Discurso presidencial bajo la lupa

Como todos los años, en Fiestas Patrias, el discurso presidencial es puesto bajo la lupa, porque es el evento más importante y trascendente. Para mí, Humala no quiso tocar a los grandes, evitó chocar con los que lucran con las necesidades del pueblo, con los monopolios, las mafias del transporte, las lavanderías de capitales sucios. No dijo si va o no va Conga, igualmente evitó molestar a los corruptos agazapados detrás del Poder Judicial. Pero, tampoco se refirió a los miles y miles de jubilados que reciben una pensión miserable. Eso sí, se despachó a su regalado gusto anunciando una nueva escala remunerativa para las FFAA y la Policía, mientras que el pedido de los maestros lo pasó de taquito al Congreso para que allí duerma el sueño de los justos en una larga y tediosa discusión sobre la reforma de la Carrera Magisterial.

El mensaje fue lato, por ratos cansado, se dijo más de lo mismo, lo que ya todos conocemos, porque así son estos discursos, como para salir del apuro, sin mayores sorpresas. Y lo que la gente espera es todo lo contrario, grandes anuncios. Que le digan cómo se van a solucionar los problemas del país y cómo el gobierno va a mejorar su situación económica. Quiere saber si se pondrá orden en las calles, si se combatirá seriamente la delincuencia común, el contrabando, el narcotráfico y la corrupción. Y no que le cuenten cuentos, que le hagan promesas que no se cumplirán, que le hablen bonito y luego le den las espaldas.

La gente ya está cansada de anuncios y su situación no cambia, no mejora, sigue igual o peor, porque no encuentra trabajo y, si lo tiene, lo que gana no le alcanza para cubrir la canasta familiar, mientras que los funcionarios públicos se la llevan fácil, calentando el asiento, enredándose en papeles, gastando dinero en proyectos y no en obras.

Lo que más le molesta al hombre de a pie es que tiene que irse a su centro laboral en una combi destartalada, encogido, porque los transportistas les han quitado espacio a los asientos para poner más y no hay autoridad que lo evite. Al ciudadano no le importa un comino que el presidente pida facultades al alicaído congreso, una vez más, sino que se combata la delincuencia de manera seria, que la policía no pida coimas en las calles y acuda en su auxilio y no sirva solo para exhibirse en los desfiles de Fiestas Patrias.

Le interesa un pepino que se fortalezca Petroperú, si va a ser solo para incrementar la burocracia y no para bajar el precio de la gasolina. Tampoco se trata de anunciar la ampliación del seguro para que más personas accedan, sino de construir más hospitales adecuadamente equipados con instrumental moderno, de pagar mejor a los médicos y enfermeros y que no falte medicinas, tal como ocurre hoy.

Esperamos que las nuevas ofertas del mensaje se cumplan, como la irrigación de Pasto Grande, Majes Siguas, la línea II del Metro de Lima, y la construcción del aeropuerto de Cusco, que ya tiene cuarenta años de retraso.

Sin embargo de estos rimbombantes anuncios, hay vacíos. Humala no dijo nada del nuevo contrato con la Telefónica (Movistar), donde las papas queman. Tampoco de las carreteras interoceánicas del norte y centro, se refirió únicamente a vías menores que unirán varios pueblos con una extensión total de 500 kilómetros y mil puentes.

Olímpicamente le tiró la pelota de sus ofrecimientos al MIDIS (Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social), para la disminución de la pobreza, como diciéndole a la ministra del ramo “Ese es su problema”, lo que equivale a sacar el cuerpo y ponerla entre la espada y la pared, sin dinero, sin cuadros técnicos, ni infraestructura, donde hay más personal que sillas.

Ahora solo hay que cruzar los dedos para que Humala cumpla con este nuevo paquete de promesas y no vuelva a defraudar a la ciudanía como lo hizo con sus promesas electorales. No olvidemos que sus relaciones con los sindicatos, organizaciones sociales y pueblo que lo eligió penden de un hilo que, de no manejarse bien la situación, puede romperse, agudizando aún más los conflictos sociales. Esperamos que corran mejores vientos. Le deseamos suerte en su gestión por el bien del país.

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