Ruptura del diálogo es solo un pretexto para chantajear al Gobierno

De manera orquestada y con un descaro propio de ellos, los ex presidentes Alan García y Alejandro Toledo, investigados por graves delitos de corrupción, han roto el diálogo con el Gobierno, ofendidos por las últimas declaraciones del presidente Ollanta Humala quien, antes de su gira a Tailandia para participar en el Foro Económico Asia Pacífico (APEC), no ocultó su preocupación por la imagen que daba el Perú con un ex presidente preso por diversos crímenes y los otros investigados por corrupción. Como si esto no fuera verdad. Estamos seguros que cualquier cosa que diga el presidente servirá de pretexto para criticarlo y sacar ventaja.

Anteriormente, Keiko Fujimori, la lideresa del fujimorismo, ninguneó el diálogo y no se presentó con el propósito de presiopnar al gobierno para lograr la prisión domiciliaria para su padre, al haber fracasado el pedido de indulto.

Está claro que la actitud de los ex presidentes no es más que un pretexto para chantajear al Gobierno y lograr beneficios. Son unos caraduras porque, no contentos con manejar el congreso como su chacra y al poder judicial como la prolongación de sus locales partidarios, ahora quieren someter al ejecutivo.

Nadie puede negar que los tres están unidos por un solo cordón umbilical: La corrupción.

Por otro lado, está demostrado que Fujimori quiso engañar descaradamente con su salud para lograr el indulto. Un hombre con una severa depresión y un cáncer terminal, no puede estar enviando mensajes y participando activa y directamente en la política nacional, y menos estando impedido por su condición de reo. Si él tiene esas gollerías, entonces ¿Por qué no se le da el mismo trato al resto de presos que purgan condena en las cárceles de todo el país, incluidos Vladimiro Montesinos, Abimael Guzmán y todos los narcotraficantes y secuestradores?

El juego de los tres ex mandatarios es claro, hacerse las víctimas. Pobrecitos ¿no? Son unos angelitos que jamás se robaron un solo centavo. Los malos somos nosotros, los honestos, los cojudos, los que los elegimos y seguramente los volveremos a elegir, los intonsos que nos tragamos los sapos y todavía creemos en la justicia y en la democracia. Ellos, ¡Son inocentes!

Que Cipriani pida al Vaticano su canonización.

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