El espionaje como mecanismo de defensa

Para enfrentar y derrotar al enemigo hay que conocerlo, hay que estudiar sus fortalezas y debilidades, hay que seguir sus movimientos y, en extremo, hasta hay que pensar como él. No creo que exista un país que no se cuide de sus enemigos, que no cuide sus fronteras, que no sepa qué hacen sus enemigos. Y todo esto se hace, entre otras cosas, a través de las operaciones de espionaje.

En estos tiempos difíciles, muy comvulsionados, los enemigos no solamente son aquellos países con apetito y costumbres beligerantes, sino los terroristas, el crimen organizado, los narcotraficantes, los funcionarios públicos que son coimeados para servir al crimen organizado, la policía corrupta, los magistrados que reciben pagos para cambiar sus sentencias y hasta los presidentes que reciben dinero bajo la mesa para indultar a los capos del narcotráfico, los banqueros que hacen transacciones ilícitas de la mafia, los miembros de las FFAA que venden información y, en fin, podemos utilizar muchas páginas para enumerar a estos enemigos de la sociedad.

¿Y cómo evitar que estos enemigos hagan de las suyas?

A través de instituciones y mecanismos lícitos que faculta la ley. Es decir previa autorización del juez. Pero ¿cómo pedirle permiso a un juez corrupto que trabaja para los narcotraficantes y hacer un operativo exitoso? ¿Cómo evitar filtraciones con una policía que se vende por unos dólares más? ¿Cómo poner entre rejas a un delincuente con magistrados que reciben coimas y los sacan a los pocos meses? ¿Cómo hacer para que un cabecilla del crimen organizado cumpla su condena a sabiendas que un presidente de la república amoroso y sensible lo indultará?

Los habitantes del mundo tenemos toda la razón para estar muy preocupados. El 53% de la población mundial piensa que la corrupción se ha agravado. En el continente americano el 58% de la población considera que la corrupción aumentó y si la ONG Transparency International hubiera focalizado su encuesta en Perú estoy seguro que este porcentaje se acercaba al 90%.

Por eso me parece correcto que las naciones del mundo tengan que verse obligados a utilizar todos los mecanismos a su alcance, entre ellos el espionaje para protegerse de este flagelo. Las revelaciones de WikiLeaks y del ex agente de la CIA Edward Snowden no me parecen extrañas, ni mucho menos sorprendentes. Los Estados Unidos y todas las naciones del mundo tienen todo el derecho de prevenir el delito, sobre todo después de lo que pasó con “las torres gemelas” aquel 11 de setiembre del 2011. Más vale prevenir que lamentar. En el caso de Snowden, el error de la CIA fue no haber sabido elegir a agentes leales.

En el frente interno, es decir en nuestro país, en lugar de desgañitarse por los últimos seguimientos, escuchas telefónicas y supuestos reglajes, descubiertos y dados a conocer por la prensa, deberíamos preocuparnos por no contar con un servicio de inteligencia altamente capacitado, para evitar que humildes efectivos tengan que estar parados en las inmediaciones de las viviendas de sospechosos, expuestos no solamente a que los descubran, sino a que los maten.

Rasgarse las vestiduras por el descubrimiento de actos de espionaje nos parece hipócrita. El pecado para un servico de inteligencia es ser descubierto. La vergüenza para un espía es ser desnudado. Pero desconocer que haya espías en el mundo es como creer que los chilenos que viven en nuestro país tienen los ojos vendados.

Quien nada tiene nada teme. Los políticos y congresistas, que tampoco son unos angelitos, no deberían estar haciendo un escándalo de hechos que no tienen mayor trascendencia como aquel supuesto seguimiento a un periodista que lo único que hace es criticar al gobierno por ojeriza. Al contrario, deberían dar todas las facilidades para que los servicios de inteligencia cuenten con todas las herramientas para detectar de manera rápida y oportuna todos los actos ilegales. Es una verguenza que elementos defenestrados de las FFAA tengan mejores equipos para “chuponear” que Seguridad del Estado. Es a estos malos elementos a los que hay que perseguir porque actúan con propósitos desestabilizadores y en otros casos responden a intereses empresariales corruptos. La mejor manera de evitar el delito es anticipándose a que este se consuma. Lo demás es como llorar sobre la leche derramada.

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