Atacar o no atacar?

El mundo está dividido y se mantiene en vilo en torno a un posible ataque de los Estados Unidos a las fuerzas político-militares sirias encabezadas por el presidente BasharAl Asad que se mantienen en el poder sin embargo de estar seriamente cuestionado por actos genocidas y abusos extremos contra los derechos humanos al haber utilizado gas sarín para repeler los actos de rebeldía de un pueblo castigado por el hambre y la corrupción.

Naciones enteras, mandatarios, expertos, críticos y hasta el Papa Francisco se han pronunciado al respecto. La mayoría, incluida la población norteamericana, no está de acuerdo con la incursión bélica porque, a no dudarlo, tendrá un saldo muy doloroso con pérdidas humanas y materiales. Es justificable la preocupación porque, por más selectiva que esta sea y respetando los derechos humanos, producirá una inevitable pérdida de vidas y la destrucción de bienes materiales y, aunque estas bajas sean incluso de los propios genocidas, siempre serán lamentables porque, no olvidemos, hasta los criminales tienen derechos humanos.

Pero, si consideramos solo ese lado negativo y dejamos que Bashar Al Asad siga meándose en el mundo entero y pisoteando las normas internaciones no estaremos actuando como seres civilizados. ¿Y los rebeldes qué? ¿No tienen acaso derechos humanos? ¿Deben seguir siendo masacrados con armas químicas como está feHacientemente comprobado?

Frente a la inoperancia y ceguera de la ONU, donde cualquier resolución del Consejo de Seguridad es vetada por Rusia y China y donde los representantes de las naciones menos poderosas están pintados en la pared ¿Qué se puede hacer? ¿Permitir que Bashar Al Asad siga haciendo lo que le viene en gana?

No, el mundo debe comprender que la libertad y la justicia están por encima de cualquier otra consideración. No olvidemos que, por defender estos principios, millones de hombres han ofrendado sus vidas para dejarnos como la más valiosa herEncia. Para comprobarlo basta con revisar la historia.

La conquista de la libertad ha costado sangre dolor y lágrimas y la justicia se ha conseguido con leyes y normas dictadas luego de muchas jornadas de protesta y reclamos que han movilizado masas desde la época de los césares en Roma y la toma de La Bastilla en Francia.

Del mismo modo, la democracia que hoy disfrutamos en gran parte del planeta, no ha sido muy fácil conseguirla, se ha logrado con la sangre de miles de revolucionarios, hecho que también consigna la historia universal.

He escuchado por ahí a algunos simpatizantes con la China y Rusia, por supuesto sin fundamento, que los Estados Unidos quiere atacar Siria por un interés específico, el petróleo. No lo creo. No sería una buena inversión gastar tanto dinero en este ataque por una pequeña reserva que posee Siria. Sus pozos no significan nada frente a la producción mundial o, al total del Medio Oriente.

El único interés que tiene Estados Unidos y el mundo civilizado es que Siria no se convierta en un mal ejemplo para otras dictaduras y grupos terroristas que, por ganar el poder, no tengan reparos en utilizar armas químicas. Esto sería un mal precedente.

En nuestra vecindad ya hubo un intento cuando el dictador chileno Augusto Pinochet ordenó la adquisición de gases tóxicos, no precisamente para repeler a los seguidores de Salvador Allende sino, con toda seguridad, para utilizarlo en un posible conflicto con Perú porque no olvidemos que lo que más temía Pinochet era una invasión del General Juan Velasco Alvarado para recuperar Arica. No dormía pensando en esa posibilidad. Esto no es fantasía, según las declaraciones del ex miembro de la Dina (Dirección Nacional de Inteligencia) chilena, Michael Townley, el 2006, “a fines de la década de los años setenta, el Perú tenía una fuerza militar muy poderosa y la idea del gas sarín era poder usarlo como arma defensiva en el norte de Chile”. La declaración fue hecha vía exhorto ante el juez Alejandro Madrid, quien investigó el asesinato del químico de la DINA Eugenio Berríos encargadado de desarrollar el gas sarín.

Si, tal como lo han revelado fuentes del Pentágono, la operación de la Armada Estadounidense será como con “bisturí”, es decir focalizando el ataque en los bastiones militares de Bashar Al Asad. En buena hora. Y si la ONU no pudo controlar los excesos de la dictadura siria y el Consejo de Seguridad está en manos de Rusia y China, en buena hora que alguien saque la cara por defender la justicia y en defensa de los derechos humanos. Y en eso no puede haber ausencias, ni por temor ni por comodidad. Se apoya o no. Peor sería que ocurra como en la Segunda Guerra Mundial con Hitler, a quien se le dejó crecer con el apoyo de Benito Mussolini en Italia y Franco en España, y cuando ya las cosas se pusieron inmanejables recién el mundo se pidió la intervención de los Estados Unidos. De lo contrario el mundo entero hubiera caído en manos de uno de los genocidas más crueles de la historia.

Si bien es cierto que nuestro país no tiene capacidad ni bélica ni económica para dar su apoyo a los EEUU, sin embargo no estaría mal que el gobierno emita un comunicado dando a conocer su respaldo al pueblo de Siria que lucha por su liberación y democratización y a la Administración Obama en su intento de destruir las bases militares y el arsenal de armas químicas, por más que se opongan Rusia, China, Corea del Norte, Venezuela y los demás países de la órbita comunista. De lo contrario más vale que nuestra canciller se mantenga con la boca cerrada.

Como vemos, el mundo vive un momento muy difícil. Pero, si no se produce el ataque, habrá ganado el miedo y no la justicia.

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