CUSCO (4): Salvemos el río Vilcanota

    Continuando con la serie de comentarios, luego de mi reciente viaje al Cusco después de trece años, hoy quiero tocar un tema muy preocupante: la contaminación del rio Vilcanota, a cuyo cauce se vierten no solamente aguas servidas provenientes de las poblaciones ribereñas sino también elementos contaminantes de clínicas y hospitales, restaurantes, residuos industriales y hasta desmonte de construcciones de la ciudad. Un trato por demás sacrílego si tenemos en cuenta que este hermoso río fue considerado por los incas como sagrado.

    Parece que se olvida que de esta rica fuente natural acuífera se nutren la ciudad del Cusco y otros pueblos ribereños. El Cusco se abastece del agua del Vilcanotaa través de una gran obra de ingeniería que comprende una planta moderna de sedimentación y potabilización, instalada a la altura de Saylla y bombeada por tramos. No fue nada fácil hacer realidad este proyecto. Le costó a sus pobladores sangre, sudor y lágrimas, marchas y mítines. Y ni así se lo cuida.

    Gracias a una invitación de mi primo Gustavo Infantas y su esposa Sandra hice un recorrido desde Cusco hasta Ollantaytambo y pude constatar personalmente que las denuncias que me llegaban eran ciertas. No existe un manejo adecuado de esta importante cuenca. Desde la altura de Sicuani la contaminación es espantosa.

    Los especialistas de la Dirección Regional de Salud y del Instituto Nacional de Manejo del Agua y Medio Ambiente, hacen lo que pueden. Con los magros presupuestos que manejan, que no les alcanza ni para el té, se limitan únicamente a hacer diagnósticos y verificaciones y de ahí no pasan. No hay denuncias, ni soluciones porque estas instituciones están pintadas en la pared. No sirven para nada. Aquí tienen que entrar a tallar la autoridad regional, la Municipalidad del Cusco y las municipalidades distritales.

    El asunto no es solo cuestión de ubicar los focos de contaminación, sino dar soluciones y emprender una campaña educativa de vida o muerte. Tienen que unirse todas las instituciones para formar conciencia en la colectividad. Porque no es posible que el Vilcanota, el único río que da vida a decenas de comunidades y ciudades, esté siendo maltratado de esa manera. La vigilancia sanitaria tiene que ser de todos.

    Solo en Machupicchu se genera cerca de ocho toneladas diarias de desechos al día. La Ciudad de Cusco genera más de trescientas toneladas diarias y solo 150 toneladas se recoge adecuadamente a través de los carros basureros, el resto se va al campo o a los ríos. Esa es la realidad.

    Antes que sea tarde se debe construir plantas de tratamiento en las localidades ubicadas en ambas márgenes del Vilcanota como la que el Ministerio de Vivienda y Construcción y la Japan International Cooperation Agency (JICA) está ejecutando en las afueras del Cusco a un costo de 88 millones de soles, para procesar las aguas del Huatanay.

    Urge pues una pronta solución a este gravísimo problema porque cada día la población crece y los residuos también. Hay que dotar de mejores recursos a la Diresa y al IMA para que por lo menos cuenten con vehículos motorizados, personal de vigilancia y monitoreo.

    En mi recorrido por el Valle Sagrado de los Incas, felizmente no todo fue motivo de preocupación y hasta de indignación. Reconozco que más fueron los momentos de satisfacción y reencuentro con la madre naturaleza, tantas veces visitada y admirada desde que yo era un estudiante de la UNSAC.

    En Qorao me encantó ver el trabajo de los ceramistas, muy bien organizados, el criadero de cóndores en Taray o la maravillosa obra que viene desarrollando la familia de mi compadre Abelardo Caparó en Awana Kancha, donde los visitantes pueden ver desde la crianza de los auquénidos, la trasquila, el tejido y el acabado de las prendas. Y cómo no quedarse un rato en el mirador de Taray, contemplando aquel estupendo valle.

    En Pisaq, me quedé gratamente sorprendido por la cantidad de hoteles ecológicos que se han instalado, donde se respeta la naturaleza. Uno de ellos es el Royal Inka Pisaq que tiene cerca un depósito especial para las botellas y otros envases de plástico como una contribución al adecuado manejo de los residuos plásticos, ¡tan contaminantes!. Aquí nos dimos un tiempo para visitar un horno donde les confiezo comí el mejor pan serrano de mi vida hecho a base de trigo, kiwicha y quinua. Sus callecitas empedradas son un encanto y su feria artesanal sigue siendo un atractivo para los turistas aunque, en verdad necesita ser ordenada por rubros y tipos de artesanía. Actualmente todos los stans ofrecen lo mismo y en distintos lugares.

    En Calca, cómo no sentir emoción al encontrarme con Darío Vera, integrante de Los Hermanos Vera y con la cantante Josefina Ñahuis, intérprete de un tema que compuse cuando yo apenas tenía 14 años. Ambos organizaban el concurso “Su majestad El Huayno” en medio de aquella plaza de tantos recuerdos y ahora rodeada de modernas edificaciones.

    Cómo no sonreír de satisfacción al ver en Urco, lugar pintoresco y acogedor, una gran cantidad de restaurantes ofreciendo a los turistas un buffet completo a base de cuy y pato. Y recordar que en este mismo poblado se realiza cada año el Festival Unourco.

    Aquí también pudimos constatar la puesta en valor de los andenes, donde se tuvo el cuidado de restaurar hasta las escaleritas hechas con piedra. Eso es trabajar con inteligencia y buen gusto. Visitamos las haciendas de la familia San Román y de la familia Lámbarry (Huayoccari). En Urquillos la hacienda de Rolando Gibaja “El Gilguero”, la fábrica de Embutidos Arín de propiedad comunal y el Centro de Producción Artesanal, desde donde se puede observar la cascada de Arín.

    En Huarán la cooperativa sigue produciendo un maíz de excelente calidad y los hermanos Edgar y Jorge Carrillo, que dejaron el negocio de los supermercados, son propietarios del hotel Bellavista, donde se esmeran por acoger al turista brindándoles un buen servicio en medio de aquel bello paisaje y haciéndoles dar unas vueltas a caballo por los campos verdes de Sillacanchi o invitándolos a caminar por el puente colgante de Huycho.

    En este lugar nos dijeron que el mejor maíz del mundo se cultivaba en la hacienda de la familia Lámbarry en Huayoccari. Otros, defienden el maíz de Urquillos, sembrados en los terrenos de Rolando Gibaja. La verdad es que, para mí, en todo el valle Sagrado de los Incas está el mejor maíz del mundo.

    En Huayllabamba está ubicado el otro hotel Aranwa. Se diferencia con el del Cusco por sus jardines y sus plantas nativas, su hermosa vista al río Vilcanota y sus piscinas y salas de meditación con vista a las montañas. Se distingue, igualmente, por su contacto con la naturaleza, su clima y el maravilloso decorado de sus habitaciones con piezas de arte ancestral y orquídeas.

    Seguimos viajando y vimos que desde el cerro Sacro se lanzaba un grupo de parapentistas. Aquí es común ver a los entrenadores conduciendo a sus alumnos por los cielos del valle. Unos kilómetros más abajo, se encuentra la planta procesadora de fruta de Huayllabamba, especialmente de blanquillos y otros productos de la zona.

    En Yucay nos alegró ver su templo restaurado y a la vez nos apenó observar que uno de los pisonayes había sido talado, no sabemos por qué, alguien nos dijo que por viejo y otro que lo cortaron porque le quitaba visibilidad a un hotel. Lo segundo sería lamentable. Aquí también se han construido varios hoteles como el Añañau, el Allpamanka y la Casona de Yucay. En la plaza me alegró ver una intimpa, el árbol ícono de la flora abanquina.

    Cuando llegamos a Urubamba, lo primero que hicimos Gustavo, Sandra y yo fue visitar el templo del Señor de Torrechayoc. En esta provincia también hay bellísimos hoteles para todos los gustos y bolsillos como el Tambo del Inka, Havey Hotel, Sol y Luna, Pisonay Pueblo, Alhambra Hacienda Hotel, Eco Andina, La Capilla, Media Luna, La Hacienda del Valle, Casa Andina, con un tráfico permanente de buses y donde se puede hacer turismo vivencial, de aventura y ecológico y se puede visitar las salineras de Maras, disfrutar del paisaje de Ñanahuarco y montar a caballo en El Rancho o visitar los andenes de Ancopampa en Pachar aunque, hay que decirlo, falta ponerlos en valor. Y ojala sea pronto.

    Hasta que llegamos a ollantaytambo luego de pasar a decenas de camiones de gran tonelaje que se dirigían rumbo a Quillabamba y Camisea y buses gigantescos con cientos de turistas, así como autos particulares que iban en el mismo sentido que nosotros y otros en sentido contrario, todos celosamente vigilados por la policía de carreteras encargada de controlar que nadie se exceda de velocidad, se estacionen en zonas prohibidas o cometan cualquier otra infracción. Lo que no puede controlar la policía es el atolladero para ingresar y salir de aquel gigantesco monumento arquológico de Ollantaytambo. Por eso, para no aburrirse, es mejor quedarse en el hotel Pakaritampu de la ex voleibolista Gaby Pérez del Solar, el Tunupa, o sentarse a comer una exquisita pizza en El Kutimuy.

    Aquí, es lamentable la falta de un adecuado plan de ingreso y salida de vehículos para evitar los atolladeros. No vimos policías de tránsito, los reemplazaba un anciano morador del lugar, disfrazado de policía, que orientaba en una esquina a los conductores para evitar los choques.Lo mejor sería que la actual vía sea solo de ingreso y se construya otra por el cerro de enfrente para permitir una salida más ordenada. Plata sobra, lo que falta son decisiones.

    Igualmente, no cuesta nada obligar a retirar todos los carteles y avisos que se han colocado en los negocios, muchos de ellos “movibles” porque sus propietarios apenas ven a los agentes municipales los retiran y cuando pasan los vuelven a colocar, burlándose de la autoridad. Este problema no es solo en Ollantaytambo, en todo el Cusco se adolece de este mal. Debería evitarse la contaminación visual. En el mirador de Urubamba, me parece de Quiswar, hay dos inmensas grabaciones en el cerro que dicen “Dima 711 y Agro 712” que por respeto al mismo cerro debe borrarse. Es un atropello al paisaje.

    Esperamos que los apus iluminen a las autoridades para enfrentar con sabiduría estos problemas. Al mismo tiempo debemos invocarles que trabajen unidas y no como si fueran rivales.

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