Urge moralizar la Policía y el Poder Judicial

Las medidas dictadas por el gobierno para combatir la delincuencia no dan resultados, son un fracaso. Y seguirán fracasando mientras no se toque a las dos principales instituciones que tienen que ver directamente con este problema: Las Fuerzas Policiales y el Poder Judicial, donde el cáncer de la corrupción está a punto de hacer metástasis y puede afectar irreparablemente a todo el aparato del estado.

Según el INEI la criminalidad va en aumento. En los dos últimos dos años se han registrado 680 homicidios y 707 personas han desaparecido, mientras que 4,141 vehículos fueron robados, Eso, sin tomar en cuenta la inmensa cantidad de asaltos, robos y ataques de vándalos que operan inpunemente en diferentes puntos de la ciudad, que no se denuncian .

Es en las FFPP y el PJ, donde se han formado verdaderas mafias que nadie se atreve a combatir porque, al parecer, tienen padrinos muy poderosos que los defienden, dentro y fuera de ambas instituciones. Existe toda una cadena de corrupción que va desde las más altas gerarquías hasta los estamentos más bajos. Hay partidos políticos que astutamente supieron colocar magistrados en puestos claves para que les cuiden las espaldas y congresistas lobistas que se meten a palacio de Justicia como Pedro a su casa y hasta en el Jurado Nacional de Elecciones, para alentar o evitar revocatorias, según sus intereses. En fin, hay personajes de alto vuelo que hacen lo que les viene en gana en ambas entidades donde, por compadrería, amiguismo y parentesco, se nombra a una sarta de ineptos, postergándose injustamente a policías y magistrados capaces. Y como nadie quiere complicarse la vida poniendo el dedo en la llaga, el avance de la delincuencia está llegando más allá de lo imaginable. Da la impresión que, tanto en el Ejecutivo y como en el Legislativo, prefieren seguir con la política del “dejar hacer dejar pasar”. Se sabe dónde y cómo operan los corruptos pero no se hace nada para ponerlos a buen recaudo.

Un reciente estudio de Transparencia Internacional, revela que el Poder Judicial es percibido por los pruanos como la institución más corrupta del país. En segundo lugar está la policía donde el 54% de las personas que acudieron a una Comisaría o, por desgracia, tuvo que acercarse a un policía, se vió obligado a pagar una coima. Por otro lado, el 32% de personas que requerían de los servicios en el Poder Judicial, igualmente, tuvieron que dar una propina para agilizar sus trámites o para asegurarse que las gestiones que hacían terminen con éxito. No vamos a enumerar la lista interminable de casos revelados en el Poder Judicial y los miles de policías que mancharon el uniforme en asaltos y asesinatos y en nexos con el narcotráfico, el hampa callejero o, lo que es peor, por su participación directa en el crimen organizado tal como se descubrió últimamente en Puno. Sería una pérdida de tiempo. Tampoco vale la pena recordar a esos malos jueces y secretarios que recibieron coimas y vendieron sus sentencias por un plato de lentejas porque se convertiría este comentario en una retahíla de hechos vergonzosos que hieren la decencia humana.

Lo que sí voy a recordar es el ofrecimiento del entonces candidato a la Presidencia Ollanta Humala quien dijo que lo primero que haría al asumir sus funciones sería luchar frontalmente contra la corrupción y la delincuencia. Ambos problemas fueron los principales temas del debate político de aquella campaña electoral donde él y Keiko Fujimori se trabaron en una feroz competencia por convencer a los electores quién tenía el mejor programa para combatir estas lacras que, por entonces, ya estaban socabando los cimientos del gobierno.

No creo que el cambio en la hoja de ruta, que lo obligaron a firmar particularmente en lo económico que, dicho sea de paso, lo va cumpliendo al pie de la letra sin importarle el piteo de sus defraudados partidarios, también haya incluido el hacerse de la vista gorda en la lucha contra la corrupción, lacra afincada, repito, en la Policía y el Poder Judicial.

No hay que olvidar que en ambas instituciones hay poderosos intereses, no solo de políticos corruptos, sino de delincuentes de “cuello y corbata”, narcotraficantes, estafadores y asaltantes de alto vuelo que necesitan tener buenos informantes y amigos para protegerse y cuidarse en salud.

Es allí donde los servicios de inteligencia del gobierno deberían centrar su trabajo y no haciendo reglajes a políticos que ya no tienen mucho peso o a periodistas que solo buscan notoriedad porque, esperar que los órganos internos del Poder Judicial o la Policía cumplan con sus obligaciones, es una pérdida de tiempo por estar infiltrados hasta las narices.

Y lo más decepcionante es que estos organos de control no sancionan porque está claro que aquí también funciona más el compañerismo, el amiguismo y el “toma y daca”. Toda una cadena de corrupción que involucra a jefes y subalternos que no se que diablos se espera para romperla.

La corrupción está arriba y abajo, en los estamentos superiores e inferiores. En la calle, la policía trabaja más pensando en la coima que en dirigir el tránsito y los secretarios de los juzgados en hacer pendejada y media con los expedientes, las notificaciones y otros trámites. En los niveles altos operan los verdederos tiburones y las jugarretas suben y bajan por las escaleras de las dependencias públicas y el tráfico de influencias por ascensor porque ahora ya no se hace por teléfono por temor a las interceptaciones.

Hay, igualmente, faltas graves y faltas simples que todo el mundo las sabe menos los sabuesos de control interno. O, si lo saben, no actúan. Por ejemplo, no es posible que vehículos nuevos destinados al patrullaje no duren ni un año. ¿Saben por qué?, porque los canibalizan para cambiarles las piezas o sencillamente porque no les hacen un adecuado mantenimiento por tirarse la plata. Sino cómo explicarse que, mientras a un taxista le dura su vehículo varios años, caminando día y noche por las mismas calles, un patrullero está destrozado en menos de un año. Lo primero que hacen es cambiarles las llantas y autopartes, hasta la batería. Ahora que se lanzará a las calles cien nuevos patrulleros, no sabemos cuántos meses se mentendrán en servicio. A esto hay que agregar el mal uso de los combustibles, robo conocido como carrusel. Otra mala costumbre es el uso que se da a los patrulleros, que van de un lado a otro en diligencias que nada tienen que ver con el servicio policial sino con las necesidades particulares de sus jefes. ¿Quién controla esto?

!Qué no se ve en las calles! Motos oficiales abriendo paso a la mamá o la esposa del jefe. Vehículos oficiales llevando a los hijos de papá al colegio o a la esposa al mercado.

Tengo la impresión que las únicas entidades que no se dan cuenta que se está perdiendo la lucha contra la corrupción y la delincuencia son el Poder Judicial, el Ministerio del Interior y la Comisión de Alto Nivel que la preside el propio mandatario.

El Poder Judicial no está cumpliendo con su tarea de poner a buen recaudo a los autores de atracos, según dicen por falta de pruebas que las debe proporcionar la policía. Y la policía dice lo contrario. Eso es jugar al gran bonetón. No es posible que las medidas de amparo en favor de los delincuentes sean acogidas como si fueran simples solicitudes. Y por último, causa extrañeza que delincuentes que son sacados de las cárceles vuelvan a delinquir al día siguiente. O capos del narcotráfico sean excarcelados vía el indulto presidencia. ¿Qué hacen para salir libres con tanta facilidad?

Es cierto que hacen falta más efectivos en las calles, ¿por qué entonces no se forman más policías en lugar de sacarlos de las oficinas o moverlos de otras dependencias solo para la foto? No nos parece correcto que los policías vendan sus horas de franco, en lugar de descanzar. Es el colmo que salgan a servir de guachimanes en las puertas de los bancos y tiendas o como facilitadores del abuso que cometen de los volquetes en los edificios en construcción. Eso es denigrante y atenta contra su propia salud.

Se dice que no hay presupuesto para la compra de armas, eso ya me parece risible. Si es así, que se destine siquiera una milésima parte de los ingentes fondos que el país tiene depositado en bancos extranjeros engordando arcas ajenas y de inmediato se ordene la compra de todas las armas que hacen falta. Claro, eso sí, sin traferías ni coimas.

La policía nos atosiga con informes dando cuenta que tienen identificados los principales puntos donde los asaltantes hacen de las suyas. La Tv. muestra videos de los asaltantes en plena acción, se exhibe las fotos de cabecillas y autores de atracos “plenamente identificados”. El Comercio publicó no hace mucho un mapa de los focos de mayor delincuencia. Se tiene filmaciones, registros, denuncias de víctimas, quejas de vecinos y entonces ¿qué diablos hace la policía para actuar?. Los delincuentes operan en sus narices y ni siquiera les tocan ni el pito.

Los pobres se quejan diciendo que hacen lo que pueden, que no tienen leyes que los protejen, que sus sueldos son bajos y que no tienen armas. !Por favor, eso no justifica su corrupción!

Bueno, la culpa no la tienen ellos sino sus jefes y las autoridades que están encima de estos. Para mí que hay un irresponsable descuido del gobierno central porque sabiendo las causas del problema no hace nada. Hay un alto grado de corrupción y no mueve un dedo ¿por qué? Y cuando actúa es solo para las cámaras y la foto. Eso es un engaño y una farsa que el país ya no está dispuesto a tolerar.

!ULTIMO MINUTO!

Hasta que por fín renunció el Director de la Policía Nacional Raúl Salazar debido a la presión de la opinión pública y sus cuestionamientos por su pésimo desempeño en la función encomendada. Salazar había “sobrevivido” a tres Ministros de Estado sin ser removido debido a sus vinculaciones familiares con la pareja presidencial. llegó al colmo de jactarse ante los oficiales de la institución de esta carcanía y de haber sido él quien evitó algunos cambios en la institución.

Esta renuncia podría evitar la censura del Ministro Wilfredo Pedraza ya que un grupo de congresistas condicionó la salida de Salazar para apoyar la permanencia en el cargo del actual ministro. Al parecer el señor Pedraza no sabe todo lo que pasa en su Ministerio porque no le dan toda la información y lo toman de tonto. ¡Cuidado! al parecer no se da cuenta que las mafias están enquistadas en su propia institución.

Desde su nombramiento, el General Salazar fue duramente cuestionado, al pasarse al retiro a 29 generales más antiguos que él, solo para favorecerlo. Igualmente fue duramente criticado por el desalojo del Camal de Yerbateros para favorecer a una cliente de una abogada, prima del presidente. Estuvo vinculado también al escándalo del restaurante las Brujas de Cachiche donde se coordinó el desalojo de la azucarera Andahuasi, así como el fracaso de la llamada “Operación Libertad” del proyecto Camisea donde los rehenes no fueron rescatados sino liberados por voluntad de los terroristas y el cuerpo del sub oficial César Vilca fue rescatado por su propio padre. Finalmente, otra nota negra en su hoja de servicios es la vergonzosa operación policial del desajolo de La Parada. Esperamos que su salida facile una renovación profesional de la policía con el nombramiento los nuevos por orden de méritos y no por compadrería.

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