Salvemos el Puente Pachachaca

En mi último viaje a Abancay, luego de algunos años de ausencia involuntaria, me indignó ver cómo se está destruyendo el puente Pachachaca, uno de los monumentos arquitectónicos más emblemáticos de la Región Apurímac, sin que ninguna autoridad haya dado hasta ahora muestras de preocupación.

Algo tenemos que hacer para evitar su destrucción. Frente a la decidia gubernamental no cabe otra cosa que instar a las organizaciones civiles y a la misma población, que guarda inmensos recuerdos de esta joya de cal y piedra, para que se organicen y luchen por aquello que es suyo. Nos parece una magnífica idea de Juan Valer Carpio formar un patronato integrado por personas que realmente quieren a su tierra y están dispuestas a conservar este hermoso legado de nuestros antepasados.

En los colegios y escuelas se debería organizar una cruzada para visitarlo permanentemente y sean los estudiantes quienes salgan periodicamente a las calles con carteles y pancartas a fin de sensibilizar a las autoridades y población en general para que se interesen por la puesta en valor de este hermoso puente que fue construido por encargo del virrey Conde de Salvatierra, en el Siglo XVI.

Y si las autoridades apurimeñas no escuchan el clamor de la ciudadanía, no quedaría otra cosa que interponer una queja a los organismos nacionales como el Ministerio de Cultura y supranacionales, como la Unesco.

No debemos olvidar que esta reliquia de calicanto fue construida por las maravillosas y generosas manos de los primeros pobladores asentados en  Abancay, Tamburco, Challhuaní, Cotarma, Casinchiwa, Circa y Huancarama. El puente es único en su género, cuya edificación costó muchas vidas, por el ataque del paludismo y la malaria.

Sería bueno realizar una gran cruzada para que se le preste más atención y evitar que se se desmorone a vista y paciencia de todos.

Es cierto que hay mucho por hacer, desde el mejoramiento de la carretera que está abandonada, hasta la habilitación de miradores, playas de estacionamiento, cafeterías y lugares de descanso, pero habría que priorizar las obras. Cualquier esfuerzo que se haga para poner en valor este monumento histórico será bien visto frente a otras obras que se hacen y no sirven para la maldita cosa. Se tira la plata en obras intrascendentes y se deja las importantes. Y la recuperación del puente Pachachacha no solo es importante, sino vital para la vida misma de los moradores que pueden salir de la pobreza por efecto del incremento del turismo. Esto no es exageración, si se sabe administrar y promocionar turismo, este hermoso puente tendido sobre el río Pachachaca y a solo 15 kilómetros de la ciudad de Abancay, puede generar mucho dinero.

Un poco de historia. El puente Pachachaca fue construido en la época de la colonia para el paso de las acémilas de los arrieros que llevaban oro y otros minerales de gran valor a la costa, entre ellos Túpac Amaru II.

Precisamente que en uno de esos viajes, el Cacique de Tungasuca y Surimana (Cusco), conoció a la adolescente abanquina Micaela Bastidas, de quien se enamoró y contrajo matrimonio.

Con la construcción de la carretera a Andahuaylas, el puente se convirtió en paso obligado de los primeros vehículos motorizados, en un principio livianos y luego camiones. De milagro que no se desplomó. Y, no obstante que ahora está prohibido el paso de vehículos, son muchos los choferes irresponsables que por evitar los controles y por no darse una vuelta por el puente de Sahuinto, utilizan esta vía, sin que haya un solo policía que impida este abuso.

El nombre del puente proviene del río Pachachaca que nace en las lagunas ubicadas en el cerro Chucchurana en la lejana provincia de Aymaraes. Desde su construcción fue una rica fuente de inspiración de poetas, compositores y escritores como José María Arguedas.

Es un paradisíaco lugar donde los enamorados van a jurarse amor eterno. Los solteros y solteras lo visitan para arrojar al río papeles arrugados con el nombre de la pareja que quieren conquistar y sus deseos viajen a través de esas turbulentas aguas para perderse finalmente en la inmensidad del mar Atlántico.

Este puente, construido de cal y piedra, se caracteriza por su arte de rica cantería y amplia calzada. Aquí se inició la primera guerra civil entre los conquistadores, donde las fuerzas de Francisco Pizarro al mando de Alfonso de Alvarado y las de Diego de Almagro dirigidas por Rodrigo Ordóñez sostuvieron una feroz batalla, conocida por algunos como la “Batalla del puente de Abancay”, el 12 de julio de 1537.

Salió vencedor Almagro, ayudado por Pedro de Lerma, que se pasó a su bando en plena batalla, y por Paullu Inka.

Vele la pena recordar que, a principios de 1537, Francisco Pizarro se hallaba en Lima, donde acababa de repeler el ataque de las tropas incas de Quizu Yupanqui. Al estar cortadas las comunicaciones con el interior, Pizarro ignoraba la orden de abir el cerco de la ciudad del Cusco por Manco Inca y también de la llegada de Diego de Almagro, luego de su fracasada expedición a Chile.

Pizarro, creyendo que aún continuaba el cerco de las fuerzas incas en Cusco, envió a Alonso de Alvarado con 500 soldados españoles, con la misión de pacificar toda la región y apoyar a los españoles que aún se defendían.

El enviado de Pizarro, Alonso de Alvarado, avanzó hacia la sierra por Huarochirí, llegando a Jauja donde permaneció algunos meses.

Entretanto, en la noche del 8 de abril 1537, Diego de Almagro ocupaba el Cusco y apresaba a los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro, reclamando sus derechos de propiedad sobre la capital inca.

Ignorando lo que ocurría en Cusco, Alvarado salió de Jauja con su ejército y continuó su marcha hacia la ciudad imperial, llegando a las cercanías de Abancay, que en esa época pertenecía a Cusco. Instaló su campamento cerca al puente Pachachaca y envió una avanzada al mando de Pedro de Lerma, su lugarteniente, para que averiguara sobre lo que estaba ocurriendo en Cusco. Por intermedio de un fugitivo español se enteró de la ocupación del Cusco por Almagro y de la prisión de Hernando y Gonzalo Pizarro. Esto causó gran consternación entre la gente de Alvarado; la mayoría pidió volver a la costa, pues temían a los almagristas. Pero Alvarado se negó.

Por su parte, Almagro, ya en poder de Cusco, intentó negociar con Alonso de Alvarado y envió a Diego de Alvarado y Gómez de Alvarado, parientes de Alonso, a Abancay, para advertirle que no avanzara más en territorio de su gobernación. Le pidió, además, que se le uniera en su disputa con Pizarro.

Alonso de Alvarado rechazó de manera tajante el ofrecimiento. Apresó incluso a los mensajeros, sin embargo de ser sus parientes y le respondió que no negociaría nada con Almagro hasta no recibir expresa orden del Francisco Pizarro, su superior y el único a quien debía lealtad.

Alvarado, confiaba en el poderío de sus tropas, pues eran en número similar a las de Almagro, pero ignoraba que en el seno de su ejército ya se había gestado algunas traiciones. Pedro de Lerma, su lugarteniente, se puso en tratos secretos con los almagristas, a quienes ofreció pasarse con 50 soldados bajo su mando. Se cree que lo hizo en venganza porque Francisco Pizarro había preferido elegir como jefe de la expedición a Alvarado y no a él.

No satisfecho con la negativa de Alvarado, Almagro quiso seguir negociando con él, pues no quería desatar la guerra con los hombres de Pizarro, pero presionado por sus propios solados, salió del Cusco con 500 efectivos y se dirigió a Abancay al encuentro de Alonso de Alvarado.

Al llegar a las cercanías del puente Pachachaca, una avanzada del ejército de Almagro, comandada por Francisco de Chávez, sorprendió y apresó a Peralvarez y a un grupo de soldados de Alvarado que se hallaban distraídos en las inmediaciones.

Entretanto, en su campamento Alvarado enterado de la traición de Pedro de Lerma, ordenó su captura. Pero, ya era tarde, Lerma logró escapar y unirse a los almagristas, junto con otros soldados. Esta deserción fue decisiva para el resultado de la batalla. Lerma le puso al tanto a Almagro de los puntos débiles de las huestes de Alvarado y la manera más fácil de atacarlo.

Alvarado puso un contingente de sus tropas delante del puente Pachachaca bajo el mando de Gómez de Tordoya y en un vado cercano colocó a Juan Pérez de Guevara y más arriba a Sebastián Garcilaso de la Vega, con sus respectivas tropas, mientras que él quedó con un cuerpo de reserva, para acudir en auxilio en el momento necesario.

Por su parte, Rodrigo de Orgóñez, lugarteniente de Almagro, planeó sorprender a las fuerzas de Alvarado con el valiosísimo apoyo de 10,000 soldados incas comandados por Paullu Inca. En la madrugada del 12 de julio de 1537, Orgóñez atravesó con su caballería el vado principal del río. La corriente era muy rápida y algunos de sus hombres murieron ahogados. Él mismo recibió una pedrada en la boca al saltar a la orilla opuesta, pero no se desanimó. Alentando a los suyos, arrolló con furia a la gente de Juan Pérez de Guevara que defendía ese lugar.

Luego, los partidarios de Lerma se unieron a los almagristas, consumándose la traición, entonces los hombres de Alvarado no pudiendo distinguir a los amigos de los adversarios, produciéndose una confusión total.

Alertado de aquel ataque, Alvarado se apresuró a ir en auxilio de los suyos. Los almagristas aprovecharon la ocasión para asaltar el puente que defendía Gómez de Tordoya, cuyos soldados se dispersaron sin oponer resistencia . Enseguida, Almagro cayó sobre la retaguardia de Alvarado, quedando éste acorralado.

Aunque Alvarado trató de alentar a los suyos, fue en vano pues unos huyeron y otros se rindieron; él mismo intentó huir, pero fue alcanzado y apresado. Orgóñez quiso decapitarlo pero Almagro se opuso. Alvarado permaneció prisionero en el Cusco; poco después se fugaría.

De acuerdo a la versión histórica que he recopilado, se dice que el encuentro fue breve. Los vencedores festejaron ruidosamente el triunfo con pocas bajas, entre tres o cuatro de ambos lados. Todos murieron ahogados en el cruce del río. Y, rara vez en los anales de la historia militar, se vio un triunfo donde un ejército toma prisionero a otro de similar número.

Cabe mencionar, asimismo, que Paullu Inca envió 10.000 indios auxiliares para que apoyaran a Almagro en todas las formas posibles salvo la lucha directa, cavando trincheras, construyendo doscientas balsas para ayudar a Orgóñez a cruzar el río y alocando a los pizarristas haciéndolos correr en dirección equivocada haciendo un gran ruido en la noche. Este caos en las filas pizarristas ayudó al rápido triunfo de los almagristas. Igualmente los seguidores de Paullo Inca enviaron al campamento de Alvarado mensajes para que sus soldados de procedencia indígena se cambiaran de bando.

 

Al final de la batalla, un buen número de jóvenes soldados españoles, de ambos bandos decidieron quedarse en Abancay, enamorados de su clima y las bondades de su suelo. Se afincaron en sus ricas tierras. Formaron sus hogares uniéndose a las muchachas abanquinas y procrearon hijos. Y, ellos, junto a otros migrantes de Italia, Arabia, Francia y otros países de los cinco continentes, hicieron de Abancay una ciudad de todas las razas, bella, habitable y acogedora. Por eso la importancia que tiene este puente.

Por eso, seríamos mezquinos y extremadamente ingratos si no hacemos algo por salvar el puente Pachachaca.

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