Militares chilenos se muestran tal como son

Las arengas lanzadas por los marinos chilenos en contra de Perú, Chile y Argentina no hacen más que demostrar la prepotencia y patanería de los llamados halcones de las Fuerzas Armadas del vecino país. Son el afloramiento de su odio y espíritu belisista.

No es que los soldados se fueron de boca al gritar en las calles de Viña del Mar “argentinos mataré, Bolivianos fusilaré, peruanos degollaré”, son parte de su desprecio a sus vecinos y responden a una política armamentista, inspirada por jefes enfermos del cerebro que solo piensan en matar, fusilar y degollar.

Los militares chilenos son entrenados para odiar a sus vecinos. Aunque, la verdad es que ellos jamás consideraron a los países latinoamericanos que los rodean como sus vecinos sino como sus enemigos. Su xenofobia es innata. Por eso cualquier disculpa de sus políticos, afanados siempre en limpiarles la cara, no tendrá efecto si no se castiga ejemplarmente a ese instructor desquiciado y a sus jefes que alientan esa política de odio.

Esta conducta no ayuda en nada a las relaciones peruano-chilenas porque son una afrenta a nuestra dignidad. Estas arengas son parte de una instrucción militar planificada y no como dicen algunos “solo exabruptos”. Son insultos que debemos rechazar y exigir sanciones para los responsables. No se puede estar tendiendo la mano a quienes nos escupen. Tiene que haber una respuesta sensata de nuestro gobierno, pero a la vez firme y sin medias tintas.

Si solo hay disculpas, sin sanciones, este agravio será una burla más del gobierno chileno. Y, si eso ocurre, no se puede seguir manteniendo alegremente buenas relaciones porque estas serían hipócritas y a la vez desiguales, donde uno insulta, agravia y se burla y el otro actúa con honestidad, decencia y altura.

Una vez más tengo que advertir que no hay que confiar en los militares chilenos porque nunca actuaron con caballerosidad como sí lo hicieron Graú y Bolognesi. No vaya a ser que ahora nos salgan con la idea de desconocer la sentencia de la Corte de la Haya. De ellos cualquier cosa se puede esperar. No hay que pisar el palito pero tampoco hay que estar muy confiados.

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