Aeropuerto de Abancay, proyecto serio o estrategia electorera?

En un viaje relámpago que hice a Abancay pude constatar que no todo lo que brilla es oro, ni todos los proyectos que se anuncian de manera alegre en medios locales y hasta a nivel nacional, tienen sustento técnico ni económico.

Vayamos al grano, dos de los más importantes proyectos que tiene la Región Apurímac, la construcción del aeropuerto de Soccllaccasa y el teleférico en Choquequirao, no convencen porque los estudios, no cuentan con la aprobación del Ministerio de Transportes ni de Economía y Finanzas. Tampoco se sabe con qué fondos se harán, salvo que metan la plata de otras obras. No hay nada claro.

Eso no es todo, para muchos de los habitantes a quienes entrevisté, estas obras no son prioritarias, sino más bien electoreras y, en lugar de alegrarlos, les causa malestar y dudas porque consideran que son parte de la campaña reeleccionista del actual presidente regional Elías Segovia.

Parece que no les falta razón porque será imposible que Segovia concluya estas obras en su actual mandato. Y, si lo que quiere es captar votos engatusando a los electores con estos proyectos, es decir dándoles el mensaje “que si no me reeligen las obras no serán terminadas” está equivocado.

Hay malestar porque se hacen obras no prioritarias cuando aún no se ha atacado con seriedad la desnutrición infantil, la atención pre natal, el analfabetismo y la falta agua y electricidad en una gran mayoría de comunidades. Varios de los hombres de prensa abanquinos que mantienen independencia, porque no reciben ningún auspicio de la Región, nos dijeron que, sin embargo de la gran publicidad, no será tan fácil engañar a la población.

Por razones de tiempo, no estuvo programado mi viaje a Abancay, pero ante las quejas de algunos empresarios y conocidos vecinos, hartos de tantas mentiras, decidí viajar por unas horas a la capital apurimeña y lo primero que hice fue visitar Soccllaccasa, lugar donde la Región Apurímac ya inició los trabajos de nivelación para la pista de aterrizaje, pero no con la suficiente ni adecuada maquinaria pesada, para una obra de esa magnitud, sino más bien con la intención de mostrar a los cientos de pasajeros que a diario utilizan la carretera interoceánica, que es verdad que se está trabajando. Un gigantesco cartel colocado en una curva estratégica se encarga de destacar la obra ejecutada por la Región Apurímac.

Apenas llegué a Abancay me comuniqué con el presidente de la Región Elías Segovia quien me dijo que la obra se hará realidad en virtud de una alianza público privada y que el terreno está completamente saneado. Nos aseguró, además, que un consorcio chino está muy interesado de operar el aeropuerto. Cuando escuché la palabra “chino” se me frunció el ceño y pensé inmediatamente en la posibilidad que este proyecto se convierta en “un cuento chino”, como tantos otros y lo peor es que haya algo bajo la mesa, porque los chinos no son nada santos.

A propósito de las inversiones chinas, me parece que no está bien que los chinos se estén haciendo dueños de casi todas las minas del país, incluyendo Las Bambas. Lo mejor sería que nuestra minería esté en varias manos y no solo en una. Hay antecedentes de quejas en las empresas chinas, sobre todo en el trato a los trabajadores y el impacto ambiental.

Volviendo al tema, lo cierto es que los trabajos del aeropuerto se hacen con plata de la oficina regional y no con un presupuesto propio porque no existe y no sé si esté debidamente autorizado, de lo contrario su presidente tendrá serios problemas con la Contraloría y puede ser incluso denunciado por malversación.

En Soccllaccasa hay que volarse por lo menos dos cerros, hacer trabajos de nivelación y extender la pista de aterrizaje para que pueda ser usada por aviones por lo menos de mediana capacidad, salvo que sea solo para avionetas, con el peligro que la usen también los narcotraficantes, cosa que no sería nada raro.

La única manera de tranquilizar las aguas en Abancay es que el presidente regional explique detalladamente las condiciones en que se están ejecutando estos trabajos y si realmente cuenta con el aval de Economía y Finanzas y el gobierno central, incluso de aeronáutica, porque es la única entidad que puede medir la fuerza de los vientos, recomendar la ubicación geográfica y otras características, tanto orográficas como climatológicas de la zona, de lo contrario será como arar en el desierto.

En cuanto al teleférico de Choquequirao, en Cusco las cosas no se han tomado con mucho agrado, por celos y porque, según nos informaron, no se ha consultado a la Región Cusco, sin embargo de pertenecer este monumento inca a esa región y no a Apurímac. Y este no es el único embrollo, para llegar hasta el teleférico se tendrá que mejorar en unos tramos y construir en otros, la carretera de 52 kilómetros que vaya desde Saywite (cruce con la vía interoceánica) hasta Quiuñalla, pasando por Huanipaca, la misma que costará un huevo de plata.

Claro, si fuera realidad este proyecto, mejorarían notablemente las poblaciones de Curahuasi, Cachora y Huanipaca, donde la empresa privada se animará, estoy seguro, a construir hoteles y restaurantes. Pero la cosa no es tan sencilla, por eso la justificada preocupación de los abanquinos.

Debe estar claro que nadie se opone al desarrollo de Apurímac, mucho menos yo, que soy abanquino. Fui el primero en dar mi apoyo al teleférico a través de este medio y eso es fácil comprobarlo revisando los archivos de mi blog. De esto lo sabe muy bien el mismo presidente regional. Igualmente, cuanto más aeropuertos se construyan en el país, en buena hora. Pero si estas obras se hacen calculadamente, con fines electoreros, a sabiendas que no cuentan con el sustento económico ni técnico, eso es engañar a la población y tengo la obligación de pegar el grito al cielo.

Finalmente, para hacer este comentario no me llevé solo por los E-Mail ni las llamadas telefónicas que recibí. Fui personalmente a ver lo que está ocurriendo en Abancay donde, además de constatar la veracidad de estas preocupaciones, me ha sorprendido su crecimiento, lamentablemente a la de dios, donde todo el mundo construye sin licencia porque tampoco hay, al parecer, un plan de expansión urbana, ni mucho menos se cumplen con las ordenanzas municipales. Por eso el desorden en las calles, donde abundan las edificaciones a medio construir, letreros comerciales que no están regidos por ningún reglamento ni estética y las fachadas de las viviendas están en mal estado. El municipio ha abandonado el ornato, la belleza paisajista y limpieza de la ciudad. Las pistas y veredas están deterioradas y los jardines prácticamente no existen. Igualmente, los monumentos y lugares turísticos están en lamentable estado, como el puente Pachachaca que se desmorona y no hay autoridad que se apiade de este ícono del turismo abanquino. La carretara para ir al puente está en pésimo estado. El municipio está tan pobre que tiene que pedir la colaboración económica de los vecinos para construir una vía alterna y evitar que los camiones pesados crucen por el centro de la ciudad y la destruyan. Claro, también es cierto que para poner en orden la ciudad, en muchos casos, no se necesita dinero, sino pantalones. Y para vergüenza de mi profesión muchos de mis colegas abanquinos lanzan loas a la gestión regional y municipal a través de sus medios porque tienen jugosos contratos publicitarios y no porque se lo merecen.

Debemos cuidar que los fondos públicos no sirvan para mejorar la imagen de funcionarios sino para hacer obras y mejorar las condiciones de vida de la población.

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