La muerte de la Vitrola

Entre los mil noventa y nueve inventos de Thomas Alva Edison, el gramófono, conocido también como vitrola fue sin duda uno de los aparatos que más encandiló a la gente.
Y como todo nuevo invento que se pone en el mercado, este deslumbrante invento también llegó acompañado de nuevos problemas, entre ellos el mantenimiento y, claro, los robos. Como todo el mundo quería tener este novedoso aparato, la gente honesta la adquiría en la tienda y los amigos de lo ajeno en la casa del vecino.
–Ay hija, mi marido no quiere comprar una vitrola porque le han dicho que produce sordera.
–No me digas Cleo, nosotros tampoco tenemos vitrola en casa porque le han advertido a mi marido que estos nuevos ritmos que se bailan, como el mambo y el chachachá, causan deformaciones en la columna vertebral.
–Amigas, ¡Qué coincidencia! en mi casa tampoco tenemos vitrola por recomendaciones de un amigo de mi esposo, quien nos ha advertido que el polvillo que le saca la aguja a los discos afecta los pulmones y produce cáncer.
Por supuesto que aquellas temerarias versiones eran solo especulaciones de la gente como para morirse de la risa y no de alguna enfermedad. Al contrario, la gente que bailaba al compás de los maravillosos sonidos que emitía este novedoso aparato se mantenía más sana, por los ejercicios. Las familias eran más alegres y tenían el espíritu más positivo. Y, finalmente, la diminuta y microscópica viruta que seguramente le sacaba la púa al disco, por su propio peso se iba al piso y no a los pulmones.
No obstante, en la década de los cuarenta y parte de los cincuenta, todo daba vueltas en derredor de la vitrola. Y, ¡Qué bien que se escuchaban las canciones de aquella bella época! Entre ellas las joyas musicales interpretadas por extraordinarios maestros como el gran Enrico Caruso, considerando el mejor tenor de todos los tiempos, cuyos discos de 78 rpm, se guardaban como joyas, entre ellos “La Boheme” de Giacomo Puccini o la “Luz de la Luna” cantado en español junto con Emilio de Gogorza. Ni qué decir de los tangos de Gardel que llegaban de la Argentina.
Con razón el escritor argentino Julio Cortázar decía: “A Gardel hay que escucharlo en la vitrola, porque su voz sale de ella como la conoció el pueblo en el año 25. Para escucharlo, hasta parece necesario el ritual previo de darle cuerda, ajustar la púa y…”
Como todos los inventos, este aparato también tuvo un ciclo de vida muy efímero.
– ¿Y ahora qué haremos hija? Este sábado es el cumpleaños de tu padre y la bendita vitrola se ha malogrado ¡Qué cólera!
–Qué vergüenza dirás, mamá. ¡Qué pensarán los invitados! Ya tenemos todo listo para su fiesta menos el bendito aparato. Pobre papá, hasta ha mandado traer vino de Ica y cerveza de Lima para celebrar a lo grande su 60 cumpleaños y no tenemos lo principal, ¡la vitrola!
– ¿Y él sabe que nos quedamos sin música?
–Cállate, creo que está llegado.
El dueño del santo llegó con una sonrisa de oreja a oreja y preguntó…
– ¿Y por qué esas caras, quién se ha muerto?
– ¡La vitrola!
– ¿Qué? ¡La vitrola otra vez! Este aparato me tiene podrido. Su reparación me resulta más cara que mantener a dos amantes.
–Ya no reniegues amor, me han dicho que hay un técnico muy bueno, recién llegado de Cusco, que ha renunciado a la Casa Ríckets.
– ¡Ni pensarlo! lo conozco. Ese es un sastre, no sabe ni donde está parado. No ha renunciado, lo han despedido, que es otra cosa. Y por malo.
–Pero no está demás probar. Ya no te amargues. Tengo miedo que te suba la presión.
Al cabo de un buen rato…
–Disculpe, ¿Está el maestro Candia?
–Sí señor, Eustaquio Candia, a sus órdenes.
–Le traigo esta vitrola. No sé qué diablos le pasa. Le falla la velocidad. Y a veces se para a mitad del disco.
–Déjemela para revisarla.
– ¿No la podría chequearla ahora mismo? La necesitamos para este sábado.
–Imposible, jefecito, los repuestos tardan por lo menos una semana porque hay que pedirlos a Lima, y con tanto huayco en esta temporada de lluvias, es difícil que lleguen. Además, cada día están más escasos.
–Pero, si ni siquiera ha visto la falla.
–No es necesario que la desarme para saber de qué pie cojea. El que sabe, sabe. Es un engranaje de la manivela. Y, si usted quiere para el viernes, podemos hacerle una hechiza pero le va a costar más.
– ¿Y cuánto más?
–En total, unos trescientos, incluida la mano de obra.
– ¡Oiga, si la vitrola me ha costado 400 soles!
–Jefecito, no se altere, si quiere lo deja o…Bueno, tratándose de usted le haré un descuento de cincuenta solcitos, que es lo que gano. Ya lo recuperaré en otra reparación. La cosa es conquistarlo como cliente. Pero tiene que dejarme el cincuenta por ciento adelantado.
–Aquí tiene. Pero le advierto, la quiero reparada para el viernes. Recuerde: ¡El viernes, antes del medio día!
Hasta que llegó el esperado día….
–Papá, no olvides que hoy es viernes. Tienes que ir a recoger la vitrola. No te acompaño porque yo iré a prestarme unos discos de mi amiga Aurora.
–Me revienta volver donde ese sastre que dice ser técnico, pero iré.
–¡Y maestro? ¿Cómo ha quedado el aparato?
–Como nuevo jefe. Ya está funcionando bien.
Con una cara de satisfacción el dueño del santo llegó a la casa acompañado del ayudante del técnico que cargaba la famosa vitrola.
–Hijita, felizmente que ya repararon el aparato. Lo dejé en la sala.
–Mami, mami la vitrola ya está reparada.
–Gracias a Dios. Ahora sí tu padre festejará su cumpleaños como Dios manda.
–Vamos a probarla.
– ¿Qué? ¡No puede ser! Sigue igual. Tu padre tenía razón ese técnico es un farsante. Voy a denunciarlo a la policía.
–Qué vergüenza, ¿Qué haremos sin vitrola? Ni le digas a mi papá porque le dará una pataleta. Llama a tu hermano, a lo mejor consiga prestarse la vitrola de su amigo.
El hermano visiblemente mortificado las increpó…
– ¿Por qué diablos no me consultaron? Ese técnico se ha burlado de mi padre. Iré a tirarle el aparato por la cabeza.
–Hijo, ya no hagas más problemas. He visto un anuncio en una tienda ofreciendo unos aparatos mucho más modernos. Lo llaman tocadiscos. Dicen que se puede programar varios discos seguidos y te olvidas de estar cambiándolos a cada rato. Los discos también los venden allí, creo que los llaman Long Play, LP de 33 rpm y no sé qué diablos más. Si no alcanza el dinero, compramos los discos chiquitos, de dos canciones, los de 45 revoluciones. Seguramente le habrán puesto este nombre en recuerdo de la revolución aprista del 45.
– ¿Fue el 45?
–Eso qué importa. Estamos hablando del aparato. Con tal que suene bien, en buena hora.
–Pero, ¿Con qué plata lo compramos?
–Al crédito. Después ya le contamos a tu Papá. Le dará una pataleta, pero luego se alegrará. Apuren, estamos contra el reloj.
El día de la fiesta cuando todos los invitados estaban en la sala y las copas con los tragos iban llenas y regresaban vacías, de pronto la dueña de casa tocó su vaso con uno de sus anillos de oro, pidió silencio y…
–Queridos amigos, gracias por haber venido. Les pido que me acompañen a brindar por el cumpleaños de mi querido esposo…
Luego invitó al feliz marido a bailar el vals de aniversario.
–Vieja, Parece que quedó bien el aparato. Suena mejor. Y yo que casi me trompeo con el técnico. Mañana mismo iré a pedirle disculpas por el mal trato.
–Tú no sabes lo que pasó, amor. La vitrola quedó peor con la reparación. Para no pasar una vergüenza hemos tenido que comprar un aparato más moderno. Lo llaman “picap” pero se escribe pickup, no sé por qué diablos le han puesto ese nombre tan difícil de pronunciar. Lo sacamos al crédito y a tu nombre.
– ¿Y cuánto costó?
–Mil doscientos soles.
− ¡Quéee!
–No pierdas el paso y no grites para que los invitados no se den cuenta… Con los intereses a dos años costará un poquito más.
– ¡No puede ser. Ay, mi pecho, me duele el pecho!
–Debe ser un resfrío. El clima está feo. Trata de disimular para no aguarles la fiesta a los invitados porque están felices. Recuéstate un ratito. Ya se te pasará.
–Ma…Y dónde está mi pa. Todos están preguntando por él.
–Se fue a descansar un ratito. Voy a despertarlo porque ya pasó más de media hora…Dios mío ¡Por favor, llamen al médico!
Rato después, luego de examinarlo, el médico movió la cabeza y…
–Señora, ya nada se puede hacer. Pero, ¿cómo no han podido darse cuenta que su marido estaba sufriendo un infarto?
–Yo no soy médico, ¿cómo hubiera sospechado que estaba mal del corazón?
–Señora, hay tres formas de reconocer un infarto: Si el paciente tiene dificultad para levantar los brazos, para sonreír o para repetir una frase muy simple, es que está en peligro. Ahora ya es muy tarde. Solo me queda darle mi sentido pésame.
Y así también llegó a su fin la vida de la vitrola, el genial aparato presentado por Thomas Alva Edison a la Sociedad de Fonógrafos en 1876, siendo reemplazado por el tocadiscos, la radiola, el tocacassette el equipo de sonido, el CD, el MP3, el USB y lo que vendrá en el futuro.

Anuncios

2 comentarios to “La muerte de la Vitrola”

  1. Marco Peña Aguirre Says:

    Muy interesante, artístico y muy ilustrativo. hay que segur trabajando en esto, es parte de nuestra cultura misma

  2. Marco Peña Aguirre Says:

    Seria un gusto compartir información respecto los gramófonos o vitrolas, estoy escribiendo un blog sobre estos temas, la influencia de las vitrolas y otros varios aspecto del tema en el Sur del Perú. Mi dirección: marcome_3@hotmail.com y el enlace del blog es: https://gramofonosdemarcopenacusco.wordpress.com/2015/07/12/la-influencia-de-los-gramofonos-en-cusco/

    Lo que escribes aquí esta muy relacionado a lo que yo trabajo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: