Dia Internacional de la Mujer

En 1977, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer para reafirmar sus derechos y rendir homenaje a quienes, desde los albores de la humanidad, estuvieron sistemáticamente discriminadas y viviendo en condicones inferiores, con relación al hombre.

Sin embargo, vale la pena recordar que este reconocimiento no fue algo espontáneo, sino el resultado de una serie de acontecimientos históricos, de sacrificadas luchas y la presión de líderes visionarios y justos que entendían que tanto los hombres como las mujeres tenemos los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas obligaciones.

Sus antecedentes se remontan a la época de la revolución francesa, donde la mujer tomó parte activa en la toma de la Bastilla, al lado de esos valerosos revolucionarios que dieron sus vidas para conquistar sus derechos. Es allí donde se escuchan los primeros gritos de igualdad de la mujer. Luego, a mitad del Siglo XIX, surgen los primeros movimientos obreros en las principales capitales del mundo, exigiendo el sufragio femenino, la igualdad de derechos y se denuncia la opresión social, familiar y laboral de la mujer y aparecen las primeras líderesas, como Flora Tristán, que exigen en todos los foros el voto femenino.

En 1909 se celebra por primera vez en los Estados Unidos el Día de la Mujer Socialista, aunque de manera reservada. Un año después, en 1910, en Copenhague, capital de Dinamarca, se reúnen cien damas representativas de igual número de países para promover el sufragio de la mujer y la igualdad de derechos.

En 1913, en Rusia se celebra por primera vez el Día Internacional de la Mujer. Al año siguiente, lo hacen las mujeres de Alemania y Suecia, desafiando a sus gobiernos que no veían con simpatía estas manifestaciones.

Después de la Revolución de Octubre, en 1917, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-URSS-se consiguió que el soviet designe el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Y, al año siguiente, se logra que esta fecha sea “no laborable”. En China se empezó a celebrar desde 1922 y en España en 1936.

En Perú, la situación de la mujer, hasta entonces, era muy desigual. Las mujeres, especialmente de la sierra y la selva, eran relegadas, sin embargo de trabajar hombro a hombro con sus maridos en las tareas agrícolas, además de educar a sus hijos y preparar los alimentos. En las ciudades, los maridos no querían que sus esposas tabajen, tampoco los gerentes y administradores querían personal femenino por evitar las licencias por alumbramiento. Los padres escogían las carreras de sus hijas, insinuándolas a seguir aquellas consideradas adecuadas para su género, como el magisterio y enfermería.

En 1955, luego de grandes batallas libradas en las calles y plazas de Lima, Arequipa y Cusco y la tenacidad de valerosas lideresas como Elvira García y García, Adela Montesinos, Zoila Aurora Cáceres y la pedagoga vanguardista y fundadora de la primera organización feminista del Perú, María Jesús Alvarado, el parlamentario Víctor Andrés Belaunde plantea en el Congreso una Ley que permita el voto de la mujer. Fue cuando la oligarquía pega el grito al cielo y se opone rotundamente.

Luego de varios días de furibundos debates y airadas protestas callejeras de las organizaciones femeninas, pierde la derecha.

Hasta que el 7 de setiembre de 1955, al presidente de la República General Manuel A. Odría, no le quedó otra cosa que promulgar la ley 12391 que otorgaba el voto femenino a la mujer peruana.

El Perú fue el penúltimo país latinoamericano en reconocer el voto de la mujer. El último fue Paraguay.

Ahora, en el año 2014, el debate ya no es el derecho al voto, sino el derecho que tiene la mujer a decidir sobre su cuerpo. Las mujeres peruanas luchan por la despenalización del aborto y, como hace 60 años, es también la derecha que se opone. Son los conservadores y la iglesia que le dicen no a algo justo y necesario. Se oponen por oponerse, sin argumentos sólidos, sin tomar en cuenta las violaciones y los abusos a que son expuestas las adolescentes, en las calles, en sus trabajos y hasta en sus propios hogares donde son ultrajadas por padres beodos, padrastros degenerados y otros familiares. No es que sean majaderas, las cifras son espeluznantes: Cada año 120 mil niñas adolescentes peruanas son violadas. El 39% ha sido víctima de violencia física o sexual, por el esposo o su compañero. El 65.6% ha sufrido situaciones de control o de violencia verbal. El 26% de los hogares está a cargo de una mujer por abandono o viudez.

Si el congreso no aprueba por lo menos el aborto terapéutico, estará relegado, vivirá en la edad de piedra, y nos verán como un país atrasado en relación con otras naciones.

Es increíble que en pleno siglo XXI las mujeres del Perú sigan luchando para conseguir un trato igualitario. La población total del Perú es de 30 millones 475 mil 114 habitantes y la mitad, 15 millones 237 mil 572 son mujeres, que exigen más atención. Luchan para evitar los maltratos de sus parejas, la discriminación en los centros de trabajo. La iglesia no habla de discriminación porque tiene el rabo de paja. No hay mujeres sacerdotes, mucho menos obispos, ni papas. No les permiten a las mujeres el uso de anticonceptivos y gran número de curas son mujeriegos y hasta pedófilos.

Es verdad que se han hecho avances en el mejor trato a la mujer, tanto a nivel mundial como nacional, pero aún hay mucho por hacer para conseguir la igualdad de oportunidades, evitar la discriminación y combatir su estado de pobreza.

La ONU ha celebrado hasta 4 conferencias mundiales sobre la mujer y es cada vez el mayor el número de damas que participa activamente en la vida política y económica, aquí y en resto del mundo. Hay presidentes mujeres, ministros de estado. Están en la Marina, la policía, el ejército, la aviación. Son ejecutivas de empresas, astronautas, taxistas. Manejan máquinas industriales, tractores, buses, aviones, taxis. Esto ocurre en casi todos los países del mundo, con raras excepciones, por razones religiosas e ideológicas, tal como sucede en algunas naciones del medio Oriente.

Sin embargo, falta todavía acabar con algunas lacras que atentan contra sus vidas, como la violencia femenina, la pobreza y el analfabetismo, sobre todo en la sierra de nuestro país.

En los últimos años algo se ha avanzado. En nuestro país se ha creado el Ministerio de la Mujer y se ha vigilado más de cerca el desarrollo de nuestras adolescentes, la mayoría tiene DNI y las mayores de 18 años con derecho a voto. Se han dado las condiciones para que tengan las mismas oportunidades en la toma de decisiones. Hay un buen número de mujeres en el Congreso y en el Gabinete Ministerial. Pero hay que seguir caminando más.

Claro, no se trata solo de evitar las desigualdades que afrontan las mujeres, sino de hacer que, tanto hombres como mujeres, caminemos juntos. Si solo ellas van a seguir consiguiendo más beneficios y los hombres no, pronto seremos nosotros los que lucharemos por la igualdad con la mujer.

Los beneficios deben ser iguales para ambos. Y, otra cosa, siempre debemos estar unidos, hombres y mujeres, para luchar por las grandes causas nacionales y por el bienestar de nuestras familias.

En el campo laboral no se ha avanzado a gatas pese a los esfuerzos que se hacen para solucionar el desempleo. No se considera como trabajo las labores domésticas sin embargo de haber 2 millones 300 mil amas de casa. El 28%, además de las labores de la casa, tiene que realizar trabajos eventuales para ayudar a su familia y solo el 22% tiene un trabajo permaente además de realizar labores en el hogar. El Instituto de Estadística-INEI-dice que 7 millones de mujeres están ocupadas, trabajando o estudiando.

La educación es todavía deficiente y la esperanza de vida se ha detenido en 77 años cuando en otros países supera los 85.

El INEI dice también que 2 millones de mujeres tienen trabajo, pero lo que no dice es que, con los sueldos que ganan no pueden cubrir sus necesidades básicas. Con un sueldo mínimo de 750 soles no hay esperanza de desarrollo, ni mucho menos de mejorar la calidad de vida. Y para colmo solo reciben una remuneración equivalente al 67% de lo que se les paga a los varones.

La mujer, como esposa, como madre y como trabajadora, de hecho, ocupa un importante lugar en el mundo y sobre todo en el corazón del hombre. Por tanto, por lo que hace y representa, se merece todo nuestro reconocimiento. Desde aquí le digo ¡Feliz día Internacional de la Mujer!

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