Mandos terroristas Gabriel, Alipio y Alfonso fueron abatidos

El Presidente de la República Ollanta Humala anunció esta mañana las bajas de los llamados “camaradas” Marco Antonio Quispe Palomino, conocido como “Gabriel”, Alejandro Borda Casafranca “Alipio” y el lugarteniente de este, “Alfonso”, es decir tres de los mandos terroristas más importantes que operaban en la zona del Vraem, con lo que se da un contundente golpe al narcoterrorismo.

Se conoció que la acción se inició a las diez de la noche del domingo y duró apenas una hora. Alipio habría fallecido en su intento de responder a las fuerzas militares con explosivos, choque que se produjo cuando, en su afán de huir de la asedio policial, los tres cabecillas se ocultaban en la vivienda de un colaborador.

Aunque falta hacer los análisis de ADN para confirmar las identidades de los abatidos, sería mezquino no reconocer este importante golpe a la misma médula del narcoterrorismo, en una impecable acción de nuestras Fuerzas Armadas, que no fue por casualidad sino la culminación exitosa de la operación llamada “Camaleón”, luego un largo seguimiento y el buen trabajo de los servicios de inteligencia en la zona de Llochegua, distrito de Pichari, provincia de Huanta-Ayacucho.

Según las primeras informaciones se logró incautar la pistola Beretta sustraída al valeroso policía Luis Astuquillca herido en la llamada “Operación Libertad” y una ametralladora producto de una emboscada en Tayacaja-Huancavelica que causó la muerte de doce militares. Se conoció, asimismo, que en este operativo no hubo bajas entre los efectivos de las FFAA.

Pienso que es respuesta firme a la altanería de los mandos senderistas que hacían de las suyas en esta importante y difícil región a la que, incluso, declararon como zona liberada luego de destruir gran cantidad de maquinaria de la empresa que viene construyendo la carretera San Francisco-Huamanga.

En este mismo lugar ya se habían producido meses atrás varios enfrentamientos y emboscadas con bajas muy sensibles por parte de las fuerzas policiales, pérdidas de helicopteros y armamento, lo que facilitó que avionetas cargadas de cocaína salieran libremente hacia territorio boliviano.

Por eso, es correcto que la ciudadanía reconozca el valor de la patrulla “Lobo” (Aunque el jefe del Comando Conjunto de las FFAA aclaró que fue una patrulla combinada de élite del Ejército, La Marina y la Policía) por este exitoso operativo porque, desde la caída de Feliciano hace ya un buen tiempo, no se había dado un golpe de esta magnitud. Finalmente, no importa cómo se les denomine a estos valorosos efectivos para destacar su exitosa intervención y brindarles todo el apoyo del estado.

No hay duda que el cambio de actitud del gobierno viene dando resultados positivos. Eso es lo que exigía la opinión pública, hechos y no palabras. Durante varios años se criticó a los sucesivos gobiernos por su falta de decisión y un plan serio para combatir al narcoterrorismo y no se la escuchó. Al contrario, se abandonó a los comandos que luchaban en el Vraem (Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro) en condiciónes desiguales porque no tenían armamento moderno ni apoyo de inteligencia, sus helicópteros habían sido derribados y no eran reemplazados y para colmo se llegó al extremo que malos oficiales lucraban hasta con el rancho. En la época de Fujimori se tomó como pretexto la lucha antisubversiva para robarse parte del dinero que se destinaba a este fin.

Hoy, hay que reconocerlo, la cosa es distinta. Según se nos informó las condiciones de los efectivos han mejorado, aunque no como todos quisiéramos pero lo importante es que hay una clara decisión del gobierno para apoyarlos en su lucha contra el narcoterrorismo y hacer que actúen de manera más profesional. Se nos ha asegurado que ya no ven más reclutas sin entrenamiento, de esos que no sabían siquiera manejar bien sus armas. Los efectivos ahora son sometidos a rigorosos entrenamientos y, en su mayoría, son de la misma zona porque conocen mejor el terreno y están acostumbrados a las características orográficas y difíciles condiciones climáticas de la selva.

La muerte de estos mandos subversivos, armados hasta los dientes y dirigidos por el escurridizo Gabriel, uno de los hermanos de la temible familia Quispe Palomino, castigada no hace mucho con otro operativo para desbaratar un millonario lavado de activos en Ica, servirá para ubicar otros cuadros, sin que esto quiera decir que con estas muertes la lucha contra el narcoterrorismo haya acabado. Eso sería un triunfalismo equivocado. Es un paso muy importante en la lucha contra la subversión pero no hay que bajar la guardia porque no cabe duda que, detrás de estos mandos eliminados, hay otros que asumirán esas funciones. Todavía falta capturar a Víctor Quispe Palomino “José” y a su hermano Jorge “Raúl”, al primero por sus asesinatos en Lucanamarca y Soras y a su hermano que aún está prófugo luego de su fuga de pa prisión. Por eso, no hay que bajar la guardia ni dormirse en los laureles. La pacificación del país requiere de algo más que la baja de tres cabecillas senderistas.Porque, mMientras haya coca y narcotraficantes, el senderismo seguirá vivito y coleando.

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