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En en Día del Padre

20 junio, 2015

Así como ocurrió con el Día de la Madre, el Día del Padre empezó a celebrarse también en los Estados Unidos. Fue un 19 de junio de 1909 cuando Sonora Smart Dodd quiso homenajear a su padre Henry Jackson Smart, un veterano de la Guerra Civil que se había convertido en viudo al morir su esposa, la madre de Sonora, en el parto de su sexto hijo.
Fue en Washington donde Henry Jackson se hizo cargo de la educación de sus seis niños. Sonora fue testigo que su padre era un ejemplo a seguir y propuso como fecha dedicada a todos los padres, el día del nacimiento de su padre, el 19 de junio.

La idea de instituir el Día del Padre fue acogida con entusiasmo por muchas personas en diversos condados y ciudades. En 1924 el presidente Calvin Coolidge apoyó la idea y convirtió el Día del Padre en una celebración nacional.

Finalmente en 1966, el Presidente Lyndon Johnson firmó una proclamación presidencial que declaraba el tercer domingo de junio como Día del Padre en Estados Unidos. La mayoría de países del Continente Americano se sumaron también a dicho festejo.

Por una entrevista del diario El Comercio, me enteré que fue Nilo Marchand quien trajo al Perú la idea de los EEUU en 1944 cuando viajó a Miami enviado por el gerente de la tienda donde laboraba, para participar en una subasta de corbatas.

“Traje todo lo que pude gastando lo menos posible. Durante ese viaje me enteré de que en Estados Unidos celebraban el Día del Padre desde 1910. Quienes tenían al padre vivo compraban corbatas azules con bolitas blancas y los que tenían al padre fallecido compraban corbatas rojas con bolitas blancas”. Dice Marchand.

Y se preguntó ¿por qué no hacer eso mismo en Lima?

Al principio no aceptaron la idea en la tienda y cuando finalmente lo hicieron, colocó un aviso en el diario La Crónica y habló con Alex Oeschle para que se exhibieran las corbatas en las vitrinas para celebrar el Dia del Padre, pero no se vendió nada y el gerente se enojó.

Seis meses después la misma idea se lo planteó al gerente de Sears y la aceptó. Al año siguiente, en 1945, se publicó el anuncio y pegó. Desde aquella fecha empezó a celebrarse en nuestro país el día dedicado a los padres.
Lo importante es que no veamos esta fecha como un pretexto comercial para aumentar las ventas en los centros comerciales, sino como un día dedicado a ese ser que nos dio la vida, al hombre que formó nuestros sueños y guió nuestros pasos.

En la mayoría de países del Continente Americano se celebra el tercer domingo de junio. En España, el Día del Padre se relaciona con la Festividad de San José, padre de Jesús de Nazaret, y por eso se celebra el 19 de marzo. En esa fecha, la familia española se une para agradecer con regalos la labor de los padres y expresarles el amor que se les profesa.

El 19 de marzo también se festeja al padre en San José, Portugal, Italia, Honduras, Guinea Ecuatorial, Liechtenstein, Macao, Andorra y Bolivia.

Hay otras fechas. En Rusia, por ejemplo, han elegido el 23 de febrero, Día de los defensores de la Patria. En Rumania es el segundo domingo de mayo y en Australia y Nueva Zelanda, el primer domingo de septiembre.
Muchos hijos llegan a apreciar el valor de la presencia del padre, cuando ya llegan a ser padres. Recién es cuando aprecian su importancia y se sienten orgullosos y felices de tenerlos vivos.
Para los niños, el padre es su héroe, su guía, su protector y por eso lo tienen siempre presente. Para los adolescentes, su admiración muchas veces es silenciosa, porque a los chicos les cuesta decir “te amo”, Te quiero”, “Te admiro”, aunque se mueran de ganas de expresarlo.

En mi caso, como padre y abuelo, es difícil hacer una autocrítica, más aún en una fecha como esta. Seguramente que he cometido muchos errores como padre, pero siempre serán mucho menos que el inmenso cariño que les tengo a mis hijos y nietos.

De mi padre, solo tengo el recuerdo de haber disfrutado de su compañía seis escasos años antes de su partida al más allá, pero los suficientes como para agradecerle hoy por todo lo que me dio en mis primeros años, por su ejemplo y amor.

Por desgracia no todos posen la dicha de tener a su padre vivo y lo que es peor, no conocen a su padre, por ahí que es importante la presencia del abuelo, del tío u otra persona que los apoyen y se preocupen por ellos y en ese caso, hay que tratarlos a ellos como padres y reconocerlos como si verdaderamente lo fueran.

Mi deseo es que, al celebrarse este tercer domingo de Junio, el Día del Padre, disfruten al máximo de la presencia de este ser maravilloso, mientras estén vivos, porque después solo estará en vuestro recuerdo.

Es una buena ocasión para decirle gracias por habernos dado la vida y habernos educado, y a la vez permitirnos ser tal como somos. Gracias por hacer notar nuestros errores, gracias por ayudarnos cuando más lo necesitamos, gracias por sus consejos oportunos, por sus manos extendidas y su corazón siempre abierto.

De niños vimos a nuestro padre siempre grande. Y ahora que somos padres lo vemos aún más grande, porque nunca deja de ser nuestro aliado. ÉL, no es un ser extraño, tampoco un extraterrestre, es solo un hombre como todos los seres que tienen corazón y saben señalar el horizonte de sus hijos con el ejemplo. Es aquella combinación de la rectitud y el perdón, del amor y la fuerza de razón. Es aquel ser que parece duro por fuera y es tierno y dulce en su interior. Es el hombre que después de una dura jornada de trabajo, al llegar a casa todavía tiene fuerzas para abrazar a sus hijos y convertirse en un niño para jugar con ellos. Es el amigo, el confidente, a quien jamás debemos tenerle temor.

Por eso, en su día, le rendimos nuestro más grande homenaje porque es el faro que ilumina nuestro camino, vivo o fallecido, y porque no mira nuestros errores sino nuestro futuro. Gracias padre por tus preocupaciones, tus desvelos y por ser mi primer gran maestro.

¡Feliz día del padre!

El Señor de Qoyllur Riti

1 junio, 2015

En las alturas de Ocongate, provincia de Quispicanchi, la única forma de combatir el intenso frío, que cala hasta los huesos, es abrigándose “por fuera y por dentro”, como dicen los lugareños. Por fuera con un buen abrigo de lana y por dentro con un buen pisco. Y para el mal de altura no hay nada mejor que un mate de coca, aunque los entendidos recomiendan mascar las mismas hojas porque, según aseguran, “es más efectivo”
Por eso, la peregrinación al Santuario de Qoyllu Riti “es para machos”, y para muchos, porque son miles y miles los que ascienden para pedir un milagro o para agradecer un favor recibido.
De acuerdo a la versión del Antropólogo Jorge Flores Ochoa, mi catedrático en la Universidad San Antonio Abad en mi época de estudiante, “originalmente esta celebración era estrictamente campesina y muy cerrada, pero a partir de que la Iglesia difunde la aparición de Jesucristo en Sinakara, se inicia la llegada paulatina de nuevos peregrinos, gran parte de ellos de las zonas urbanas. Es probable que en algún momento, como se escucha insistentemente las naciones andinas cambien el escenario de la peregrinación”.
Y bien, los jóvenes turistas extranjeros, siempre precavidos, y los conocedores de la zona, que también llegan por miles, se llevan carpas para pernoctar en la hoyada del Sinakara y pasan la noche bebiendo como dios manda para poder resistir el frío y contrarrestar los efectos de la altura que sobrepasa los 4 mil 800 m.s.n.m. claro, siempre y cuando no sean sorprendidos por los pablitos y ukukos,
Los habitantes de la zona, los músicos y danzantes, acostumbrados al clima, extienden sus ponchos sobre el ichu y bajan las orejas de sus chullos para taparse la suyas y descansar colocando sus cabezas sobre sus atados, no sin antes haber intercambiado con los visitantes hojas de coca por pisco y cigarrillos.
La fiesta en honor del Señor de Qoyllur Riti, es movible, 58 días después del domingo de Resurrección y dos días antes del Corpus Christi.
Poco a poco los peregrinos por miles se apoderan de las faldas del Qolquepunco. Esta es seguramente la peregrinación más grande en Perú, la más extensa y a la vez la más difícil.
Las naciones llevan sus cruces en procesión hasta el nevado del Sinakara y allá las dejan hasta la madrugada del martes, que es cuando descienden los pablitos, que son mitad hombre, mitad oso, o mitad alpaca, cargando pedazos de hielo en sus espaldas que al derretirse se convierte en agua bendita para los que llegan a Ocongate.
El señor de Qoyllu Riti, “la Estrella de Nieve”, cuya imagen fue hallada encima de un árbol de Tayanca en forma de cruz y en la peña cercana donde ocurrió el milagro quedó grabada la imagen del Señor y sobre ella se pintó la figura que actualmente se adora.
En cuanto a su aparición se ha tejido una serie de historias y leyendas que se transmiten de generación en generación.
En uno de mis viajes que hice al Cusco, mi amigo Alfredo Febres y su esposa, me contaron una de esas historias, mientras tomábamos un chocolate caliente, con exquisitas “lenguas de suegra”, en el Ayllu.
Ambos, son integrantes del Comité Pro-construcción del Templo del Señor de Qoyllur Riti en Cusco que preside Pablo Cortez, miembro de la llamada “Nación Tawantinsuyo” presidida por Alejandro Castillo.
Además de la Nación Tawantinsuyo hay otras naciones: Paucartambo, Quispicanchis, Acomayo, Paruro, Anta y Urubamba.
El templo se construye en un área de 400 metros sobre un terreno de 1500 metros ubicado en el cerro Muyoq Orqo del Asentamiento humano Choqo, en Cusco.
Ellos me contaron la historia que da vueltas cada vez que se acerca la Fiesta de Qoyllu Riti.
Como todas las historias, leyendas y cuentos, esta puede ser cierta o no, pero que ha calado en la población. Se dice que en 1870 un pequeño pastor de alpacas, Mariano Mayta, de apenas 12 años fue el primero en ver la milagrosa aparición de Jesuscristo en las faldas del Sinakara.
El pastor vivía con su hermano de 16 años en una cabaña cerca de Mahuayani, y su padre en una estancia de la misma zona. Ambos se dedicaban al pastoreo de auquénidos y ovinos en la hoyada de Sinakara, al pie del Nevado de Qolqepunco.
El hermano mayor abandonaba continuamente la cabaña, dejando solo a Mariano. Y un día, cansado de esperarlo, decide ir a Mahuayani en busca de su padre, dispuesto a contarle del constante abandono de su hermano mayor. Pero este se le adelanta y lo acusa a Mariano de ser un niño desobediente y ocioso, y el padre lo castiga y lo obliga regresar a la cabaña.
Al día siguiente, el hermano vuelve a abandonarlo. Nunca se supo el motivo de sus correrías, se cree que estaba en amoríos con una muchacha que vivía en los alrededores. Fue entonces que Mariano, angustiado por la soledad y el hambre, decide trasponer el nevado. Pero cuando estaba dirigiéndose al lugar, se encuentra con un niño, más o menos de su edad, quien le pregunta qué es lo que le sucedía y por qué quería atravesar el nevado poniendo en peligro su vida.
Mariano le respondió que no quería volver donde su padre para que no lo castigue por culpa de su hermano mayor.
El niño le aconseja y recomienda que no tome esa decisión y para que mitigue su hambre le ofrece pan y lo acompaña en sus labores de pastoreo.
Al regresar a la cabaña, no cuenta su aventura, pero no puede dejar de pensar en aquel niño bondadoso que había conocido.
Al día siguiente, como siempre se levanta temprano y se va a pastar el ganado en el mismo lugar donde aquel niño extraño le había prometido esperarlo. Ahí estaba él.
A partir de ese momento sus encuentros son más frecuentes y todos los días no le hacía faltar una ración de pan para saciar su apetito.
Hasta que un día, un comunero que buscaba una llama que se había perdido divisó en las laderas del Sinakara, que Marianito jugaba con un niño extraño y pensando que era hijo de algún cazador que se había alojado en la cabaña de los Mayta, no le dio mayor importancia.
Luego de varios días, el comunero nuevamente ve a Marianito y al niño forastero en el mismo lugar. Este hecho le llama la atención y, de regreso a Mahuayani, le comenta al padre de Mariano quien, de inmediato se dirige a la cabaña donde vivían sus dos hijos, encontrando solo a Mariano y no al mayor por lo que montó en cólera. Y al contar los animales, constató que habían aumentado en número y al mismo tiempo había abundante lana hilada.
La sorpresa del padre aumentó al entrar a la cocina donde todo estaba en orden y le preguntó a Mariano por qué no cocinaba y él le respondió que tenía un amiguito que le facilitaba todas las cosas y hasta le ayudaba a pastar el ganado y a hilar.
Mariano, al notar que su amiguito nunca se cambiaba de vestido, le preguntó por qué usaba el mismo atuendo siempre. Su amigo le respondió que no tenía otro vestido porque no había esa tela en esos lugares.
Mariano, le ofrece conseguir la tela como agradecimiento por toda su ayuda con tal que le dé una muestra. Y emprende el camino hacia a la casa de su padre, a quién le comenta la conversación con el niño y le hace ver el trozo de tela. Pero como su padre no podía viajar a la ciudad de Cusco, le sugiere a su hijo que sea él quien lo haga.
Entusiasmado, pero a la vez preocupado, Mariano llega al Cusco y sin pérdida de tiempo recorre todos los establecimientos comerciales en busca de la tela, pero no pudo encontrarla, ni siquiera una parecida.
En una de las tiendas, uno de los empleados, que conocía bien de telas, luego de revisar el pedazo una y otra vez, le aconseja averiguar en el Arzobispado porque, le dijo, solo los Obispos usaban ese tipo de material. Así que logra entrevistarse con el prelado, quien escucha con atención al niño.
El Obispo Moscoso le dice que esa tela no existía y le recomendó acudir donde el Párroco de Ocongate, Pedro de Landa, y le da una carta lacrada para que el Párroco averigüe sobre la procedencia de la muestra de tela que tenía Mariano, porque tenía la sospecha que se estaba cometiendo un sacrilegio por parte de algún indígena ya que la muestra era similar a la de los vestidos de las imágenes de los santos.
El Párroco, luego de leer la carta le convence a Mariano para que lo lleve donde su amigo que usaba el vestido confeccionado con ese tipo de tela.
Luego de un largo y penoso viaje por la cordillera, un 12 de junio de 1783, llegan a un punto de la cordillera de Sinakara, donde efectivamente vio a un jovencito que vestía una túnica blanca pastando el ganado, en reemplazo de Mariano. Pero cuando se aproximaron a él, una luz intensa les ofuscó la vista y no fue posible acercarse y tuvieron que retirarse.
Días después, el Párroco convocó a las autoridades comunales, vecinos cercanos y acuerdan atrapar al niño de la túnica.
Después de varios días de una larga y penosa caminata llegan a Sinakara, pero según se iban acercando, la luz intensa no les permitía mirar bien y acuerdan rodearlo.
Ante la sorpresa de todos, la figura refulgente se fue hacia las rocas y vieron que encima de un árbol de tayanka, estaba la figura de Cristo en momentos de su agonía. El sacerdote y su comitiva, quedaron perplejos y no les quedó otra cosa que inclinar sus cabezas y postrarse de rodillas.
Entretanto, Marianito al ver la imagen pensó que habían matado a su amiguito, porque manaba abundante sangre de su cuerpo, clamó misericordia y preso de la angustia falleció.
Se cree que se encuentra enterrado al pie de la misma peña que hoy se venera como sagrada.
Así como esta puede haber muchas historias, pero la verdad es que los miles de fieles llegan hasta este lugar para venerarlo, elevar sus oraciones y de paso vivir la fiesta costumbrista más bella al pie del nevado.