Héroes, Mártires y Víctimas

A raíz del pedido de un grupo de padres de familia para que se les declare a sus hijos caídos en la lucha contra el narcoterrorismo como héroes, se ha desatado una polémica, nada grata por cierto porque se afectan honras, conductas e intereses, pero que es necesario aclarar.

Disculpen la sinceridad pero, no a todo el mundo se le puede declarar héroe, por el solo hecho haber caído en armas en defensa de la sociedad y de la democracia. Para asumir esos riesgos, los efectivos de nuestras Fuerzas Armadas estudian, se entrenan y reciben una paga, es verdad no muy buena, pero son asalariados del estado. Nadie los ha obligado a asumir esta delicada y difícil tarea, mucho menos ahora que ya no existe el servicio militar obligatorio para decir que los metieron de soldados por la fuerza. Sin embargo, no hay nadie que desconozca ese sacrificado servicio a la sociedad en su conjunto.

Para declararlos como héroes a quienes ofrendan sus vidas en defensa de la patria, existen leyes, normas y reglamentos y es una comisión especial de calificación la encargada de definirlos como tales.

Convertirlos en héroes a todos los que luchan contra el narcotráfico, el terrorismo y la delincuencia común, de manera simplista y por presión de un sector de la prensa o de un grupo de parientes afectados con las lamentables bajas unas veces por errores de sus jefes y otras por falta de preparación para esta lucha desigual, sin adecuadas armas, ni apoyo logístico, sería ponerlos al mismo nivel de Miguel Grau, Francisco Bolognesi, Abelardo Quiñones, Mariano Santos, Alipio Ponce y tantos otros personajes que por sus especiales cualidades y actos de extraordinario valor ocupan las páginas de nuestra historia.

Al parecer hay una confusión con el calificativo.

Héroe es aquel personaje excepcional que en el cumplimiento de su deber ofrece algo más de la misión que se le ha encomendado, capaz de enfrentar cualquier obstáculo y superarlo aunque esté en condiciones inferiores y se convierte en baluarte de una acción valerosa. El héroe tiene mente ganadora y lucha sin importarle los honores que pueda recibir o su propia vida. Tiene una voluntad sobrehumana para asumir los retos. Es un lider nato que no le teme al peligro y está dispuesto a dar su vida por defender la de otros. En su mente no cabe otra cosa que no sea defender una causa que cree justa y está convencido del triunfo o del éxito de su misión. Si gana es un héroe y, si pierde en el intento, también, porque demostró tener una actitud excepcional, valiente y decidida.

El mártir es aquel hombre, también valeroso, que muere padeciendo un gran sufrimiento por defender una causa, una idea, religión o al país que representa. En Perú, hay muchos ejemplos de martirologio. Podemos nombrar, por ejemplo, a la ayacuchana María Parado de Bellido quien sirvió de informante a los patriotas durante la guerra de la independencia. Y al ser descubierta por el general Carratalá, al servicio del Virrey La Serna, fue capturada el 30 de marzo de 1822 y fusilada el 1 de mayo del mismo año.

Otro mártir es José Olaya Balandra, quien en la guerra de la independencia contra España, cuando los realistas habían recuperado Lima y el gobierno patriota se refugió en la Fortaleza del Callao, llevaba mensajes de Chorrillos al puerto y viceversa para mantenerlas informadas a las fuerzas patriotas de las acciones que se estaban tomando, hasta que el general Rodil, al servicio de España, lo descubrió, ordenó su captura y su tortura, sin embargo no delató a sus compatriotas y por eso fue fusilado en la calle Petateros, hoy Pasaje Olaya, en el centro de Lima. Igualmente fue calificado como Mártir de la Medicina Peruana Daniel Alcides Carrión por haberse hecho inocular voluntariamente un brote de verruga, enfermedad que se hallaba investigando, para demostrar que era una dolencia transmisible, anotando sus observaciones sobre los síntomas de la enfermedad.
Estos apuntes permitieron hacer grandes avances en la lucha contra la verruga. En 1886, al cumplirse el primer aniversario de su muerte, esta enfermedad fue denominada “Enfermedad de Carrión”.

Otro término es víctima. Y es para decir de todo ser viviente destinado al sacrificio o que ha sufrido un gran daño. Se dice también de la persona que muere por culpa de alguien. Este término se usa para decir por ejemplo que es “víctima de abusos o maltratos”, “víctimas de la desnutrición” para señalar a esos menores que no son alimentados adecuadamente y que en nuestro país es uno de los flagelos que aún no hemos podido desterrar.

Hay pues héroes, mártires y víctimas. No hay que confundirlos para no generar falsas expectativas en la población y particularmente en los familiares de aquellos valerosos soldados que caen en la lucha contra el narcotráfico, muchas veces por error de sus jefes que, al parecer, carecen de estrategias correctas para enfrentar esta lucha desigual, o por inexperiencia de los reclutados. Y, lo que es peor, por falta de entrenamiento, armas modernas y municiones. A esto tenemos que añadir la falta de una adecuada alimentación, por la corrupción existente.

Tenemos la obligación de reconocer el valor y entrega de nuestros soldados pero sin exageraciones que puedan empañar la figura de los grandes héroes nacionales. Es justo que se les reconozca moral y pecuniariamente por el deber cumplido, pero que exijan monumentos y placas con sus nombres en calles y plazas o que se declare un día feriado para cada uno de ellos, sería una distorsión que hay que evitar.

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