El regreso

Los zurdos tienen algunas habilidades que los favorecen por su buena coordinación de su brazo izquierdo con el ojo. En el fútbol, por ejemplo, son muy difíciles de marcar por su juego virtuoso e impredecible. Son también buenos en el arte, especialmente en la música, por su creatividad. Sin embargo, tienen algunas dificultades porque las cosas generalmente se fabrican sin tomarlos en cuenta. Por eso, cuando mi amigo Pepe Garay quiso aprender a tocar la guitarra, no le quedó otra cosa que agarrarla al revés porque nunca quiso invertir el orden de las cuerdas, como lo hace la mayoría de zurdos.

Según él mismo me lo contó, su primer contacto con este maravilloso instrumento fue cuando asistió por primera ver a los ensayos de la estudiantina del colegio Miguel Grau de Abancay.

Y, luego, cuando Hernán Villagarcía llega a Abancay procedente de Lima integrando el elenco artístico musical de un circo y decide quedarse, enamorado de su clima y de Luz, su esposa de toda la vida, tiene la oportunidad de escuchar a mi amigo y no duda en invitarlo para que lo acompañe.

De esa manera, Pepe perfecciona su toque y Hernán encuentra un excelente acompañante para su solitaria guitarra. Vale la pena aclarar que Pepe no era un desconocido, ya había hecho su primera presentación en una actuación pública como vocalista cantando “Las Quimeras”, vals popularizado por Luis Abanto Morales, por lo que sus amigos lo bautizamos como el “Abantito abanquino”.

Cuando aún éramos adolesentes, de vez en cuando nos reuníamos para disfrutar de largas y divertidas noches de bohemia que generalmente terminaban bajo el balcón de alguna quinceañera que nos quitaba el sueño, a quien le dábamos una romántica serenata a la luz de la luna. Hasta que un día se nos entró la locura de formar un trío, al que le pusimos el nombre de “Los Rubíes”. Como segunda guitarra y tercera voz fue invitado Raúl Córdova, quien estuvo con nosotros solo por un tiempo porque su padre, un respetable jefe de la Caja de Depósitos y Consignaciones de Abancay, fue trasladado a otra jurisdicción, y Raúl tuvo que irse con él. Es cuando Pepe tiene el acierto de convocar a Percy Flores para cumplir con nuestra primera presentación en una actuación en el hotel de Turistas donde cantamos algunos valses popularizados por Los Chamas y boleros de Los Panchos, adoptando el nombre de “Los Thinos” .

A los pocos meses Percy y yo, tuvimos que apartamos también por motivo de viaje. Y es cuando Pepe se ve obligado a llamar a Dante Carpio para formar un dúo, que no duró mucho. El dúo que sí duró, y por un buen tiempo, fue el que formó con Edwin Montoya “El puquiano de oro” con quien retomó el nombre de Los Rubíes para poder cumplir con una serie de presentaciones en Lima.

Pero, como la especialidad de Pepe siempre fue formar tríos, no se sentía muy cómodo cantando a dúo y llama al acordeonista Félix Bendezú y así nace el conjunto Los Heraldos. También fue integrante de Los Campesinos, con quienes graba el LP “Sombrerito Roto”.

A su retorno a Abancay, se une con Jorge “el viejo” Vargas y Oscar “Tiriza” Pinto y retoma el nombre de Los Thinos. Posteriormente Tiriza es reemplazado por Juan Morales en la primera voz para grabar el álbum “100 Años de Honor” que incluye conocidos temas, además de aquel que le da el nombre al LP, como Bello Jardín / Canto a mi tierra / Soy de Abancay, sí señor / y / Agüita de manantial /.

Sin embargo, su primera composición “Así es mi tierra”, en ritmo tropical, es el que más se canta y es considerado como el tema emblemático de los abanquinos…

Si vienes a mi Abancay,
en su encanto encontrarás
la dicha de un gran amor
los sueños de un trovador.

Su clima primaveral, el Ampay tan señorial
y su Mariño cantor, regalos del cielo son.

Asi es mi tierra, tierra de amor,
de la quebrada hasta el mirador.

Viva mi tierra, viva el amor,
con su paisaje cautivador.

Ven nena a mi abancay. Y al llegar encontrarás
arrogante un pisonay, saludándote estará.

Si vas al cañaveral, ¡cuidado! con tu mini falda,
los moscos te han de picar, recuerdos te han de dejar.

Así es mi tierra, tierra de amor
de la quebrada hasta el mirador.

Viva mi tierra, viva el amor,
con su paisaje cautivador.

En Lima, al terminar la senundaria, nos gustaba asistir a las presentaciones que se hacían en el auditorio de radio Victoria. Fue así que un día tuvimos la suerte de ver en vivo y en directo al conjunto Fiesta Criolla, integrado por Panchito Jiménez (Primera voz), Humberto Cervantes (2ª voz, 2ª guitarra), el mismo que popularizó la expresión ¡oiga! Oscar Avilés (Primera guitarra), Pedro Torres (Castañuelas) y Arístides Ramírez (Cajón) y nos quedamos realmente impresionados.

En esa época el auditorio de radio Victoria estaba ubicado en La Cabaña, que la empresa la ocupaba desde hacía mucho tiempo sin que ninguna autoridad edil se atreviera a sacarla por temor a ser atacada en el radioperiódico El Mundo, conducido por Juan Ramírez Lazo.

Mientras Pepe observaba pasmado el magistral toque de la primera guitarra del Perú, yo tenía puesta toda mi atención en la forma cómo se desempeñaba José Lázaro Tello en el micrófono quien, sin tener una buena vocalización, su estilo gustaba mucho a los oyentes. Recuerdo que saludaba diciendo ¡Qué tal! Era el locutor que más sabía y estaba identificado con la música criolla. Precisamente a través de su locución y las anécdotas que contaba me enteré que Panchito Jiménez, seudónimo de Francisco Jiménez Fernández, había debutado en radio Delcar de Chiclayo, su tierra natal, haciendo dúo con Antonio Medina. Fue en esa radio que lo escuchó por primera vez el propietario de Radio Huancayo y lo contrató para cantar una temporada en su emisora. A los pocos meses es convencido para formar el trío Los Trovadores del Perú, con Oswaldo Campos, como segunda voz y Oscar Avilés como primera guitarra y tercera voz.

Realmente daba gusto escuchar estos programas de radio, no solamente porque estaban a cargo de conductores muy enterados como Carlos Enrique Delgado, sino por su afán de ponerles apelativos y otorgarles títulos a los intérpretes, con los que generalmente se quedaban para siempre, tal como ocurrió con María de Jesús Vásquez, bautizada como “La reina y señora de la canción criolla”, Lucha Reyes como “La morena de oro del Perú”, Alicia Lizárraga “La cholita linda del Perú”, Esther Granados “La dama de la jarana”, Eloisa Angulo “ La soberana de la canción”, Nedda Huambachano “Voz y sentimiento peruano”, Edith Barr “La flor morena de la canción”, Lucía de la Cruz “La reina de los festivales”, Cecilia barraza “La pequeña gigante de la canción criolla”, Maritza Rodríguez “La princesita de la canción criolla”, Bartola “Orgullosa de ser Peruana”, Delia Vallejos “La novia del puerto”, Eva Ayllón “La Unica”, Las Limeñitas “Estrellas del criollismo”, Susana Baca “El alma del Perú Negro”, Tania Libertad “La voz de Latinoamérica”, Teresita Velásquez “La emperatríz de la canción criolla”, Cecilia Bracamonte “La protagonista de la canción criolla”, Carmencita Lara “La reina de la rockola”, Verónica “La voz angelical del Perú”y Mariela Valencia “El monumento de ébano”.

Otras figuras frecuentes en los programas criollos, cantando unas veces en persona y otras a través de sus discos, eran Graciela y Noemí Polo “Las limeñitas”. Noemí fue considerada en su tiempo como la mejor 2ª voz femenina del Perú, Cecilia Bracamonte, Alicia Maguiña y Victoria Santa Cruz, a cuya gestión se debe la celebración del Día de la Canción Criolla que se recuerda cada 31 de octubre. Del mismo modo, Cecilia Campos, Lucíla Campos, Delia Vallejos, Iraida Valdivia, Oscar Matallana, Arturo “zambo” Cavero, uno de los máximos exponentes de nuestra música criolla, declarado Patrimonio Artístico de América por la OEA y recordado por su peculiar voz alta y llena de sentimiento, cantando a dúo con Oscar Avilés los temas de Augusto Polo Campos.

Igualmente, Luis Abanto Morales, Irma y Oswaldo, el Carreta Jorge Pérez, María Obregón, Manuel Donayre, Martha y Pablo, Rafael Matallana, Leturia Velásquez, el cholo Berrocal,Roberto Tello, el carreta Jorge Pérez, Kike Bracamonte, Lucy Avilés, Pepe Vásquez, Juan Mosto

Entre los tríos, los más conocidos eran Los Morochucos, conformado por Oscar Avilés (1ª guitarra), Augusto Ego Aguirre (1ª voz) y Alejandro Cortéz (2ª guitarra y 2ª voz).

Los Kipus, integrado por Carmen Montoro (1ª voz), Paco Maceda (1ª guitarra) y Genaro Ganoza (2ª guitarra y 2ª voz), trío que se hizo famoso con Rosa té y Ansias. Fue la agrupación que más primeras voces tuvo en la historia artística del país, alrededor de 18, además de Carmen Montoro, Eva Ayllón, Pilar Valdivia, Zoraida Villanueva y Elizabeth Panchano.

Los Embajadores Criollos, otro de los tríos más populares y queridos y ¡qué trío! Sus integrantes Rómulo Varillas, Alejandro Rodríguez y Carlos Correa fueron calificados como los auténticos ídolos del pueblo.

Los Chamas, nombre que en la lengua nativa de Lamas significa “los indígenas”, era otro trío fuera de serie que se consagró en 1953 cantando / Arrullo / Anita / Espérame / Con locura / Amargura/ La flor de la canela / Copas Amargas / En un atardecer / Rumor de Manantiales / Cariño / Si tú me quisieras / y / Madre. (Estas cinco últimas composiciones le pertenecen a Manuel Acosta Ojeda). Aquí las maravillosas letras de la última…

Madre,
cuando recojas con tu frente mi beso,
todos los labios rojos
que en mi boca pecaron
huirán como sombras
cuando se hace la luz.
Madre,
esas arrugas se formaron pensando
dónde estará mi hijo
por qué no llegará
y por más que las bese
no las podré borrar
Madre,
tus manos tristes
como aves moribundas
déjalas que las bese…(Sigue)

Asimismo, destacaban Los Caciques, integrado por Oscar “Pajarito” Bromley, ex primera voz de Los Chamas, Rafael Amaranto (1ª guitarra) y Félix Cassaretto (2ª guitarra y 2ª voz). Y ni qué decir de Los Troveros Criollos.

Tampoco será fácil olvidar a Oswaldo Campos, calificado como la mejor 2ª voz del criollismo. Con Irma Céspedes formó el recordado dúo “Irma y Oswaldo”, con Javier Gonzáles y Miguel Paz “Los trovadores del Perú” y luego con Eddy Martínez hacen historia con la polka Perú Campeón con ocasión de la participación del seleccionado peruano en el Campeonato Mundial de Fútbol México−70. Los hermanos Dávalos (Víctor y José) y Los Romanceros Criollos (Julio−Guillermo y Lucas), Los Zañartu, Los Trovadores del Norte, Los Indios Aguarunas, La Limeñita y Ascoy, Los Violines de Lima, Los hermanos Govea, Los Mochicas, Filomeno Ormeño y Lucho de la Cuba, grandes entre los grandes.

Por más que intenté completar esta lista, confieso que no es nada fácil porque son tantos los cantantes y compositores, muchos ya fallecidos, que es muy difícil recordarlos a todos. Y si lográramos recordarlos, seguramente que no alcanzarían estas páginas para nombrarlos.

Son muchos porque la gente criolla siempre fue muy talentosa, sobre todo aquella que perteneció a las décadas de los cuarenta a los setenta, bella época en que se llenaron de gloria, tal como ocurrió con dos extraordinarios compositores nacionales: Chabuca Granda, nacida en Apurímac y Augusto Polo Campos, nacido en Puquio-Ayacucho, para mí los autores más sorprendentes después de Felipe Pinglo Alva, (El plebeyo / El huerto de mi amada / Oración del labriego / Espejo de mi vida), sin desmerecer el mérito de otros extraordinarios compositores que ya forman parte de la historia del criollismo como César Miró (Todos Vuelven), Lorenzo Humberto Sotomayor (Corazón), Pedro Espinel (Odiame / Campesina), Alberto Condemarín (Hermelinda), Pablo Casas (Anita / Olga), Manuel Cobarrubias (Tus pupilas), Adrián Flores Alván (Alma corazón y vida / Como una visión), Laureano Martínez Smart (Compañera mía) Alberto Oré Lara (Nunca Podrán), Serafina Quinteras (Muñeca rota), Manuel “chato” Rasgada (Acuarela criolla), Amparo Baluarte (Secreto), Hugo Almanza Durand (Huye de mí), José Escajadillo (Jamás impedirás / Somos amantes), Luis Abelardo Núñez (Engañada-Embrujo-Ansias), Mario Cavagnaro (Yo la quería patita), Alberto Haro (Hilda / Tiéndeme la mano), Emilio Peláez (Triste despedida), Juan Gonzalo Rose (Tu voz), Gilberto Plascencia (Tu culpa), Miguel Correa (Nunca me faltes), Rafael Otero (Odiame / Yolanda), Felipe Coronel Rueda (Estrellita del Sur), Manuel Acosta Ojeda (Madre / Si tú me quisieras), Pedro Pacheco (Mi última canción, tema que escribió a pedido de Lucha Reyes meses antes de su fallecimiento) y Félix Pasache (Nuestro secreto),

María Isabel Granda Larco, conocida más como Chabuca Granda, se encumbra no solamente como compositora sino también como intérprete de sus propias creaciones con la aparición de la televisión. Con su característico aplomo, elegancia y su voz peculiar sorprende a los televidentes con el magistral acompañamiento de Oscar Avilés y el señorial cajón de Caitro Soto, quienes le ponían ese ritmo de distinción que exigían sus canciones. De rato en rato, Caitro irrumpía con su voz ronca para darle el toque criollo y jaranero.

Chabuca se hizo inmortal con La Flor de la Canela / Fina Estampa / José Antonio / Zeñó Manué / y / El Dueño Ausente /, esta última composición dedicada a una muchacha apurimeña que llegó a Lima en busca de su pareja que había sido reclutado para servir en el Ejército. En esta canción describe el paisaje y costumbres de la tierra que la vió nacer, Cochasaywas-Progreso, Grau. “Allí nací, entre vetas de oro, amor y sacrificio… Soy, pues, hermana soberbia y orgullosa de los cóndores; nací tan alto que solía lavarme la cara con las estrellas”. Decía en sus declaraciones periodísticas.

Augusto Polo Campos se encumbra lanzando temas de profundo contenido nacionalista como / Contigo Perú / Hombre con H / Y se llama Perú /, aunque también le supo cantar al amor componiendo temas que llegaban al corazón, entre ellos Regresa y Cuando Llora mi Guitarra.

Otra compositora de peso es Alicia Maguiña, hija de un destacado juez que prestaba servicios en Ica y una distinguida dama que le gustaba cantar tangos y flamenco. Se cuenta que, a medida que Alicia iba creciendo, aumentaba su preferencia por escuchar los programas de radio en los que se difundían los temas criollos y, al mismo tiempo, sentía pasión por el sonido del piano, instrumento que sus vecinas, las hermanas Matienzo, tenían en su casa para dar clases a los amantes de la música culta, allá en Ica, la tierra del vino y el pisco, aunque ella nunca pudo matricularse, porque en su casa no había piano para que pueda practicar.

Cuando su padre fue trasladado a Lima, tampoco lograron comprar este instrumento que tanto le fascinaba, por lo que optó por matricularse en la academia de guitarra de Oscar Avilés, ubicado en la calle Boza, en pleno jirón de La Unión.

Estando en Ica, tuvo una cercanía con la música folclórica, porque en la época de la gran migración, de la sierra a la costa, sus padres habían tomado los servicios de una empleada que le encantaba cantar huaynos. Por esa influencia en 1963 compone “Indio”, una de sus más bellas canciones, así como uno que otro huayno. Recuerda que cuando le pidió permiso a su padre para hacer su primera grabación, se la dio con la condición que no cobre un solo centavo por su actuación.

En esta historia del criollismo, asimismo, ocupan un lugar especial tres generaciones de la familia Santa Cruz. Nicomedes, era un estudioso del folclor, admirado mundialmente por sus famosas décimas. Su hermana Victoria, reconocida compositora que dedicó toda su vida a impulsar el folclor afro peruano. Rafael es promotor del cajón peruano y Octavio es otro amante de lo nuestro.

Y bien, volviendo a lo mío, al terminar la Secundaria decidí postular a la universidad San Marcos con la intención de estudiar Medicina en San Fernando. Al principio las cosas me estaban saliendo a pedir de boca porque había logrado salvar los exámenes más difíciles y solo me quedaba la entrevista personal. Y quien llegaba hasta esta etapa ya podía considerarse cachimbo porque, se suponía, este examen era pan comido. Pero, lamentablemente, no fue así. Como en el fútbol, no solo había que ganar jugando bien y metiendo goles en la cancha sino también peleando en la mesa. Y aquí cualquier cosa podía pasar porque el jurado no sabía qué diablos hacer para eliminar a sesenta postulantes de un total de 120 que habíamos logrado llegar a los cuartos de final de esta competencia. No podía ingresar ni uno más, ni con calzador. Por esa razón, igual que Maradona, yo también necesitaba de la mano de Dios.

Pero, al parecer, Dios estaba ocupado salvando a otros más píos que yo, por eso cuando fui a averiguar los resultados no estaba mi nombre entre los agraciados con esta lotería. Y de esa manera me quedé sin poder ir a la fiesta del cachimbo.

Esto fue una catástrofe para toda mi familia. Todos se me fueron encima, desde mi madre hasta el último de mis tíos. Y todos coincidían en echarle la culpa de mi fracaso al rock.

–Seguramente se ha vuelto un hippie. Tienes que decirle que se vaya inmediatamente al Cusco para postular a la universidad San Antonio – Le aconsejaban a mi acongojada madre.

Tan fuerte fue la presión familiar, que no me quedó otra cosa que preparar mi regreso. Por supuesto que ninguno de mis amigos en Lima estaba de acuerdo…

–Estás loco, ¿Cómo vas ha dejar la capital, el verano, el mar, las chicas y el cebiche, para irte a vivir a más de tres mil metros sobre el nivel del mar?

–No me queda otra cosa-Les repondi a mis amigos.

–No podrás ni salir en las noches porque según dicen hace tanto frío que hasta los pelos se paran. Morirás en los andes, porque tú no eres un demonio como Cáceres. ¡Quédate en Lima!

– ¡No me tentarás Satanás! ¿No se han dado cuenta que mi suerte está echada? Si no viajo, quien se morirá de cólera es mi madre.

–Claro, cómo no va ha estar preocupada con todas las barbaridades que dicen en la radio y, más aún con la tragedia que pasó en el estadio Nacional el pasado 22 (mayo-64). ¡Trescientos muertos!. Y, todo por culpa de ese árbitro uruguayo, hijo de… ¡Qué bestia! Anularle ese gol a Perú nos ha costado la eliminación de las Olimpiadas de Tokio – Recordó uno de ellos.

–Yo, pienso que tu mamá quiere que te vayas por otra cosa. Porque “Nos preocupa…amables oyentes que Lima se esté convirtiendo en la capital de la delincuencia y la perversión. Nos preocupa – opinó otro de mis amigos, imitando a Ramírez Lazo uno de los más jodidos locutores de aquella época.

–Con razón, el Alcalde Luis Bedoya, prohibió las presentaciones de Dámaso Pérez Prado y su bailarina Daysi Guzmán”.

– ¿Y ahora qué vamos a bailar en lugar del dengue?

–El Tucán está loco. El otro día declaró por radio que “es una danza obscena y reñida con la moral y las buenas costumbres”. Lo que pasa es que como ahora está en coqueteos con la Democracia Cristiana, se ha vuelto un chupacirios.

–Otra metida de pata fue retirar los tranvías de Lima. Dicen que es por presión de los vendedores de buses. ¡Qué tal vaina! El pretexto es una deuda de 100 millones de soles que se le debe a la compañía eléctrica.

– ¡Que le hagan creer a su abuela!

Y como no podía ser de otra manera, mi despedida fue en el restaurante de Rosita Ríos, el mejor lugar que había en ese tiempo para saborear comida criolla. Y, además, ella me conocía porque mi abuela y mis tíos vivían en una casa que estaba ubicada frente a su local, en General Vidal, allá, bajo el puente.

La reunión fue con guitarras y cajón, piqueo criollo y cerveza. No hubo discursos ni aplausos pero sí algunos lagrimones que destilaban con disimulo de los ojos de mis amigos, sobre todo después de los primeros tragos y luego de cantar los temas / Copas Amargas / Desde que te fuiste / Cariño / y / Arrullo /, valses popularizados por Los Chamas, a quienes admirábamos…Copas Amargas, qué tal vals, mama mía! Esta es la letra…

Por qué no habrá venido, si sabe que la espero
si sabe que la quiero, por qué me hace esperar.
Algo habrá sucedido, y yo sin saber nada,
mi alma atormentada, no atina a meditar.

Esta vida no es vida, tanto tiempo esperando
tanto tiempo deseando, tenerla junto a mí,
se ahonda más la herida que emana con su ausencia,
me acosa la demencia por falta de su amor (Bis).

La gente que no sabe la tragedia que vivo,
dirá que estoy vencido cuando veaan que yo,
entre copas amargas ruedo junto al abismo,
reirán de mi pena sin saber que un dolor,
cual puñal traicionero hoy me quita la vida,
que ahora está perdida por causa de su amor (Bis).

Al escucharnos cantar este vals con tanto sentimiento Rosita Ríos preguntó:

– ¿Y por qué tanta tristeza? ¡Qué va! Ni que el mundo se va a acabar.

–Su vecino se nos va p’al Cusco y para no volver, doña Rosita. – Le respondió uno de mis amigos.

– ¡¿Qué?! No me hagan esa broma. Ya estoy vieja para esas cosas.

La reunión se prolongó casi hasta la media noche. Fue una cita de recuerdos, canciones, anécdotas y de promesas mil. No bebimos mucho pero sí cantamos hasta que nuestras gargantas enronquecieran.

Casi al final, uno de mis amigos se paró y los demás lo aplaudieron pensando que iba a discursar.

–Mozo, la cuenta por favor – Pidió.

–Al toque se las traigo. ¿Les puedo pedir un favor? Repitan por favor ese vals “Cariño”, lo cantan como dios manda. Por mi madre que lo hacen mejor que Los Chamas.

–Ja, ja, ja, anda nomás, que te vamos a dar el gusto.

Dios me ha libertado
del tiempo y del dolor
he pagado mis penas
con sangre y juventud.

Y ahora que estoy libre
para entregarme a tí
le he pedido permiso
y te hice esta canción…así…

Cariño…
yo quiero llevarte
a un lugar que solo conozca yo.

Cariño…
Allí no hay destino,
ni llega el castigo de la sociedad.

Cariño…
Allí soy el dueño,
es la única parte donde no manda Dios.

Cariño…
Allí no hay tristeza
ni miedo ni envidia,
ese lugar soy yo (Bis)

El mozo volvió con la cuenta y una botella más por su cuenta, y la puso sobre la mesa mientras tarareaba la canción que nos había solicitado. Al revisar el papel mis amigos se miraron sorprendidos y exclamaron:

– ¡No puede ser! Aquí hay una equivocación. Mozo esta cuenta debe ser de otra mesa. Nosotros no queremos quedar mal con Doña Rosita.

–No se preocupen muchachos, Doña Rosita no les está cobrando la comida, solo los tragos. Si quieren pueden darme el saldo como propina. Ah, a propósito, me encargó decirte – dirigiéndose a mí – que te desea suerte y que no te olvides de enviarle saludos.

Por ese gesto, al momento de retirarnos gritamos al unísono.

– ¡Gracias, Doña Rosita!

La dueña del local, que ya estaba en cama, no respondió, pero estoy seguro que al escucharnos sonrió y movió la cabeza diciendo— ¡Qué chicos para tan locos!

Mi retorno a Abancay fue aburrido porque el ómnibus de la empresa Morales Moralitos demoró una eternidad por la maldita costumbre que tenían los conductores de caletear de pueblo en pueblo para recoger pasajeros. Cuando llegué, tenía el cuerpo molido y un hambre como de prisionero de guerra. Luego de la montaña de tallarines con estofado de gallina,rocoto relleno y capchi de moraya que mi madre me sirvió con mucho amor me eché a dormir como una marmota. Al día siguiente, cuando desayunábamos, mi madre y yo nos pusimos a hablar detenidamente sobre mi futuro, por supuesto que luego de ponernos al día de todo aquello que no podíamos tratar por teléfono, por las limitaciones de tiempo y las elevadas tarifas del servicio. Fue cuando resolví quedarme unos días en Abancay para disfrutar del engreimiento materno, antes de continuar mi viaje al Cusco y postular a la San Antonio Abad.

Mi reencuentro con mis amigos en Abancay, igualmente, fue muy emotivo, especialmente con Ramiro Viladegut, con quien mantenía una gran amistad a pesar de la diferencia de edad que había entre nosotros. Luego de estrecharnos en un abrazo y gastarnos algunas bromas, fue al grano…

– ¿Y, cómo está Laly?

–No lo sé, porque lo nuestro ¡se acabó! “C´est fini” como dice Charles Aznavour.

–Y tú, ¿Cómo andas con Gladys?

–Igualmente – Y se puso a tararear un pedacitos del éxito de Leonardo Favio…

Ella, ella ya me olvidó
Yo, yo no puedo olvidarla

Ambos festejamos la ocurrencia. Esa era una demostración que no habíamos olvidado la costumbre de relacionar nuestra conversación con las letras de las canciones que escuchábamos por la radio.

Ramiro, era un muchacho excepcional, dinámico, optimista, leal a sus principios y a sus amigos. Como dirigente deportivo soñaba con llevar el fútbol local a niveles más competitivos. Pero no solamente le preocupaba el deporte sino también el futuro de la juventud, por entonces extremadamente politizada. Y, naturalmente, esto dificultaba la materialización de cualquier proyecto de desarrollo. Eran tres los grupos en disputa: el APRA, Acción Popular y el Partido Comunista, cuyos dirigentes se decían vela verde entre ellos.

Sin medios de comunicación que canalicen sus inquietudes, los jóvenes andaban desorientados. El diario La Patria había dejado de circular a pesar de los esfuerzos de su director Guillermo Viladegut, padre de Ramiro, para seguir en la brega. Y los nuevos proyectos editoriales que se habían puesto en marcha habían fracasado. El único medio que mal que bien se debatía entre la vida y la muerte era radio Municipal, de propiedad del Concejo Provincial, por tanto, al servicio del Alcalde de turno, quien la utilizaba para difundir sus éxitos inexistentes y proyectos que nunca se cumplían.

–Deberíamos sacar un periódico para evitar que nos sigan contando cuentos. Le sugerí a Ramiro.

–El problema es la plata. No la tenemos.

–Debemos hablar con los amigos de tu padre, para que nos ayuden a adquirir una imprenta. Sería cuestión de plantearles el proyecto.

–Ojalá se cumplan tus deseos antes del Centenario de Apurímac. El problema es que te vas al Cusco.

–Al contrario. Recuerda que todo se resuelve allá por ser cabeza de región.

–Tienes razón, no pensé en ese detalle. Espero que te vaya bien.

A partir de ese momento, montamos una fluida información. Las campañas periodísticas que desarrollamos a través de la radio Tawantinsuyo y el diario El Sol tuvieron efectos inmediatos. Me propuse no publicar nada que no sea constructivo para que el centenario de Apurímac sea celebrado en un clima de armonía y con la inauguración de obras. En el diario logré convencer al director Germán Alatrista para que se incluya una página diaria que estuviera bajo mi responsabilidad, con la que se tendió un importante puente periodístico entre Abancay y Cusco.

Igualmente, a través del informativo de la radio, organicé una red de corresponsales ubicados en cada una de las provincias apurimeñas, lo que permitió estrechar más los lazos de fraternidad con el Cusco.

De esa manera la celebración del centenario de Apurímac fue grande, con un desfile nunca antes visto, no solo por la participación de miles y miles de pobladores y delegaciones de todas las provincias, sino también de autoridades de los departamentos vecinos y Ministros de Estado, el mismo que fue transmitido por radio Tawantinsuyo, en directo. En el local del concejo Provincial de Abancay se desarrolló una sesión solemne presidida por el alcalde Hugo León, donde por acuerdo municipal se me hizo entrtega de la Medalla de Plata de la ciudad. Por su puesto que al agradecerle dije que esa distinción la recibía en nombre de todos mis corresponsales y colaboradores, entre ellos Ramiro Viladegut.

Después de estas inolvidables fiestas, un día domingo, cuando me hallaba en mi casa, en Cusco, disfrutando de la compañía de Marithza, mi esposa y mi hijo de apenas unos meses de nacido, recibí una llamada de Ramiro, quien había llegado procedente de Lima. Lo invité a tomar el desayuno. Al final, cuando lo acompañaba para que tome su taxi al paradero de buses para que pueda viajar a Abancay, me dijo que estaba muy mal, que quizás no nos volveríamos a ver porque le habían detectado un mal irreparable.

–Amigo, parece que tengo los días contados – Me dijo.

Nunca sufrí tanto por un amigo. Se me hizo un nudo en la garganta y no sabía qué responderle porque no quería pasar de estúpido repitiendo esas frases tranquilizadporas que se dicen casi siempre a manera de consuelo por no quedarse callado o dándole un odioso consejo de la cura milagrosa, por salir del apuro. Preferí quedarme en silencio, sufrir y despedirme con un fuerte abrazo. Y mientras nos íbamos, cada uno por nuestro lado, se me humedecieron los ojos. Estoy seguro que a él también.

El día de su muerte, no hice otra cosa que escribir en el diario El Sol un homenaje póstumo, porque ni siquiera pude viajar a Abancay para asistir a su entierro, por razones de trabajo.

Una respuesta to “El regreso”

  1. josmill Says:

    Hola quisiera saber si pepe garay aun tiene presentaciones… Gracias.

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