El pisonay de pinculluna

Mientras saboreábamos un delicioso sancochado en uno de los tradicionales restaurantes del pintoresco pueblo de Surco, muy cerca a Lima, Coco Nadal nos contó que, un día, en el fondo del baúl donde guarda bajo siete llaves algunos de sus más preciados recuerdos, halló un viejo manuscrito de su abuelo, el Coronel  Ramón Nadal Suárez conocido como “pichingoto”, donde le rinde homenaje al Pisonay, el árbol emblemático de varios lugares de la sierra, como Yucay, Urubamba y Ollantaytambo en Cusco y Abancay y Cachora en Apurímac.

En la reunión estuvieron también Roby Garmendia y Henry Aragón quienes, al igual que yo, le pedimos que nos diera más detalles de esta historia. Yo fuí más lejos, le pedí que me envíe el texto completo para publicarlo en mi blog, y cumplió, por lo que le agradezco.

Pero, antes de darles a conocer los detalles del manuscrito, vale la pena recordar que el coronel Ramón Nadal Velarde fue uno de los once hijos que tuvo el ciudadano español Juan Nadal, nacido en Cataluña quien, en 1778 llegó a Buenos Aires-Argentina y en 1783 contrajo nupcias con Francisca Morel. Su hijo, Ramón Nadal Morel, llega a Cusco como militar del ejercito realista en 1820. Es el primero de los Nadal en llegar a la ciudad imperial. Era un militar reconocido por sus audaces acciones en batalla. Nació en la provincia de Salta-Argentina en 1797 y falleció en el Cusco en 1866. Cuando era Teniente Coronel luchó en Moquegua bajo las órdenes del General Espartero y en Ayacucho defendiendo el uniforme de los realistas, en 1824. Capitulando después de la batalla.

Al pasarse al ejército patriota en 1820, por órdenes del general Agustín Gamarra fue enviado al Cusco llevando una carta para el Presidente del Cabildo, el Brigadier español Don Antonio María Álvarez, en la que se le hacía conocer del triunfo de los patriotas en Ayacucho y, de inmediato, procediera a allanarle el camino a Ramón Nadal Morel. En 1823 se casa con Mercedes Picoaga hija del capitán Francisco de Picoaga y heredera de la hacienda La Glorieta de Nuestra Señora de La Asunción de Lucre, con quien tienen 5 hijos: José Manuel, Antonia, Julián, Alejandro y Adeodato, (Este último abuelo de Coco Nadal)

Nadal Morel llegó a ocupar los siguientes cargos: En 1827 fue Comandante de milicias de Chumbivilcas. En 1830 fue nombrado Coronel de Regimiento de la milicia Civil de Quispicanchis. En 1834 Coronel de Caballería de Chumbivilcas y en 1840 Comandante General del Departamento del Cusco, siendo uno de los funcionarios más importantes.

El 19 de Noviembre de 1847 Ramón Nadal le compra la hacienda Sillque a Andrés Gamarra, hijo del general Agustín Gamarra, en 42,000 pesos. Era el latifundio más grande del Valle Sagrado de los Incas que comprendía Chilca (Ollantaytambo) hasta Machupicchu, una de la siete Maravillas del Mundo. En 1875 falleció Adeodato y se quedó como administrador de esa inmensa propiedad Mariano Ignacio Ferro. En vista que Genara Suárez del Mar, esposa de Adeodato decidió radicar en Lima, Ferro se quedó como propietario de la hacienda Silque.

Es cuando Ramón Nadal se hace cargo del llamado obrador “Tejidos Lucre” y en 1861 con la importación de modernas máquinas que vio su hijo Alejandro en su viaje a París-Francia, el obrador se convierte en Fábrica de Tejidos Lucre.

Cabe señalar que Ramón Nadal fue abuelo de Javier Sota Nadal, ex Ministro de Educación, José Nadal Paiva, ex General de la FAP, Jorge Nadal Paiva, ex General del Ejército, Dominga Sota Nadal, Martha, Jorge “Coco” y Fernando “Nano” Nadal. Salustio Nadal Ochoa conocido como “El chaco”, (papá de Coco), nació el 28 de octubre de 1907 en Urubamba. Llegó a estudiar en la Universidad Nacional de Ingeniería pero no termino su carrera por haberse enamorado de una muchacha arequipeña. Trabajo en Toquepala y en la CRIF del Cusco, falleciendo el 4 de Setiembre de 1993 en Lima. Estuvo casado Elsa Cáceres con quien tuvo tres hijos: Martha, Nano y Coco, este último contrajo matrimonio con Ivonne Navarro con quien tiene tres hijos: Erika , Alvaro y Alessandra y una nieta, Kamila, hija de Erika, siendo la última de las siete generaciones de los Nadal.

Y bien, luego de este resumen cronológico, revisemos la transcripción del manuscrito de Ramón Nadal Suárez “Pichingoto”, hallado por Coco. (Le hice algunas correcciones autorizadas por su nieto) Dice así:

“A la entrada del histórico pueblo de Ollantaytambo y a pocos pasos de la portada inca de Pinculluna, se alza un milenario pisonay de grueso tronco y majestuosa fronda que siempre me impresionó desde cuando era niño. Recuerdo que después de los exámenes finales, en la época de las vacaciones escolares, yo me iba a Silque, la hacienda de mis padres. Y apenas divisaba el pisonay desde las alturas de Pachar, camino de Maras, o desde Tinqui-kero, camino a Urubamba, me llenaba de profundo regocijo.

De ambos lugares podía distinguir su follaje y lo saludaba como si fuera una persona que salía a mi encuentro. Eso mismo hacía con su hermano gemelo, el pisonay que estaba al costado de la iglesia de la finca de mis padres, a cuya sombra jugaba con mis hermanos y los hijos de los colonos, mientras nuestros padres se sentaban en los poyos del atrio esperando la llegada del señor cura para la santa misa.

El viento sacudía las ramas haciendo caer sus flores rojas sobre nuestras cabezas. Era tan fuerte que hasta agitaba las campanas de la iglesia. ¡Qué bello espectáculo! Las flores deleitaban nuestros ojos y el tañido de las campanas alegraba nuestros corazones.

Han transcurrido ya muchos años y aquellas campanadas aún llegan al lugar de mi retiro. Ya no suenan tan alegres como antes, ahora están tristes. Tampoco llaman a misa, ahora parecen llamar a un funeral. Y mi corazón que ayer saltaba de gozo, se oprime al escuchar esos tañidos porque seguramente siente que ya no son mensajes de esperanzas e ilusiones sino de amarguras y desengaños.

Tampoco el aire es suave, sedante, como cuando brindaba frescura al solar de mis padres. Hoy, es un viento huracanado que parece me condujera a mi retiro de Pilcohuasi. Es un viento que me arrastra a las soledades misteriosas de la noche y aúlla como un puma hambriento para luego recorrer entre los tubos oxidados del viejo órgano, cuyos restos todavía se retuercen sobre las tumbas.

Es un viento que sacude con furia las puertas y arrastra los lienzos abandonados en las derruidas paredes del templo. Un viento que se arremolina juntando las hojas secas y las flores marchitas del viejo Pisonay, que acostumbran caer sobre el campanario, la iglesia y las cruces del cementerio.

Ya no es la brisa que susurra entre las ramas del viejo árbol, es un huracán que sacude sus tallos desnudos, haciéndolos rozar entre sí y produciendo crujidos secos, lúgubres, como los estertores de la agonía.

La hacienda ya no es mía y mis padres están muertos.

El viejo mayordomo tampoco está. Solo el pisonay que sobrevive junto a la torre de la iglesia donde cuelgan las campanas, brindando sus sombras al visitante. Sombras que en las noches de luna llena vagan por los patios solitarios de la casa, por las laderas tristes de la hacienda y los campos donde corría en mi niñez. Sombras que parecen acercarse al pisonay de Pinculluna para dialogar con él, como lo hacen los hermanos cuando se sienten solos.

Por esos recuerdos del pasado y mis sueños presentes, hoy quiero lanzar esta oración a los cuatro vientos:

¡Salve oh Pisonay!
Arbol del Antisuyo.
Arbol legendario…
yo te saludo.
Ante tu majestuosa fronda
me inclino reverente.
Creo ver en tí, árbol gigante,
al único testigo viviente
de la grandeza de los incas.

En las oscuras noches,
al costado de los grandes
monumentos pétreos
que se alzan a tu vera,
dirijo mis pasos por la sombría alameda
de sauces llorones,
que extienden a tus pies
su frondosa cabellera.

Fascinado por el misterio
que envuelve a Ollantaytambo,
intrigado por los secretos
que guardan los monolitos que te rodean,
te contemplo a través de los rayos de la luna
que se filtran en la espesura de tu ramaje.

Te ofreces a mi espíritu
como el venerable Huillacc- humo,
guardián y custodio
de los templos de Pachacamac,
monarca destronado,
en la oscuridad de las noches,
y urdes con la astucia del indio,
y sigilosa calma,
la recuperación de su cetro
y sus legítimos derechos.

En los momentos que el vendaval azota tus sienes
y sacude tu follaje,
como el viento la melena del león,
tiemblan tus raíces
y se aferran a la tierra,
como nervios encrespados,
como músculos del coloso.

En esos instantes
en que se frotan tus troncos
y tus hojas se derraman a tus pies,
pienso en los quejidos del desconsuelo
y en las lágrimas de la desesperanza.

Pisonay, tú que hablas,
que te comunicas con los incas
y dialogas con los rayos del sol y la luna.
Tú que sufres y nunca te quejas,
porque sabes que tus angustias
son menos dolorosas que las notas tristes
de las quenas de los Antis
que se oyen en las faldas de los cerros,
sobre la paja bravía de la cordillera
o junto a los picachos de nieve,
permíteme penetrar en esas tumbas secretas de tus sombras,
en esta noche plateada por la luna
y descifrar tus enigmáticos sonidos,
tu misterioso lenguaje.
Quiero saber qué dicen los crujidos de tus troncos
y los chasquidos de tus hojas.

Pisonay querido,
gracias por oírme,
por haberme cobijado bajo tu sombra
y contarme tantas historias,
mientras descansaba
apoyando mis espaldas en tu tronco.
Y gracias también al viejo mayordomo de la hacienda
por haberme sugerido escribir estas líneas.

 

16 comentarios to “El pisonay de pinculluna”

  1. carlos olazabal Says:

    Felcitaciones por el blog. Me preguntaba por donde estará el sr herberth castro? Ya lo encontré.

    Un favor, hace unos años encontré el artículo sobre el pisonay en El Comercio del Cusco de los años 20, pero se me perdió. Quisiera comunicarme con la familia del autor para conseguirlo y poderlo publicar en el boletín “Pututu” que editamos en Ollantaytambo.

    http://www.pututu.blogspot.com/

    • herberthcastroinfantas Says:

      Hola Carlos:

      Felicitaciones por el esfuerzo de editar un diario en Ollantaytambo y con un nombre muy original. Efectivamente el manuscrito de este artículo publicado en El Comercio del Cusco lo tiene el nieto del autor, Jorge Nadal, amigo mío. Puedes comunicarte con él al correo jorgenadal@,msn.com
      Un abrazo.

  2. carlos olazabal Says:

    Muchas gracias!!!. Los temas tocados en el blog, sobre todo los realcionados sobre la historia cultural del Cusco, son muy interesantes

  3. Carlos Cardenas Palacios Says:

    He leído algunas de sus entradas en su interesante blog. Para muchos el pisonay es un árbol emblemático. Mis recuerdos los asocian al valle de nuestra querida tierra Abancay, en especial a la quebrada del río Mariño, la subida al cementerio y también al emblemático pisonay que estaba cerca del patio principal del CE 5001 ex Pre Vocacional de varones, donde estudié la primaria y enseñó mi padre Armando Cárdenas. Al pie de ese pisonay había unas bancas de madera, donde se reunían los profesores a convesar en el recreo y nosotros también nos cobijábamos a su sombra cuando llovía, cuando el calor era intenso en los meses de octubre y noviembre (época de piscina) o para recoger sus flores y jugar haciendo pelear gallitos.

    Tengo muchos recuerdos asociados a este bello árbol de centellantes matices, cómo aquel longevo pisonay que nos recibió en la plaza de Cachora, en los dos viajes que hicimos a Choquequirao junto a mi hermano Arturo y mi primo Salvador. Y aunque no estuve en esa época, probablemente brindó su sombra también a mi abuela materna Noemí López cuando trabajó de profesora en ese bello poblado.

    Sólo me queda felicitarte por este interesante espacio que nos trae añejas vivencias y nos transporta temporalmente a algunos a veces olvidados pasajes de nuestra infancia.

    • herberthcastroinfantas Says:

      Apreciado Carlos:

      Tu padre Armando vivió cerca de aquel emblemático Pisonay que se encontraba en el paradero de Abancay. A propósito de él, lo recuerdo como un hombre muy amable, poseedor un extraordinario don de gentes y siempre dispuesto a colaborar con todos. Y me alegra que su familia lo recuerde con el mismo cariño que le recordamos sus amigos.

  4. Kusi Seminario Says:

    Hablando de Pisonayes…
    Me da mucha pena contarles que en la Av. de los Pisonayes, en Urubamba, se está cometiendo un gran atentado contra este árbol. Hace unos años que la gente empezó a sacar la cásacara del tronco para hacer leña. Asimismo, la municipalidad junto a un inescrupuloso vecino en forma improvisada talaron algunos árboles y de paso cortaron dos de los pocos pisonays que estaban sanos. Me gustaria juntar informacion, cuentos, fotos, etc. para poder mostrarle al pueblo de Urubamba el crimen que se está cometiendo.
    Mi correo es kusi_ssb@hotmail.com
    gracias por su ayuda
    Kusi Seminario

    • herberthcastroinfantas Says:

      Apreciado Kusi:

      Aprecio tu valentía por denunciar estos hechos. Es lamentable que algunas autoridades permitan estos arboricidios en lugar de fomentar su reforestación. El Pisonay es una de las especies emblemáticas de varios lugares del país, particularmente de los valles del Cusco y Apurímac. Te felicito por esa brillante idea de coleccionar todo lo referente a esta bella planta de la sierra peruana. Espero que mis lectores se comuniquen contigo para ayudarte en este lindo proyecto.

  5. elizabeth amez Says:

    Apoyo cualquier intento que surja para propiciar la permanencia de nuestra riqueza vegetal, mineral, animal y humana. Admiro al pisonay y pronto, a la empresa que formaremos mi esposo, mi hijo y yo, le pondremos “Pisonay Producciones” para la creación de proyectos audiovisuales y artísticos. Es un árbol hermoso, su nombre suena de maravillas y además, es nuestro.

  6. Jose Says:

    hola, por casualidad sabes con quien se caso el senor Adeodato Nadal Picoaga?

  7. Rosanna Paredes Sota Says:

    Alguien podria decirme si la hacienda Cachiccata era propiedad de Ramon Nadal Suarez?

    • herberthcastroinfantas Says:

      Estamos averiguando. Hay cartas que datan todavía de 1870. Al parecer fue parte de la hacienda Sillqui que luego pasó a ser propiedad de la familia Sota. Todo se puede lograr con paciencia y buen humor.

  8. Ernesto Says:

    Hola, que buena información pones aquí, gracias! me puedes indicar como se dividieron la hacienda silque los cuatro hijos: Antonia, Julián, Alejandro y Adeodato? o le toco a solo uno? Gracias otra vez!!!

  9. ELVIRA YAMPI VIZA Says:

    Mis felicitaciones al señor herbert, por darnos a conocer sobre el legado de la historia de nuestro peru especificamente de nuestro departamento del cusco muchos exitos y que siga escribiendo y para dar informacion a nuestras futuras generaciones.

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