CUSCO (3): El boom hotelero

Acompañado de mis amigos el Arq. Roberto Garmendia, su esposa Bertha y Marithza, mi esposa, decidimos visitar los hoteles que hacen noticia en Cusco. La idea era conocer personalmente sus características, su modernidad, los servicios que ofrecen y, sobre todos aquellos secretos que encierran para que, a mi retorno a Lima, pueda hacer un comentario. Por eso las visitas las hicimos de manera an+onima porque no siempre se puede opinar con objetividad e imparcialidad cuando uno es identificado o, peor aún, si uno es invitado por la empresa.

Nuestro raid empezó en el Marriott, ubicado en la esquina de la calle Ruinas con San Agustín, que hasta hace poco era un lugar oscuro y sucio. Hoy es un bello hotel, con una entrada acogedora y ambientes bellamente decorados. En la recepción hay un derroche de buen gusto arquitectónico con un imponente decorado que simboliza la puesta del sol o algo parecido. En su biblioteca se pueden hallar toda clase de libros de la literatura clásica, universal y peruana, que invitan a quedarse un buen rato. Las obras están acomodadas en estantes de fina madera. Allí también hay un hermoso piano, listo para quien se anime a tocar una canción. En su elegante bar se puede pedir una de las exquisitas bebidas preparadas por un experto barman que no descuida incluir su peculiar toque cusqueño, utilizando en cada mezcla frutos propios de la región. Los precios son relativamente asequibles y no como me dijeron equivocadamente que costaban un ojo de la cara. Mientras disfrutamos de estas exquisitas bebidas, sorbito a sorbito, podíamos contemplar la belleza del primer patio bellamente presentado.

En el segundo patio se respira paz y un aroma a flores. Allí se puede admirar la magnífica iluminación de sus jardines, arquerías y corredores. Sinceramente, nos pareció un hotel de ensueño, digno del Cusco.

Sin embargo, algunas personas con las que hablé, al día siguiente, me comentaron que para su construcción se habían destruido muros incaicos y que las piedras las habían retirado de noche para evitar el control de las autoridades. Si eso ha ocurrido sería lamentable. El Instituto Nacional de Cultura y la Municipalidad tienen la respuesta. Al menos, lo que yo vi, fueron muros incaicos bellamente conservados, donde se levantaron las estructuras modernas, las mismas que no rompen en absoluto con la armonía de lo antiguo, al contrario, lo resaltan y a la vez lo embellece. No ocurrió como en la calle Loreto donde la moderna construcción de un centro comercial rompe totalmente con lo antiguo y, lo que es peor, aquí sí se destruyeron muros incaicos.

Luego nos fuimos a conocer el Hotel Monasterio, ubicado en la plazoleta Nazarenas. El solo hecho de estar en esta plaza nos trajo miles de recuerdos. Además de los viejos monasterios construidos todavía en 1592, uno para curas y el otro para monjas, separados por la romántica callecita inca bautizada como Siete Culebras, me acordé de mi vida de estudiantes cuando los muchachos de entonces, que amábamos la nueva ola, íbamos a ver a las chicas del colegio María Auxiliadora que subían presurosas por la Cuesta del Almirante con sus uniformes color azul y corbatas de motitas.

Me quedé un rato contemplando la romática y misteriosa callecita y el misterioso arco. En el interior la capilla del Monasterio, que ha sido respetada y puesta en valor por la empresa hotelera, se siente una paz monacal y se respira un aroma virginal. No se escatimó nada para hacer de este monumento histórico una belleza arquitectónica, un oasis de elegancia y comodidad. Hasta el viejo cedro de su patio principal está bello y bien conservado, se le ve esbelto y frondoso, un digno símbolo de la flora cusqueña. Sus portales, sus arcos y pisos de piedra le dan un toque de nobleza inca. El restaurante Illariy con vista al patio principal destaca por sus almuerzos mediterráneos y El Tupay por su comida francesa pero con ingredientes nativos y sus noches de bohemia con la presencia de un tenor y soprano cusqueños. Tiene, además, un salón de eventos para 200 personas y un bar donde el trago más pedido es el Coca sour, para contrarrestar los estragos de la altura.

Más arriba, en la misma calle Palacio, y muy cerca a la plaza Nazarenas, está La Casa Cartagena, otra belleza de hotel. Aquí me impresionó también la combinación de lo incaico con lo moderno. En medio del patio principal una bola gigante ilumina el ambiente. El Arquitecto, a quien hay que felicitarlo por su acertado criterio, hizo coincidir la construcción con una perspectiva maravillosa del Cristo de Sacsayhuamán lo que permite que, en las fotografías que uno se toma en el patio, aparezca al fondo la imagen del Señor de Sacsayhuamán con los brazos extendidos, de día y de noche. En el lobby, me encantó que se haya respetado un fresco de la época de la colonia, ubicado debajo del techo. Igualmente en sus corredores es impresionante el decorado de elementos modernos que armonizan con lo antiguo.

Como la noche era joven, continuamos nuestro recorrido. Esta vez visitamos el Hotel Aranwa de la calle San Juan de Dios, construido en la vieja casona de Don Alonso Pérez de Villarejo, Dean de la Catedral del Cusco. A la entrada lo que más destaca es su portada de piedra ¡una maravillosa joya arquitectónica de la colonia!

Este es el hotel boutique más grande del cusco, donde se ha dado un trato ejemplar al fierro forjado y lo que más me agradó fue que aquí también se respetó un fresco pintado en la época de la colonia. Para distinguir lo original, con la restauración de una pared destruida, se pintó una réplica del fresco con el mismo color, pero con una tonalidad distinta, respetando el mismo diseño. !qué tal ingenio! Todos los cuadros de la pintura cusqueña del Siglo XVII son de propiedad del Aranwa, a diferencia de otros hospedajes que los tienen en concesión o en calidad de préstamo. Posee una escultura de la Virgen Inmaculada Concepción hecha en el Siglo XIII perteneciente a la escuela europea.

Posee, asimismo, armarios tallados en finas maderas y a golpe de azuela, con incrustaciones de cuatro tipos de madera. Se nos dijo que muchos de estos armarios habían nsido traídos desde Francia.

Sus habitaciones cuentan con sistemas de oxígeno inteligente que es habilitado a cada habitación mediante ductos para evitar los efectos de la altura. Para agrandar el edificio se tuvo que adquirir una casona más que va hasta la plaza San Francisco por lo que ahora posee dos patios. Otra de sus atracciones es el ángel Docelero, es decir la figura del ángel que lleva el docel de la virgen. Igualmente una vitrola RCA Víctor con la bocina de madera y toda una colección de la virgen Dolorosa con el rostro de distintas mujeres.

Como estos hoteles, existen otros que contribuyen inmensamente al desarrollo turístico del Cusco. Restarles sus méritos sería mezquino. Al contrario, debemos felicitar a los inversionistas por este esfuerzo empresarial, apoyarlos y a la vez alentarlos para que sigan invirtiendo en Cusco.

Pienso que los cusqueños, así como se enorgullecen por sus monumentos históricos, deberían sentirse orgullosos por tener hermosos hoteles, muchos de ellos extendidos a lo largo del Valle Sagrado de los Incas, tema aparte que iremos desarrollando en los próximos días.

Las inversiones, vengan de donde vengan, deben ser bienvenidas, siempre y cuando respeten las reglas establecidas por el Instituto Nacional de Cultura, el Gobierno Regional y las Municipalidades. Pero, que esto tampoco signifique un aprovechamiento porque hemos recibido quejas en el sentido que no se dan facilidades si antes no se otorgan coimas a malos funcionarios que se oponen a todo, de manera deliberada. Habría que identificarlos quiénes son y denunciarlos. Ahora más que nunca se necesita de una actitud responsable y honesta de todos los funcionarios para que Cusco enfrente a un turismo cada vez más creciente. Las entidades del estado deben ser aliadas de los inversionistas y convertirse en facilitadores y no en un estorbo. Dar facilidades, repito, no significa claudicar a las tareas de control y respeto a las normas a fin de evitar que se destruya nuestro patrimonio cultural, ahora también de la humanidad.

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