El caos unido jamás será vencido

¿Alcaldesa fuera!…¡La parada no se vende, es del pueblo!…¡Susana nadie te quiere!…¡El pueblo unido jamás será vencido!…¡Palmas compañeros!

Es el grito que sale de las enronquecidas gargantas de los engañados vendedores y cargadores de La Parada, el mercado mayorista más grande y sucio de Lima, convertido en el paraíso de la informalidad.

Aquí están ocultos los reyes de la papa, la yuca, los tomates, las menestras y otros productos. Aquí están los capos que no dan la cara y empujan a quienes les venden sus tubérculos al precio que les da la gana. Aquí están encaramados los “pobrecitos comerciantes” que administran el negocio más lucrativo del país, que evaden impuestos, no pagan salarios sino propinas, ni le da la gana de cumplir con las ordenanzas municipales. En resumen, aquí están los que se ríen de las leyes.

La parada es tierra de nadie donde no entran los funcionarios de la Sunat, Indecopi, ni la policía. Y si entran, salen desnudos o con los bolsillos llenos. Aquí rige la ley del más macho y del más corrupto, del que no le tiene miedo ni a Dios.

Por eso, en lugar de gritar ¡El pueblo unido jamás será vencido! deberían decir “El caos unido jamás será vencido”.

Eso mismo ocurre en el tránsito, donde los que mandan son los dueños de las empresas de transporte que mueven una millonada y aparentan estar en la última lona. Pobrecitos, no tienen plata para renovar sus unidades, sin embargo están forrados en billetes. Nadie los puede tocar. Y si alguien se atreve a ponerlos en su sitio, de inmediato salta la prensa chicha, y a veces la seria también, para brindarles sus micrófonos y sus páginas y despotrican contra la alcaldesa. Se llega a extremos de alentar sus huelgas pretextando que hay que dar a conocer la versión de ambos lados. Pero, ¿Se se da la misma proporción y se maneja adecuadamente la información?

No, las preguntas de los reporteros son por lo general interesadas, sesgadas y dirigidas para que sus entrevistados que están en contra de la autoridad o mejor dicho de la ciudad, den rienda suelta al insulto, al lamento, a la queja de que no ganan nada, que son unos pobrecitos, y que encima les ponen papeletas por gusto y, en fin, se quejan de todo. Y claro, si la prensa les sirve de paño de lágrimas, tienen libertad para decir y hacer lo que les viene en gana. Sus choferes pueden seguir conduciendo con decenas de papeletas sin pagar, sin SOAT, sin revisiones técnicas y con sus unidades destartaladas, con asientos estrechos, rotos y sucios.

Y como la prensa chicha vive de la noticia, pues hay que generar noticia.

Así como los comerciantes de La Parada viven del caos y la informalidad y los malos transportistas del pésimo servicio que ofrecen, la prensa chicha vive del escándalo, de los dimes y diretes y a veces de las pérdidas de vidas porque a más muertes más rating y más lectoría

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