Lee y terminarás escribiendo

Hasta la segunda mitad del siglo pasado, en la mayoría de provincias del Perú, particularmente en Abancay, ciudad donde nací, la gente se informaba a través de la onda corta de la radio y eso, si la estática lo permitía porque no siempre había buen tiempo.

Y los diarios no parecían diarios porque llegaban con retraso debido a la interrupción de las carreteras, sobre todo en la época de lluvias.

¡Qué curioso! cuando llegaban, los lectores compraban hasta las ediciones pasadas, y los leían en orden cronológico.

Un día le pregunté a mi padre por qué leían los periódicos pasados si estos, al igual que los panes, al día siguiente ya nadie los quiere. Me explicó que algunas publicaciones, como La Prensa de Lima, hacían un seguimiento de los casos más sonados como los de Tatán, el monstruo de Armendáriz o el asesinato del magnate Banchero Rossi y los lectores no querían perderse ni un solo detalle de estas historias.

En Abancay, medio siglo atrás, no todos podían comprar un diario, menos una revista. Algunos los leían en las peluquerías y en los consultorios médicos donde estas publicaciones pasaban sus últimos días, antes de morir afectadas por la palidez del tiempo o por el desgarro de sus hojas que muchos las utilizaban para envolver cosas, limpiar vidrios y lo peor, algunas terminaban sus vidas en el tacho de un inodoro. Claro, aquellas que contenían fotos interesantes eran guardadas y hasta enmarcadas para ser colgadas en una pared.

A muchos de estos lectores les importaba un bledo que las revistas fueran nuevas o viejas porque lo único que querían era leer, unos para ilustrarse y, otros, solo para matar el tiempo y no morirse de aburrimiento en los consultorios o en las peluquerías.

En ese tiempo, en Abancay no había muchas publicaciones, tampoco peluquerías. Bastaban los dedos de una mano para contarlas. Por eso, apenas llegaban, se agotaban en un abrir y cerrar de ojos. Por esta razón, a los fígaros tampoco les faltaba clientela.

Las peluquerías, al igual que la mayoría de tiendas, no estaban ubicadas unas al lado de otras o lo que es peor, unas encima de otras, como ocurre hoy, guardaban distancia y eran conocidas por los apellidos de sus propietarios: Bocángel, Ocampo, Danz, Rivero y no sé qué otros apellidos más.

Igualmente, eran muy pocos los consultorios dentales. El más conocido y el más visitado era el del Dr. Juan Hercilla, donde generalmente se atendían aquellos pacientes que le tenían terror al hospital porque, según decían, la anestesia que allí se aplicaba no era muy buena y a veces el efecto desaparecía a mitad de la extracción. Y como este ilustre sacamuelas también se desempeñaba como profesor del colegio Miguel Grau, la gente le tenía más confianza y respeto. Era tan solicitado que, estoy seguro, con tanto comento que utilizo en sus curaciones se pudo pavimentar todas las calles de la ciudad.

La escasez de dentistas se alivió con la llegada de los doctores Máximo Salazar Castro, Rubén Carrión Soria, Augusto Miranda y Hugo León, jóvenes profesionales que no solamente eran muy cotizados por los pacientes sino también por las chicas casamenteras.

Era todo un espectáculo ver a los pacientes disfrutando de la lectura en estos consultorios. ¡Qué concentración! Parecían hipnotizados por las letras o, para ser más objetivos, por las fotos de las chicas en bikini que se publicaban a toda página. La cosa es que no le quitaban de vista ni siquiera cuando mojaban su dedo índice en la punta de la lengua para voltearlas.

Algunos miopes se acercaban tanto que raspaban las páginas con sus narices. A mí me daba la impresión que se acercaban para darle un beso disimulado a la figura de la modelo de Glostora o a la chica de Nivea.

¡Y cómo las devoraban! como si fueran apetitosas sopas de letras.

No les importaba que pasen las horas, tampoco que algún tiovivo se les adelantara en el turno. Al contrario, se ponían felices porque así tenían más tiempo para leer.

La mayoría de estas revistas provenía del extranjero, algunas de Lima y muy pocas de Cusco. En ese tiempo, en Abancay ya no circulaba La Patria, el histórico diario fundado por el periodista Guillermo Viladegut Ferrufino, tampoco el periódico Apurímac, la primera publicación del departamento, fundada por Eduardo S. Arenas con recursos que salieron de los bolsillos del hacendado Cirilo Trelles.

Más que un diario, “Apurímac” era un panfleto que se editaba con fines electorales por las aspiraciones políticas de su patrocinador. Sea como sea, esta experiencia sirvió para que Abancay diera su primer gran salto editorial y, además, se convirtiera en una novedosa fuente laboral para los amantes del periodismo y las artes gráficas.

En este periódico se iniciaron como directores Gustavo Manrique y Guillermo Viladegut y como cajista Antonio Pinto, un joven muy empeñoso que tenía una habilidad asombrosa para el armado de textos.

Años después, con la experiencia ganada en este medio, el profesor Guillermo Viladegut funda La Patria, convirtiéndose en una verdadera escuela de periodistas. Y es con la circulación de este medio que se empieza a oír en las calles el pregón de los canillitas.

–La Patria…La Patria… A solo diez centavos. La Patria… La Patria.

Algunos, para vender más, le añadían los titulares.

– ¡Murió Evita Perón! ¡Murió la esposa del presidente argentino!
La Patria. La Patria… A solo diez centavos…La Patria, La Patria.

– ¡Eligen Miss Perú a una apurimeña! Ada Gabriela Bueno representará al Perú en el concurso Miss Universo… ¡La Patria. La Patria…Compre La Patria!

Los canillitas eran los primeros en dar las buenas y malas noticias y a la vez eran los receptores de los buenos y malos comentarios. Es así que apenas percibieron que la gente se interesaba más por las noticias locales, no dudaron en hacérselo conocer al director. Y tenían toda la razón porque, para los lectores de esa pequeña comunidad, era más noticia el robo de un banco de madera de la plaza de Armas que un millón de dólares del banco de Boston.

Y naturalmente que el Papi Vila, como se le llamaba al director del diario, resolvió de inmediato el pedido de los lectores dándole más importancia a las noticias locales.

– ¡Capturan al asesino Dongo! Compre La Patria…La Patria…La Patria.

– ¡Alumno de la promoción del Colegio Miguel Grau muere víctima de la moscarina!…¡Compre La Patria!

Y como todos querían leer La Patria, sus ventas subieron como espuma en un vaso de cerveza. En general la demanda de diarios y revistas creció considerablemente. Por esa razón llegaban con regularidad Billiken, Life en español, Variedades, La Familia y Monos y Monadas, esta última de humor político, dirigida por Leonidas Yerovi.

Muchos años después, cuando empecé a trabajar en el diario El Sol del Cusco, logré convencer al director Germán Alatrista para sacar una página diaria con el propósito de difundir las noticias del entonces Departamento de Apurímac, hoy Región. Esto hizo elevar la lectoría y por supuesto que también los ingresos económicos de la empresa.

El diario más reclamado era El Comercio de Lima, de propiedad de la familia Miró Quesada, no solo por ser el decano de la prensa nacional (1839) y el de mayor credibilidad, sino por su línea política de centro. También se leía mucho La Prensa, del magnate Pedro Beltrán, por la profundidad y extensión de sus noticias, narradas con acuciosidad. Este diario, a diferencia de El Comercio, tenía una línea política de derecha y en su plana de periodistas figuraban jóvenes entrenados en la llamada Escuelita, que veían comunistas hasta en la sopa.

El diario sensacionalista Ultima Hora, fundado en 1950 por Pedro Beltrán, tenía sus oficinas en el tercer piso del mismo local que ocupaba La Prensa, en la cuadra siete del Jirón de La Unión, pero no llegaba con regularidad a Abancay a pesar de su envidiable tirada de 250 mil ejemplares porque desaparecía en un abrir y cerrar de ojos de los quioscos capitalinos y no quedaba casi nada para provincias. Envidiable tirada que jamás se repitió por la demoledora competencia de la televisión.

Con buen ojo, Beltrán aceptó la sugerencia de darle al diario una línea farandulera y policial. Se caracterizaba por sus titulares en replana y su salida al medio día. Tenía tanta aceptación que algunos canillitas lo amarraban con otras publicaciones que no tenían mucha salida. En Abancay, se leía solo cuando lo llevaban los camioneros o los pasajeros de las empresas Morales Moralitos y Aymarino, o los viajeros que retornaban de Lima vía Cusco, en los bimotores de Faucett.

Los artífices de este diario fueron Efraín Ruiz caro y Raúl Villarán y sus figuras más destacadas Guido Monteverde, Justo Linares, Roberto Salinas, Augusto “Mantequilla” Salazar y su inseparable reportero gráfico Pedro “el cholo” Cruz, Luis Loli, Carlos Ney Barrionuevo, Guillermo Cortés Núñez “Cuatacho”, Julio Farlie, creador de “Sampietri” y Jorge Vega “Veguita”.

A partir de 1961, el país contó con un diario más: Expreso, de propiedad de Manuel Ulloa Elías. Era un tabloide de alto contenido político, aparentemente de línea liberal y progresista, pero muy recostado a la derecha. Su vástago el Diario Extra, se dedicaba más a la farándula, al deporte, la crónica policial y la noticia ligera.

Posteriormente aparece Correo, de gran aceptación especialmente entre la juventud, fundado por el magnate de la pesca Luis Banchero Rossi, a quien se le recuerda por haber sido el primero en lograr la descentralización de la prensa de circulación nacional, instalando rotativas en varias capitales del interior como Piura, Huancayo y Arequipa, a diferencia de los otros diarios que se editaban en Lima.

Banchero, fue asesinado en su mansión de Chaclacayo, la madrugada del 1 de enero de 1972 cuando se hallaba en sus aposentos, acompañado de su secretaria. Su jardinero lo ultimó fracturándole el cráneo con una estatuilla, por lo que fue condenado a prisión al igual que la secretaria. Ambos purgaron varios años de carcelería. De esta manera el director del diario pasó de editor a protagonista de la noticia, la misma que fue difundida, analizada y debatida con amplitud durante años en la mayoría de medios de comunicación, especialmente en el progrtama televisivo “Tealdo Pregunta” de gran sintonía, dirigido por Alfonso Tealdo, uno de los mejores entrevistadores peruanos que creo una escuela que muy pocos siguieron, entre ellos César Hildebrandt.

Algunos lectores, para no perderse ningún detalle de estos casos, preferían esperar la revista Caretas, porque tenía muy buenas fuentes de información y se caracterizaba por su estilo ágil, ameno y estar muy bien documentada. Y lo más importante, no perdía jamás el sentido del buen humor pero, lamentablemente, en esa época salía solo una vez al mes.

Quienes no podían comprar las revistas, las leían en los puestos de alquiler ubicados en los paraderos de los buses, en las puertas de los cines y en las afueras del mercado central de Abancay. Por solo diez centavos se podía leer también las pequeñas historietas del viejo oeste, las obras de Vargas Vila, la Biblia, libros de famosos autores y, por lo bajo, la revista Play Boy.

La cosa era leer. Porque el hombre que tiene este gran hábito es capaz de cualquier cosa con tal que no le falte este alimento del alma. El apetito de información y cultura es igual a la de sexo o de alimento. Por eso, prescindirla es casi imposible.

Leer es tan apasionante como amar a una mujer. Cuanto más la tenemos más queremos descubrir sus encantos y cuanto más repasamos sus páginas más cautivados quedamos.

En esos tiempos de crisis, ¡cuándo no!, todas las lecturas eran bienvenidas, hasta las revistas chinas que se vendían a centavos porque, al parecer, a sus editores no les importaba ganar dinero, ya que su interés era hacer conocer la revolución de Mao como una forma de penetración ideológica. Sin embargo, quienes no le daban importancia a este detalle, se entretenían viendo por lo menos las excelentes fotografías a color y de gran tamaño que contenían sus páginas las que, finalmente, terminaban como cuadros que se colgaban en las paredes de los hogares.

Las damas tenían sus propias lecturas. Acudían a la librería de Don Lino Ismodes para adquirir la revista Para Ti, de modas y novelas. Los caballeros preferían Selecciones, Life en español, Mecánica popular y claro, la revista peruana Caretas. Una gran mayoría de lectores las coleccionaban y hasta las mandaban empastar. No exagero si digo que muchos de los peruanos hicimos nuestras primeras prácticas de lectura repasando las páginas de la revista fundada por Doris Gibson y Francisco Igartua.

Doris provenía de una familia de literatos, su padre don Percy Gibson fue un gran poeta y sus tíos Juan y Carlos Parra del Riego, poeta y novelista, respectivamente. Igartua se caracterizaba por ser un periodista tenaz, inteligente y muy acucioso. Juntos hicieron de Caretas la mejor revista. Y eso que en un principio no tenían suficientes recursos económicos. Lo que sí tenían era mucho talento y amor al trabajo. Posteriormente, Enrique Zileri, hijo de Doris, es quien le da un gran impulso a la revista hasta convertirla en la mejor del país. Y ahora es su nieto quien maneja esta publicación.

En los puestos de alquiler, algunas ubicadas frente al mercado, otras al costado de la peluquería Ocampo, en Huanupata y en el paradero de carros del pisonay, en plena esquina formada por la Avenida Núñes, la calle Lima y la Av. Arenas, nunca faltaban los pequeños compendios de aventuras del viejo Oeste que se leían con avidez para luego comentarlos en las ruedas de amigos. Las jovencitas alquilaban las novelas de Corín Tellado para llevárselas a sus casas. Ellas sí podían hacerlo, previa promesa que le hacían al propietario del quiosco de devolverlas al día siguiente. En cambio los varones tenían que leer sentados en una banca de madera que se colocaba en la calle. Y si por mala suerte llovía, el propietario recogía los libros y anotaba la página dónde se habían quedado para que continúen con la lectura al día siguiente.

Ante la imposibilidad de comprar todas estas publicaciones, se puso de moda el canje de revistas, especialmente entre niños y adolescentes que pertenecían a hogares relativamente acomodados. Entre las historietas que más se canjeaba estaba Batman, la apasionante historia de un niño que, tras presenciar la muerte de sus padres, se convierte en el multimillonario Bruno Díaz. Un día decide disfrazarse de murciélago para ocultar su identidad tras un antifaz. Su atuendo incluía una capa oscura y una capucha con las orejas levantadas. En lugar de pantalones usaba una ajustada malla que le permitía una mayor elasticidad de su cuerpo para combatir el crimen organizado de Ciudad Gótica, una urbe atacada constantemente por temibles enemigos como Joker, un atroz personaje que usaba traje de arlequín. El Pingüino, un hombre bajo y obeso de nariz puntiaguda. Gatúbela, ladrona vestida con disfraz felino. El Espantapájaros, un científico renegado. Dos Caras, amigo de Bruce Wayner, con un desorden de personalidad múltiple y una mitad de su cara deformada. Luciérnaga, un huérfano piromaníatico. Amígdala, un gigante musculoso con un temperamento infantil. Máscara Negra, el ejecutivo de negocios que detestaba a Bruce Wayne. KGBestia, un agente de la KGB. Y otros despreciables persones del mal.

El creador de esta historieta, Bob Kane, decía: “Yo quería que el traje de Bruno Díaz produjera un miedo terrible entre los criminales. Imagínense ustedes si un hombre murciélago entrara en vuestro departamento, los aterrorizaría. Yo quería crear un disfraz tan asombroso que cualquier criminal quedara petrificado de tan solo verlo”.

Otro de los personajes preferidos por grandes y chicos fue El Zorro, creado por Johnston McCulley en 1919, como defensor de los oprimidos de California, por entonces colonia de España. Detrás de la máscara que usaba se ocultaba la identidad de Diego de la Vega, un rico hacendado. El Zorro Dejaba su marca haciendo una “Z” con su espada, después de derrotar a sus enemigos. La historieta se llevó al cine en 1920 con el nombre de “La marca del Zorro” protagonizada por Douglas Fairbanks.

El Llanero Solitario, personaje creado en 1938 por la dupla Frank Striker Y Charles Flanders, representaba a un héroe del viejo Oeste dado por muerto por los bandidos que atacaron su pelotón. El indio que lo salvó de la muerte en pleno desierto, llamado Tonto, se convierte en su inseparable compañero de aventuras. Al igual que los anteriores personajes, Kemo Sabay decide ocultar su verdadera identidad detrás de un antifaz para combatir a los bandidos. Usaba balas de plata, que tenían la peculiaridad de herir, más no de matar. Cada vez que concluía una hazaña tiraba de las riendas de Plata, su caballo blanco, para obligarlo a pararse en dos patas y levantando sus pistolas gritaba a los cuatro vientos ¡Hey you Silver! En la serie cinematográfica el Llanero Solitario fue encarnado por Clayton Moore.

Tarzán, el hombre mono, rey de la selva, es otro personaje creado en 1913 por Edgar Rice Burroughs. Vivía con Jane y un hijo adoptivo hallado entre los restos de un avión siniestrado, a quien lo llamaban simplemente como Boy. Vivían con su mascota Chita, una mona traviesa y juguetona. Como medio de transporte, Tarzán utilizaba un gran elefante y otras veces un feroz león, al que lo amaestró después de haberlo derrotarlo en una lucha cuerpo a cuerpo.

En l938 apareció Superman, el hombre de acero que llegó a la Tierra desde Kripton, cuando apenas era un bebé, enviado por sus padres Jor-El y Lara, para evitar su muerte ante la inminente destrucción de su planeta. Y por efecto de un fenómeno estelar, cuando la cápsula en que viajaba ingresa al sistema solar, adquiere súper poderes. El personaje creado por Jerry Siegel y José Shuster, destruyó todos los moldes de los primeros cómic.

El hombre de acero sobrevolaba vigilante la ciudad de Metrópolis con ceñido traje azul y capa roja y mantenía su identidad en secreto convirtiéndose en Clark Kent, un tímido reportero del Diario Planeta, donde tenía como compañera a Luisa Lane, que no lo dejaba en paz porque siempre estaba metida en apuros y tenía que salvarla a como de lugar. Poseía una vista de rayos X, pero tenía debilidad a la kriptonita. Otro de sus compañeros en el diario es Jaime Olsen.

En 1940 causa sensación en los EEUU la transmisión por radio de esta historieta logrando un enorme éxito. En 1941, los creadores de Superman convocan a los actores que hacían las voces de Luisa Lane, Clark Kent y Superman para hacer los dibujos animados para la televisión, logrando otro notable éxito. En 1948, se hace la primera serie de 15 capítulos para televisión, con Kirk Alyn como Superman, Noel Neill como Luisa Lane y Tommy Bond como Jaime Olsen.

En 1952 el hombre de acero fue llevado al cine. En 1978 Steeve Reeve protagoniza “Superman, la película” con un sorprendente éxito, donde la novedad fue la actuación de Marlon Brando en el papel de Jor−El, y Gene Hackman como Lex Luthor. La filmación se caracterizó por un despliegue técnico y efectos especiales sin precedentes. En 1980 Vuelve Reeve con Superman II. Margot Kidder como Luisa y Hackman como Luthor. En 1983 se hace Superman III, con los mismos protagonistas estelares. En 1987 filman “Superman IV” y el 2006 llega a la pantalla “El retorno de Superman” con Brandon Routh y Kate Bosworth.

Y así, podríamos llenar páginas y páginas escribiendo sobre los personajes de estas historietas que nos hicieron vivir momentos de grandes emociones en nuestra niñez y adolescencia como Roy Rogers, La Pequeña Lulú, Mandrake, El Gato Félix, Hopalong Cassidy, Durango Kid, Robyn Hood, Daniel Boone, el Gato Garabato y otros inolvidables personajes.

A veces, era muy difícil recuperar las revistas que se canjeaban, no porque los eslabones se rompían, sino porque la cadena se hacía cada vez más larga y su retorno era más lento. Felizmente que en esa época no se tomaba en cuenta aquello de “El que presta un libro es un tonto y el que lo devuelve es más tonto”.

Mi padre disfrutaba escuchándome leer en voz alta. Me hacía leer desde El Tesoro de la Juventud, de fácil lectura y excelente contenido, hasta el Quijote de La Mancha, escrito en un lenguaje capcioso y antiguo…”En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…”

Si me equivocaba me hacía repetir una y otra vez. ¡Qué fregado! Sin embargo, hoy se lo agradezco porque, gracias a él, mi lectura, pienso que es correcta.

–Si cometes un error, se honesto en reconocerlo y corregirlo. De esa manera los que te oyen te entenderán mejor y tú también entenderás mejor lo que lees – Me decía.

Y, como seguramente ustedes ya se habrán dado cuenta, siempre me gustó leer y, claro,ahora también me encanta escribir. Por eso les puedo asegurar que, de tanto leer, uno termina escribiendo. Con esa experiencia me permito recomendarles a los niños y a los jóvenes de mi país que nunca dejen de leer porque, así como el pan es el alimento del cuerpo, la lectura es el alimento del alma. Y cuando escriban no lo hagan pensando en ser famosos, ni ganar dinero, háganlo simplemente por el placer de escribir porque los escritos son como los vinos, los nuevos muy poco los aprecian, tienen que dormir un tiempo para que se valore su exquisitez.

4 comentarios to “Lee y terminarás escribiendo”

  1. escenarionoticias.com Says:

    Herberth, leo con mucha atención excelentes artículos, espero que des tu anuencia para poder reproducirlos en la revista ESCENARIONOTICIAS, la misma que se edita en ABANCAY y aspira ser una publicación macroregional. Puedes ubicarla en la web como escenarionoticias.com

    • herberthcastroinfantas Says:

      Gracias por la invitación de publicar mis artículos. Haré un seguimiento de tu revista para conocerla y luego me comunicaré contigo a través de tu correo electrónico para darte mi autorización. Un abrazo.

  2. escenarionoticias.com Says:

    ES UN ARTICULO EXCELENTE MUCHA ENSEÑANZA Y UNA LECTURA AGIL

  3. lolachauca@hotmail.com Says:

    que hermoso es recordar!!!!!!! gracias!!!!!!

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