Lynch-ado por la crítica

El embajador Nicolás Linch no tuvo mejor idea que atender en su despacho de la Argentina a los simpatizantes de Sendero Luminoso camuflados en la agrupación partidaria Movadef, pese a que la Cancillería había impartido la orden de no recibir a ningún miembro de esta agrupación en ninguna de las delegaciones peruanas del mundo. Sin embargo los atendió personalmente porque, según él, “La embajada es la casa de todos los peruanos”. para luego aclarar que “Todas las marchas que se han acercado a la embajada las he hecho pasar. Vinieron los de Movadef y me senté a conversar con ellos” . Inocentada que le costó el puesto.

Digo inocentada porque no creo sinceramente que, al recibirlos, haya pensado en darles cabida política ni mucho menos apoyar su protesta. Eso le pasa a todo funcionario que no tiene experiencia ni la suficiente preparación para desempeñar las funciones diplomáticas. Lynch puede ser un excelente profesor de la Universidad San Marcos, reconocido y respetado, pero como diplomático ha demostrado que está igual que todos aquellos embajadores que desempeñan estas funciones sin haber pisado por la Escuela Diplomática del Perú y fueron nombrados a dedo, unas veces para pagarse favores políticos y otras veces por compadrería.

Por eso me parece correcto que haya presentado su renuncia, primero para librarle de las críticas al gobierno y luego para salvar su propia dignidad. Esta renuncia lo enaltece porque quiere decir que él sí tiene sangre en la cara, que tiene honor y vergüenza. Al volver a la universidad lo hará con la frente alta porque reconoció su error.

Si los revoltosos del Movadef ya habían pintarrajeado las paredes de la embajada en Buenos Aires en actitud nada amistosa ¿por qué entonces Lynch los recibió? No lo entiendo. Lo que debió hacer es disponer que cualquiera de los agregados se encargue de recibir la carta con las demandas de estos visitantes nada gratos, y punto.

Le faltó muñeca. O a lo mejor tuvo un exceso de condescendencia, influido seguramente por la actitud del Premio Nobel de la Paz 1980 Adolfo Pérez Esquivel quien días antes los había recibido y hasta se solidarizó con los simpatizantes del senderismo y con su pedido de amnistiar a Abimael Guzmán. Para mí que Lynch no midió las consecuencias y quiso pasar de un demócrata más de escritorio, recibiendo a todo el mundo en su oficina, para no hacerse de problemas. Pero, le salió el tiro por la culata. Y como la oposición espera lo mínimo para tirarse abajo a todos los funcionarios de izquierda, esta metida de pata fue como ponerle miel en los labios.

Con esto, los únicos que se ríen a mandíbula batiente son los senderistas porque es otro triunfo más que acumula en sus malévolas acciones, luego de la asonada en La Parada y los últimos ataques en el Vraem.

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