a la izquierda y al Apra con un programa tirado más a la izquierda y terminó aplicando el programa liberal de Mario Vargas Llosa, el candidato del FREDEMO. Toledo hizo lo mismo, se valió de las fuerzas populares para acceder al poder y luego se alió con quienes se regocijaban con el insulto de “auquénido” que le endilgó el padre de Lourdes Flores Nano. Ni qué decir de Alan García, con su verbo florido y cachaciento engatusó a medio mundo y se dio el lujo de convencer hasta a los chicos más recalcitrantes de la izquierda, para luego optar por un programa recontra liberal. Tuvo el desparpajo de escribir “El perro del hortelano”  para mostrarse al mundo como un abanderado de una economía puesta al servicio de los más necesitados y terminó mordido por su propio can, haciendo todo lo contrario, aglutinando todo el poder de la economía nacional en sus manos o en las manos de sus ministros y colaboradores más cercanos para favorecer a los sectores empresariales más acomodados, olvidándose de los más humildes.

Y ahora, seguimos igual, o quizá peor. Todas las esperanzas de cambio terminaron con la salida del gobierno de los pocos progresistas que ponían el necesario contrapeso político que toda democracia requiere para evitar los excesos de poder. Hoy no hay ningún puente de entendimiento político que debe existir en una democracia para que no se ponga en peligro la gobernabilidad.

Quienes lo llevaron a la Presidencia a Humala perciben que no solo los han engañado con el cuento de “la hoja de ruta”sino que no hay un buen manejo del país y quien gobierna no es él sino sus asesores militares y Nadine Heredia, su esposa, llegándose al extremo de ridiculizarlo llamándolo “saco largo”. Hasta la Dra. Greta Minaya, miembro del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), ha dicho que “Humala se siente subordinado de Oscar Valdés porque este fue su superior jerárquico en las FFAA”. Más claro ni el agua. Esta percepción de marido dominado, equivocada o no, en parte se debe al protagonismo y demasiada exposición de la primera dama. Felizmente que esta presencia pública, innecesariamente excesiva, ha ido bajando en los últimos días seguramente porque el run run de la gente ya llegó a palacio. Por eso ella no viajó acompañándolo a Europa, tampoco al Brasil, pero metió la pata cuando, en ausencia del mandatario,  preguntó por la titular de Educación  diciendo “Dónde está mi ministra”, sin ser ella la presidenta (aún).Otra cosa que molesta es los quecos que le hace a su esposo, en público.

Entretanto, la situación de Cajamarca y Espinar está entrampada. Se ha llegado a un punto muerto porque hay intransigencia de ambas partes, de los dirigentes que, pueden o no tener la razón, y el gobierno. Ambos están enredados en su propia telaraña. Los primeros buscan convertirse en héroes ecológicos con miras a los próximos comicios sin darse cuenta que ya la gente los ha convertido en ídolos de barro, en extremistas de la política. Y,  el gobierno no sabe cómo desatar este enredo porque sus operadores no gozan de credibilidad. Ya nadie los quiere porque no saben explicar las cosas, ni tienen capacidad para resolver los conflictos, tampoco les da la gana de hacer estudios serios para saber si estas minas contaminan o no el medio ambiente, ni siquiera pudieron explicar a la población, que se siente afectada, los resultados del último peritaje y el estudio de Impacto Ambiental (EIA) que ellos mismos mandaron hacer. Por la falta de una adecuada comunicación dan la impresión que se pusieran más al lado de la empresa y no del pueblo. No saben escuchar solo reprimir. Esto ha hecho que la aceptación presidencial, según las últimas encuestas, haya bajado como por un  tobogán.Tuvo que salir el presidente de la Compañía de Minas Buenaventura y accionista de la Newmont Roque Benavides para aclarar algunos puntos, como la construcción de reservorios para ampliar las reservas de agua en Conga, de 3.5 millones cúbicos de agua a 14 millones cúbicos. Esto no es nada nuevo, pero lamentablemente los funcionarios del gobierno no pudieron explicarlo con claridad. Quizás hasta debieron hacerlo en quechua para que lo entiendan bien los comuneros.

Los puentes están rotos. De eso no cabe duda. Y la única forma que esta situación acabe es que salgan del gabinete quienes se han convertido en las manzanas de la discordia, el presidente del Consejo de Ministros y los titulares de Defensa y del Interior porque han entrado a ocupar estos cargos de manera forzada, en contra de la opinión pública. El mandatario tiene que darse cuenta que estos funcionarios tienen mucho rechazo. Y con  ellos debe salir también el Ministro de Energía y Minas porque tampoco ha podido resolver este entripado, poniendo en peligro la estabilidad del gobierno.

Mientras ellos sigan en sus cargos estoy seguro que no habrá muchas novedades en este frente de batalla. Si se quiere lograr la tan esperada paz social hay que nombrar a un Presidente del Consejo de Ministros que tienda puentes, que promueva  consensos y no le tenga odio a los izquierdistas, ni excluya a los campesinos, a los comuneros y a los trabajadores por el solo hecho de reclamar por sus derechos conculcados. Tampoco el presidente de la República, que debe ser de todos los peruanos, los excluya de las tareas de gobierno como lo hizo con los últimos funcionarios que lo acompañaron desde el principio porque, para bien o para mal, como dijo José María Arguedas el Perú es un país de todas las sangres y en política es variopinto. Y lo que está haciendo la derecha a través de la prensa, batiendo palmas por la salida de los izquierdistas del gobierno, es fomentar el odio y la exclusión y eso es también una forma de radicalismo, peor que la que practican los anti mineros.

Esperamos, asimismo, que las bolas que la prensa ha hecho correr por las avenidas de la ciudad sobre un posible nombramiento de Castañeda Lossio como jefe del gabinete sean solo bolas porque con el caso Comunicore y otros pecadillos aún no aclarados, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

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